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Medio adultos RCN / El otro lado

'Grandes chicos' apela a la fórmula de los niños como genios y el adulto jugando a chico humorista.

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Ómar Rincón, crítico de televisión.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

07 de agosto 2016 , 11:15 p.m.

El nombre es ‘Grandes chicos’, con Andrés López. El verdadero nombre debería ser chicos-adultos. Un programa ameno con la fórmula infalible de los niños como genios y el adulto jugando a chico humorista.

Fácil de ver, se disfruta y se sonríe, y una reflexión: ¿por qué los adultos ponen a los niños a vivir como adultos? Cuatro virtudes, un exceso, una pirotecnia y una pregunta.

El programa es divertido, por los niños. Los bajitos son infalibles e impecables: tienen virtudes, hacen maravillas y hablan como genios. Uno goza a esos niños que se toman en serio la vida. Ante cada respuesta y actuación, uno los admira, son unos genios.

El programa busca la ternura, la emoción y el humor… y lo logra. Uno ve a cada niño y no puede más que caer en su seducción. Son brillantes en lo que hacen, lo que piensan y lo que dicen. Uno como televidente goza de un espectáculo inteligente (de niños).

El humor como clave del relato es lo que está buscando el televidente, y en eso este programa logra las sonrisas. Se la pasa bien. La sonrisa sale fácil, la vida luce tierna y la dinámica de los testimonios es gozosa. El animador busca el humor y lo logra.

El exceso viene por López: siempre excedido en la búsqueda del chiste, demasiados gestos, abundancia de palabras en tono de sí mismo, profusión de protagonismo para su fórmula de efectos de ruidos y jeta divertida. Demasiado López, tanto que los niños lo miran con cara de “¿y este extraterrestre qué hace, cómo es posible tanto ridículo?”

La pirotecnia viene del director de cámaras, que las mueve y mueve y cambia de ángulo, todo con la intención de no dejar ver nada, de evitar el drama, de perder el relato. Si solo se quedara con los planos de los niños dejaría ver, entender y gozar. Exceso de planos vacíos y torpeza narrativa.

Y la pregunta: ¿qué tienen en la cabeza y en su ética los padres de estos niños que los ponen a jugar de adultos? De verdad, estos padres crean fenómenos que van a ser imposibles de adultos, juegan sus miedos y deseos de billete en sus hijos.

Preocupante el padre que se crea un director de orquesta, enervante el que pone a sus hijos a bailar salsa como adultos sexis… pero aberrante la madre que pone a su hijo a hacer de Diomedito.

Ese niño ¿podrá vivir con ese síndrome en su vida adolescente? Realmente patético ese numerito; a mí me divierte, pero qué pasa con su psicología, ¿qué se puede esperar de ese vivir adulto de un niño?

El programa es divertido por los niños, pero preocupan sus padres y el animador. El programa hace reír, pero la mueca estrambótica de López es enervante.

El programa es aberrante por la adultización de los niños. Pero, tal vez es un buen programa por estos defectos: los niños genios, López y sus chascarridos y sus padres abusadores-querendones.

Este programa, más que de ‘Grandes chicos’ consiste en chicos haciendo de adultos. Y eso molesta. Y eso promete: los niños son mejores que los adultos.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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