Cine y Tv

Nacimientos y renacimientos / Séptimo arte

El guionista francés Martin Provost dirige a Catherine Deneuve y Catherine Frot en 'Dos mujeres'.

Película dos mujeres

Dos grandes figuras del cine francés, Catherine Deneuve (izq.) y Catherine Frot, protagonizan esta comedia dramática.

Foto:

Memento Films

07 de octubre 2017 , 11:38 p.m.

El director y guionista francés Martin Provost es especialista en retratos femeninos sólidos, como lo ha demostrado en filmes como ‘Séraphine’ (2008), ‘Où va la nuit’ (2011) o ‘Violette’ (2013), de ahí que 'Dos mujeres' (‘Sage femme’, 2017) se antojara provocativa, más cuando los dos papeles protagónicos fueron encomendados a Catherine Deneuve y Catherine Frot, cuya veteranía está por encima de casi toda prueba. Y digo “casi toda”, pues semejantes actrices pueden tropezar y caer si dan con un guion llenó de clichés, como el que Provost les propuso para este largometraje.

Es sabido que la originalidad en el cine no es algo sencillo, pero uno quisiera que de un realizador como este viniera un filme que propusiera algo diferente, no la repetición invariable de fórmulas ya probadas y de personajes con unas características demasiado encasilladas, rígidas y, lo peor, absolutamente predecibles. Esta es la historia de dos mujeres, Claire (Frot), una partera de mediana edad que tiene una vida espartana y cuya energía vital está en su trabajo, que la cinta nos muestra con pasmoso naturalismo. Ella va a reencontrar a una mujer del pasado de su padre, Beatrice (Deneuve), una hedonista extrovertida y manipuladora que ahora busca su ayuda.

Entre las dos se establece una complicada relación de rechazo, solidaridad, compasión y nostalgia que pudo haber sido el centro del relato, pues era la posibilidad de explorar cómo dos mujeres tan diferentes, pero con un pasado común doloroso, podían perdonarse y sanar heridas crónicas. Pero Martin Provost recurre al camino fácil: al del cambio existencial súbito provocado por el contacto con un espíritu libre. Este sendero, cientos de veces explorado por el cine –sobre todo por el de Hollywood–, supone una transformación personal que convierte, casi por encanto, al huraño o al tímido en el ser más expansivo, optimista y vital que uno pueda encontrar. Así pues, aquí a la mujer que tantos nacimientos ha acompañado le llega el turno de renacer.

Un problema adicional que ‘Dos mujeres’ afronta es la falta de contacto emocional de las protagonistas con el espectador. La actitud seca y antipática de Claire no encuentra eco ni reconocimiento fácil entre el público, y la posición despreocupada, facilista y abusiva de Beatrice tampoco halla muchos adeptos. Cuando no nos importan los personajes de una película, esta va rumbo al olvido, así los protagonistas se rediman al final. Lástima por Provost, ojalá esto solo sea un mal paso en su carrera.

JUAN CARLOS GONZÁLEZ A.
Especial para EL TIEMPO

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