Cine y Tv

Un documental sobre tesoros y tragedias bajo el río Amazonas

‘A river below’ revela las irregularidades de conservacionistas y la labor de Fernando Trujillo.

De tesoros y tragedias bajo  el río Amazonas

Fernando Trujillo durante el rodaje de ‘A river below’. El documental trata sobre la situación de los delfines en la cuenca del Amazonas y las amenazas que viven.

Foto:

Anni Jones

26 de mayo 2017 , 10:27 p.m.

Exterior noche. Primera escena. Sobre una canoa un pescador se desliza iluminando las aguas oscuras es busca de su presa. De repente lanza su arpón hacia algo que se mueve bajo el agua y que entre estertores de muerte se agita hasta la quietud entre una malla con la cual es alzado hasta el bote.

¿Está cazando un delfín? Se preguntan aterrados todos y cada uno de los espectadores de la película.

Sí, y antes de que sepamos por qué o para qué, la escena se corta para dar paso a una cámara aérea en exterior día que capta los meandros de un río y se sumerge de manera estrepitosa para introducirse al mundo acuático que será protagonista durante los 85 minutos siguientes.

Como un alivio al impacto de la primera escena, la cámara sube nuevamente al aire para apreciar a un hombre en traje de buzo, Fernando Trujillo, quien de manera silenciosa y en actitud casi de comunión con el ambiente, se ve rodeado por delfines rosados. En una escena que resulta conmovedora, ambos mamíferos, humano y delfines, interactúan con toques lentos que parecen caricias, reconociéndose mutuamente en una danza acuática que recuerda los movimientos del tai chi chuan.

Así comienza A river below, el más reciente documental del director Mark Grieco que en la ciudad de Nueva York, este abril de 2017, se estrenó en Tribeca Film Festival. Con la producción del australiano Torus Tammer y la cámara del colombiano Helkin René Díaz.

Los protagonistas son un colombiano y un brasilero. El primero: Fernando Trujillo, biólogo marino, Ph. D. en Zoología, uno de los especialistas en mamíferos acuáticos más reconocidos del mundo. El segundo: Richard Rasmussen, una estrella de la televisión –guerrero ambiental, presentador de un programa de NatGeo en la televisión de su país–. El leitmotiv del documental es la situación actual de los delfines de río en la cuenca del Amazonas y las amenazas que se ciernen sobre supervivencia.

Un hilo conductor que va tejiendo más historias; como las maneras de luchar por un propósito de conservación apelando a “el fin justifica los medios” o la lucha para que los entes gubernamentales atiendan evidencias científicas y le den prioridad a la salud pública y la de los ecosistemas que colapsan.

La trama en Brasil

Richard Rassmusen confiesa en A river below que él estuvo detrás de la consecución de las imágenes que presentó el programa Fantástico, de alta sintonía en su país, las cuales lograron presionar al Gobierno para declarar una moratoria de cinco años para la comercialización del pez Calophysus macropterus, de nombre común piracatinga en Brasil y mota en Colombia. Las imágenes, también mostradas por el documental, muestran la captura de una hembra de delfín rosado embarazada y cómo la destazan los pescadores, incluyendo a la cría que sale de su vientre; usando de carnada los pedazos de su cuerpo en el agua para dirigir los peces mota hacia un encierro donde son “cosechados”.

De tesoros y tragedias bajo el río Amazonas

Por más de 20 años, Trujillo ha investigado los mamíferos acuáticos de la cuenca amazónica. En especial, los delfines grises (‘Sotalia fluviatilis’) y los y rosados (‘Inia geoffrensis’).

Foto:

Anni Jones

Por supuesto, una imagen vale más que mil palabras o documentos y súplicas de científicos. De esta manera, Richard se convierte en el antihéroe que ejecuta el trabajo sucio haciendo exactamente lo mismo que aquellos a quienes condena, y que administra sus declaraciones frente a la cámara con su pose de diva televisiva, congelando sonrisa a cada selfi que se toma con los admiradores.

Pero algo es cierto, él tiene razón cuando dice que hablamos mucho y hacemos poco. Él invita a reflexionar cuando dice “haz que la gente lo piense. Para de hablar, haz algo”.

De una orilla a otra

En Brasil y Perú se han usado delfines de río como carnada para capturar este pez carroñero que frente al colapso por sobrepesca de los grandes peces (arawuanas, bagres, gamitanas o pirarucús) resulta lo que queda por pescarles a muchos ríos. Si bien en Colombia no hay datos de esta práctica, Leticia es un puerto de acopio y comercialización para la pesca que surten los países vecinos. Lo que llega allí se envía al interior de Colombia, especialmente a Bogotá.

La mota empezó a venderse hace años metida como gato por libre ante la escasez de bagres de río. Al ser un pez carroñero y estar de último en la cadena alimenticia, el nivel de mercurio bioacumulado en sus tejidos es muy alto. Estudios realizados por la Universidad de los Andes y, luego, por el Invima y el Instituto Sinchi lo han demostrado.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el metilmercurio (compuesto orgánico del mercurio) es tóxico para los sistemas nervioso e inmunitario, aparato digestivo, piel, pulmones, riñones y ojos. Su principal efecto es la alteración del desarrollo neurológico.

Por ello, la exposición a esta sustancia durante la etapa fetal puede afectar ulteriormente el pensamiento cognitivo, la memoria, la capacidad de concentración, el lenguaje y las aptitudes motoras y espacio-visuales finas de los infantes.

