Cine y Tv

Una buena pregunta / Séptimo arte

'Home-El país de la ilusión' es un documental de Josephine Landertinger sobre la vida de su madre.

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28 de agosto 2016 , 01:00 a.m.

“Yo siento que ella es de verdad una ciudadana del mundo”, me responde Josephine Landertinger, cuando le pregunto por la nacionalidad real de su mamá. Josephine es la directora de 'Home–El país de la ilusión' (2015), un documental que hizo sobre la vida de Lilia Forero, su madre, una economista colombiana que se fue del país al inicio de los años setenta para compartir su vida con un austriaco y no volver jamás a su tierra natal.

Lilia reside en la ciudad portuguesa de Porto, donde nacieron sus dos hijos. Es viuda, vive sola, no tiene pensión y para sostenerse debe cuidar a una anciana con déficit de memoria. ¿Qué tiene de llamativo la vida de Lilia? ¿Por qué su hija hizo un documental sobre ella? Las respuestas van apareciendo a medida que avanza un relato aparentemente sencillo sobre una existencia que parece convencional.

Acompañamos a Lilia a ejercitarse, cocinar, limpiar, hacer compras, ir a trabajar. Nada más. Lo importante es lo que nos cuenta y lo que hay detrás de lo narrado.

La voz en 'off' de Josephine le pregunta a Lilia sobre el país favorito en el que ha vivido. “Buena pregunta”, responde ella, que tras pensar un rato no dice nada más. Varias veces se la interroga sobre su nacionalidad, sobre si se considera colombiana o de otro país. Ella no ofrece respuestas. Tras salir de Colombia vivió en Argentina, en Malta, en Lesoto, en Austria, en Portugal… Es de todas partes y de ninguna parte. Con toda naturalidad habla con su hija en inglés, luego sin darse cuenta lo hace en español, en la calle se expresa en portugués, de vez en cuando utiliza alguna palabra en francés. Un transeúnte la supone alemana.

'Home' es acerca de la idea de patria, pero sobre todo de su ausencia. Es lo que ocurre cuando dejamos de pertenecer a un sitio y no logramos aún encajar en otro que tampoco creemos va ser nuestro lugar definitivo en el mundo. Lilia ha tenido una vida inusual y nómada que la dejó sin terruño, sin tener una identidad de nación.

Serrat cantaba que la patria era “un papel”, para Lilia es algo más complicado que eso. Quizá ya para efectos legales tenga una nacionalidad, pero para efectos emocionales sigue siendo una exiliada voluntaria llegando a puerto solo por darles un hogar a sus hijos, pero siendo habitante permanente de un barco rumbo al esquivo país de la ilusión.

JUAN CARLOS GONZÁLEZ A.
Para EL TIEMPO

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