Cine y Tv

Los héroes son villanos / El otro lado

En la ficción, los malos son mejores que los buenos, y nos fascinan porque hacen lo que no podemos.

Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

Foto:

Andrea Moreno / Archivo EL TIEMPO

04 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Los malos triunfan en la ficción (y en la realidad), los buenos gozamos viéndolos. Cuánto vende el odio, cuánto goza el bien.

En la ficción, los malos son mejores que los buenos, nos fascinan porque hacen lo que nosotros (los que nos creemos buenos) no podemos.

En las telenovelas, los villanos son más diversos, recursivos y sabrosos; en las series de moda solo se puede ser héroe si eres oscuro, perverso, despiadado.

En las narconovelas son cómicos Robin Hoods que buscan liberar a su pueblo y a su clase.

En los noticieros, los delincuentes, los corruptos, los cínicos y los políticos del odio y el ‘bullying’ ganan los titulares; en el reguetón son malévolos de calle y cama.

El nuevo héroe es casi un criminal o delincuente con estilo (perversos atractivos). En las series, el vicio, el crimen y lo ilegal constituyen la filosofía de lo ‘cool’.

Paradójicamente se combinan la práctica de lo políticamente incorrecto (machismo, racismo, clasismo, sexismo, odio al migrante) con la lucha contra lo puritano (liberarse vía drogas y goces corporales).

Las series son anti-TV porque pregonan un mundo sin familia, sin dios, sin tradición, sin moral. Y eso las hace maravillosas en este mundo de fes perversas y creyentes débiles.

Lo mejor de las series está en que le dan una patada al tablero moral y a las expectativas clásicas de disfrute. He ahí su seducción, por fin los malos triunfan.

Un entretenimiento cínico, amoral, desfachatado. La perversión con estilo. Relatos civilizados de esta sociedad donde la crítica contracultural se hace en el consumo.

Las series documentan la opinión pública de nuestra ‘coolture’: donde el yo está en efervescencia y el mundo conspira contra mi felicidad. Las series nos hacen bien.

En series, en narconovelas, en política, en reguetón… los machos seducen mientras las mujeres meten miedo. No hay nada peor que una villana, una heroína de serie, una narco o una política... hasta para la villanía excluimos: eres seductor y fascinante si eres macho, mientras si eres mujer serás aterradora.

Horrorizan por ser fría y bella la señora Underwood (‘House of Cards’), una ingenua y desubicada Piper Chapman (‘Orange is the New Black’), una obsesa Carrie Mathison (‘Homeland’). La mujer liberada mete miedo. Hasta para la villanía somos machistas.

¿Qué nos dice de NOSOTROS (los buenos que gozamos fascinados con estas perversiones)? Que las series nos vienen anunciando el presente (de Pablo a ‘Popeye’ y Uribe; de Frank Underwood a Trump y Peñalosa; de ‘Lie to Me’ a Moreno y el Fiscal).

Las series nos dicen que asistimos a una revancha de clase, una revolución del billete, una fascinación por el lado oscuro de la vida. Que a los héroes gringos se les llama nuevos ricos y en Colombia les diríamos narcos o traquetos.

Que la ética del capital es el revanchismo social, el billete mata cabeza, la ley se compra y el éxito se mide en consumos pop. Y por último, que el Estado no existe o está al servicio del delito.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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