Todo un problema de salud pública que, al no evidenciarse de manera temprana, dilata las decisiones de las autoridades para hacerle frente porque no sienten afán ni presión de ningún grupo social, salvo de los comerciantes que quieren seguir vendiendo su producto sin importar que sea veneno empacado en forma de pescado.

Fernando Trujillo se ha ganado enemistades por denunciar este problema de salud pública. Algunas personas con intereses en esta pesquería, al ver que una posible moratoria también en Colombia podría afectar sus negocios, le hicieron llegar amenazas contra su integridad física.

“¿Qué mundo es este en el que nos da miedo decir la verdad?”, se pregunta el biólogo, para quien fue devastador saber que su vida corría peligro en una tierra que ama y por la que trabaja desde los 19 años, cuando aún era estudiante de biología y los delfines se convirtieron en su gran pasión.

El respeto que los sabedores del pueblo ticuna y el mundo mítico que aprendió de sus narraciones se quedaron con él para siempre desde el día que lo bautizaron Omacha, el delfín que se convirtió en hombre para cuidar de sus hermanos.

A river below ofrece una muestra del trabajo del doctor Trujillo, quien ha recorrido aproximadamente 35.000 kilómetros de ríos en Latinoamérica,
haciendo conteo y estimación poblacional de delfines de río (grises: Sotalia fluviatilis y rosados: Inia geoffrensis).

Sus expediciones han recogido información sobre diferentes amenazas que enfrentan delfines y una gran diversidad de especies animales y comunidades humanas en las cuencas del Amazonas y Orinoco.

Más que delfines

A river below muestra el absurdo de unas políticas desarticuladas que a pesar de saber que este pescado lleva mercurio en sus tejidos, en un programa de televisión, el Ministerio de Agricultura de Colombia enseña recetas para promocionar su consumo.
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Unas políticas que se hacen las de la vista gorda porque nadie se está desangrando, pero que sí protege los bolsillos de quienes se obstinan en negocios con costos externalizados que resultan graves para la salud de muchos, en vez de buscar y promover opciones productivas a través de actividades sostenibles.

El documental no aborda por qué es tan abundante el mercurio en las aguas de la Amazonia (a todas luces, no se pueden contar tantas tramas de algo tan complejo).

Si bien es una cuenca donde este elemento está presente de forma natural en agua y suelos, la quema de los bosques y la actividad ilegal de la minería han impactado las partes por millón en las aguas de los ecosistemas con su vertimiento continuo en búsqueda de oro. Esa es la razón por la cual comer mota resulta ahora tan peligroso.

Trujillo expresa su preocupación por las economías locales y las opciones que los 34 millones de habitantes que ahora viven en el Amazonas puedan tener sin esquilmar su tierra.

Llama la atención sobre lo que ha pasado con una pesquería que ha excedido la capacidad de oferta de los ríos y alerta sobre el manejo de este recurso que no será permanente sino se gestiona bien.

“La película no se trata de delfines; ellos son un daño colateral. Aquí hablamos de un problema de orden global. Destruimos el planeta detrás de economías temporales. El Amazonas ha estado expuesto a pulsos extractivos: caucho, quinina, pieles, maderas, coca y grandes bagres. No hay una política de planeación de aprovechamiento sostenible a largo plazo de los recursos del Amazonas. Acciones como la de Richard piensan que pueden cambiar todo de un día para otro, pero el entramado social y político es tan complejo que no es suficiente. Hay que abordarlo a otra escala”.

Detrás de cámaras

En ‘A river below’, uno vive momentos de ‘reality’, reflexivos, absurdos, hilarantes y sublimes.

La cinematografía pasa de lo panorámico a lo íntimo, y sus movimientos son pensados para escuchar y seguir las acciones y a las personas.

Fue filmado en 2,35:1, diseñado para salas de cine, en 4k y con luz natural reforzada apenas mediante rebotadores.


Más del 70 % del documental es rodado con cámara en mano.

“La fotografía no quiere ser solo bonita o decorativa, sino aportar y ser una cámara pendiente y atenta a la historia. Revelar qué pasa y cómo transmito la esencia detrás de la imagen”, dice Helkin René Díaz, director de fotografía.

En la realización de las imágenes subacuáticas, Díaz vivió momentos especiales.
Una vez, estando a 50 metros de una playa, entre las aguas oscuras del río Negro, sintió un poco de miedo al no ver nada. Empezó a llamar a los delfines con ruidos; de repente llegaron y se le metieron por el pecho, lo rodearon y lo empezaron a sacar del lugar. En una toma del documental se ve cómo un delfín comienza a nadar hacia adelante y lo voltea a mirar como diciendo: sígueme.

Torus Tammer, productor, comparte que lo más agradable para él fue el silencio del río y la selva. “También fue increíble conectar con las personas de una comunidad tan pequeña y atestiguar su vida cotidiana. Esa es una rara visión de la vida a la que no es fácil acceder”.

Lo más difícil para él como productor fue construir la relación entre el equipo de filmación y los lugareños, que no confían en extraños y se sintieron aprovechados por otro equipo de cine, el de Rasmussen, cuando grabó las imágenes de la captura y muerte de los delfines.

Mark Grieco, el director, explica: “¿Por qué no escuchamos a los científicos que nos advierten? Y como no escuchamos, ¿qué harán los activistas en última instancia para llamar nuestra atención? Entonces nos enfrentamos al dilema de quién está peleando en nuestro nombre y qué están dispuestos a hacer para promulgar el cambio necesario”.

MARÍA ISABEL HENAO
Especial para EL TIEMPO

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