Cine y Tv

Una absurda historia sobre venta de armas

Miles Teller y Jonah Hill interpretan a dos adictos que negocian armamento para el Pentágono.

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Jonah Hill (izq.) y Miles Teller, los protagonistas.

Foto:

Kiko Huesca / EFE

11 de septiembre 2016 , 02:23 a.m.

Cuando en el 2011 Todd Phillips leyó en un artículo de Guy Lawson en la revista ‘Rolling Stone’ sobre cómo un par de jóvenes de Miami aficionados a la marihuana se convirtieron en comerciantes de armas y terminaron con un contrato de 300 millones de dólares con el Pentágono, sintió que estaba leyendo ficción. “Definitivamente activó algo en mí, y cuanto más miramos el tema, y cuanto más lo desenredamos, más se convirtió en una película”, dijo el director en Nueva York.

Conocido por la atrevida y cómica trilogía de ‘¿Qué pasó ayer?’ (‘The Hangover’) y la cinta con Robert Downey Jr. ‘Todo un parto’ (‘Due Date’), un filme sobre el negocio de la guerra no parecía algo tan natural para el prolífico director.

Pero los absurdos de la historia real alcanzaban niveles tan cómicos, que compró los derechos y decidió llevarla a la pantalla grande con Jonah Hill (‘El lobo de Wall Street’) y Miles Teller (‘Divergente’) en los papeles principales. Se trata de Amigos de armas, como se tradujo del inglés War Dogs, que ya está en cartelera.

Hill interpreta a Efraim Diveroli y Teller a David Packouz, quienes durante la guerra en Irak descubrieron una disposición del Departamento de Defensa de Estados Unidos que abría las licitaciones de contratos militares a cualquier empresa. Era parte de un esfuerzo por calmar críticas sobre el sesgo del Gobierno hacia grandes conglomerados como Halliburton y Lockheed Martin.

Según el artículo de Lawson, el par de amigos llegó a ganar un contrato para proveer ametralladoras FN Herstal al Ejército de Colombia. Pero en lugar de entregar las armas del fabricante belga, logró entregar imitaciones coreanas, lo cual duplicó sus ganancias. La mayoría de los contratos conseguidos fueron tratados de forma similar, siempre ofreciendo productos de menor calidad o de dudosa procedencia, como millones de unidades de munición de fabricación china, que es el eje de la trama de la película.

Este tipo de detalles increíbles fue lo que llevó al periodista canadiense a ir más a fondo de un reporte del 2008 de ‘The New York Times’. “La guerra es un negocio que es gestionado pobremente, es caótico, no tiene sentido, y debo añadir que esas características persisten”, señaló Lawson.

La película, dice el reportero, es una forma entretenida de resaltar el problema. Lawson también escribió un libro sobre los comerciantes de armas y está trabajando en un documental.

Para Hill, Efraim es un personaje extravagante. “Es como una especie de camaleón, con la capacidad de encantar a la gente, pero que usted siempre tiene la sensación o la duda de si es o no genuino”, afirma Hill. Su interpretación está marcada por una risa aguda que pone los pelos de punta, algo que contrasta con la manera calmada y callada del actor.

“Cuando estábamos a punto de empezar a rodar, sentí que algo faltaba. Pensé en personas que había visto apenas un par de veces pero que recordaba, y eso se debía a que tenían unas risas muy distintivas”, asegura el actor y escritor. Para la preparación del personaje, Jonah Hill no habló con el Diveroli real, quien salió de la cárcel después de cumplir una condena de cuatro años por conspiración, sino que se basó en el trabajo periodístico realizado por Lawson.

Teller sí tuvo la oportunidad de hablar con David Packouz, quien actuó como una especie de asesor durante el rodaje. Incluso aparece en una de las escenas iniciales de la cinta en un hogar geriátrico. “David es alguien con quien muchos se identifican, porque a esa edad no sabe qué quiere hacer con su vida, se deja impresionar con facilidad, es muy vulnerable a la amistad con Efraim”, dijo Teller, quien rueda ‘Granite Mountain’, cinta sobre un cuerpo élite de bomberos.

Sentados en una ‘suite’ del hotel Mandarin, de Nueva York, el par de actores no se veían necesariamente cómodos el uno con el otro, lo que tal vez ayudó a la dinámica de sus personajes. Pese a tener actores reconocidos y con éxito probado en la taquilla, la historia no es del tipo que usualmente atrae a Hollywood.

“No es una historia que se estaban muriendo por hacer”, reconoció Phillips, el director, quien aprovechó lo que llamó la “buena voluntad” que aún tenía en Warner Bros., gracias a lo rentable que resultó la trilogía de ‘¿Qué pasó ayer?’ “Uno aprende que eso tiene fecha de vencimiento y si no la usa, la pierde”, anotó.

Igual, aseguró, el presupuesto no fue tan alto cuando se compara con películas que requieren efectos de imágenes computarizadas, incluso teniendo en cuenta que fue rodada en siete ciudades de tres países: Rumania, Marruecos y EE. UU.

“Es una ventaja, no solo para los actores sino para la audiencia”, dijo Teller acerca de las diferentes locaciones. “Además de aportar cierta estética, le da un ritmo en particular al hecho de que estos personajes son traficantes de armas que se mueven todo el tiempo”. Para Lawson, que durante la escritura del libro sí logró hablar con Diveroli, los personajes de la película son muy cercanos a la realidad, si bien muchos hechos no ocurrieron o algunas situaciones tuvieron que ser condensadas por efectos dramáticos.

“Lo que es indignante, comenta, es que lo que lograron estos jóvenes durante los años 90 no fue ninguna excepción a la regla, sino que era la regla”.

Jonah Hill, el actor que Phillips tenía en mente

Desde el principio, Phillips tenía en mente a Hill para el papel de Efraim, el cerebro de la operación y una especie de sociópata. “Para mí es uno de esos actores que vibran en la pantalla. Es uno de los pocos que pueden hacer los saltos que requiere el personaje, porque esta película tiene drama y humor. Sé cuán carismático puede ser en la pantalla”, dijo. Hill, sin embargo, rechazó el personaje al principio y solo cuando cambiaron las fechas del rodaje decidió unirse a la producción.

Una vez concretó la participación de Hill, Phillips sabía que necesitaba una contraparte, a través del cual el público vería la película. “Necesitábamos a alguien que fuera amable –dice Phillips–, que pareciera cálido, alguien que constantemente mueve la línea, o el código moral, de lo que considera está bien”. Teller fue el candidato perfecto.

CLAUDIA SANDOVAL GÓMEZ
Especial para EL TIEMPO
Nueva York.

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