Cine y Tv

Perdonar, perdonarse / Séptimo arte

‘Nuestra hermana pequeña’ del director japonés Hirokazu Koreeda, es una historia cotidiana e íntima.

Nuestra hermana pequeña

Escena de ‘Nuestra hermana pequeña’.

Foto:

Archivo particular

12 de marzo 2017 , 01:37 a.m.

‘Nuestra hermana pequeña’ (‘Umimachi Diary’, 2015), del director japonés Hirokazu Koreeda, es una historia cotidiana e íntima. Esa es su fuerza, no su debilidad.

El filme tiene la cadencia de un canto en voz baja, entonado al unísono por personas que se quieren, que se disfrutan. Las protagonistas son tres hermanas adultas que acogen en su hogar a una adolescente huérfana que es su hermana media, lo único que les dejó un padre que hace años se marchó con una mujer, fracturando para siempre su hogar original.

Ahora son cuatro para compartir vivencias, ilusiones, encuentros, alegrías, oportunidades, desamores, frustraciones... la vida, sin más sustantivos.

La sutileza de su aproximación dramática es consecuente con la herencia contemplativa del cine japonés, que este filme acoge respetuoso y orgulloso, esperando del espectador la misma paciencia y compromiso: no aguarden grandes sucesos, revelaciones inesperadas o giros argumentales sorpresivos.

Ya esas tormentas están en el pasado de todas ellas, y aquí lo que tenemos son las consecuencias de tales vendavales familiares, transformadas en jóvenes que se hicieron a sí mismas, quizá no perfectas, pero si integras, solidarias, capaces de amar. Son mujeres: eso hace la diferencia.

Sachi, Yoshino y Chika, ahora acompañadas por Suzu, comparten el antiguo caserón campestre de su abuela materna en la ciudad costera de Kamakura.

El relato fluctúa entre cada una de ellas, haciendo énfasis en Sachi, la mayor, y en Suzu, la adolescente recién llegada.

Cada una asume los retos de su edad: una trabaja como enfermera, la otra asiste a un nuevo colegio.

Tienen en común la soledad, el abandono, la ausencia de sus padres. Pero también se tienen la una a la otra, unidas por un lazo de sangre que es tan sólido como irreversible.

Saben que tienen asuntos pendientes consigo mismas, que necesitan perdonar y sanar por dentro para poder seguir existiendo. Pero no hay una catarsis explícita y demoledora, hay una protesta serena, una exclamación al viento que reclama justicia.

Hirokazu Koreeda adaptó el seriado manga ‘Umimachi Diary’, de Akimi Yoshida, publicado en siete partes entre el 2007 y el 2016, y lo convirtió en una película auténticamente suya, que habla de la familia y de su carencia, de lo que implica para los hijos crecer sin una guía.

En esta ocasión utilizó un ritmo lírico, sereno e idealizado: el tono de los que ya quieren paz, cansados de tanta batalla en silencio.

JUAN CARLOS GONZÁLEZ A.
Especial para EL TIEMPO

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