Cine y Tv

A Colombia le hace falta Jaime Garzón / El otro lado

Hace 17 años que no está. Lo mataron. Su pecado: pensar, tener criterio propio, hacer humor.

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Jaime Garzón y su personaje más famoso, Heriberto de la Calle.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

21 de agosto 2016 , 11:18 p.m.

El proceso político de Colombia es tan serio que le hace falta el humor. Cuando no hay humor triunfa la maldad. Si el humor desaparece gana el ‘bullying’ del terrorista.

Y cuando domina el matoneo del patrón del no, el fascismo del monseñor y la carroña mediática es cuando uno extraña el humor de Jaime Garzón.

17 años hace que no está. Lo mataron. Su obra: la Constitución de 1991. Su pecado: pensar, tener criterio propio, hacer humor. Su ingenuidad: no creer que los matones de derecha y religión se quedan sin argumentos ante el humor y matan.

Jaime Garzón era un feo con gracia, una inteligencia con ironía, un crítico de los poderes y la solemnidad. Su ausencia y su humor han permitido que el patrón del mal domine a medios, periodistas y opinión pública.

Cuando más necesitábamos su humor, no está. Y es que el humor es la única posibilidad de desnudar autoritarismos, sectarismos y aberraciones.

Garzón no hacía chistes, era humor. Él creaba personajes para desde la ironía pensar, criticar y politizar. Dioselina Tibaná o la verdad del adentro popular. Néstor Elí o ese vigilante de morales y verdades comunes que llevamos dentro. Heriberto de la Calle o la crítica risueña del ciudadano común.

Inti de la Hoz o ese retrato fiel de la banalidad de las niñas ricas de la tele. John Lenin o ese anuncio del Petro que habita la desidia colombiana: caotizar para gobernar, mamertear como sinónimo de pensar.

Godofredo Cínico Caspa o el anuncio fascista de ese colombiano bueno llamado Uribe. El Que Mando Central que nos predijo la máquina oficial de matar y desaparecer que se llamó ‘falsos positivos’.

Garzón fue un luchador de la paz cuando no se vislumbraba que estuviese en nuestro destino. “Yo creo en la vida, creo en los demás, creo en un país en paz, creo que lo que pasa es que estamos en malas manos, creo que esto tiene salvación”, decía. Y por creer, lo mataron.

Si viviera, haría humor y se reiría de la maldad de los del ‘No’. Y los haría sentir como caricaturas de su moral. Y nos haría querer el ‘Sí’ con humor.

Ante la falta de Garzón y su inteligencia, quedamos en el chiste de los humoristas de radio: el de la risa homofóbica, racista, clasista o el matoneo solemne del patrón del no.

Pregunta: la noticia es que Twitter cierra 235.000 cuentas por promover el terrorismo. ¿Cerraría @AlvaroUribeVel?

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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