Cine y Tv

La mirada desviada / Séptimo arte

El realizador Gianfranco Rosi revela el drama de los inmigrantes en el documental ‘Fuego en el mar’.

‘Fuego en el mar’

El documental ‘Fuego en el mar’ estuvo nominado al Óscar este año y en el 2016 ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín.

Foto:

Cine Colombia

26 de marzo 2017 , 01:08 a.m.

El documental ‘Fuego en el mar’ (Fuocoammare, 2016) nos lleva a la isla italiana de Lampedusa, en el Mediterráneo. Estratégicamente, está situada entre África –a 113 kilómetros de Túnez– y Sicilia, separada de ella por 205 kilómetros. Vamos a conocer a algunos de sus habitantes. Solo son 5.500 las personas que ahí viven, dedicadas básicamente a la pesca.

Samuele es un niño que reside en la isla con su padre y su abuela. Está a punto de ser adolescente, pero por ahora se dedica a hacer caucheras y a afinar su puntería para cazar pájaros. También nos van a presentar al médico local, que bien hace ecografías obstétricas como autopsias; veremos también al locutor y ‘disc jockey’ de la emisora isleña, a un ama de casa, a un hombre que sale a bucear... la vida en Lampedusa es plácida, y diría uno que bastante aburrida. Samuele va donde el oftalmólogo y este le dice que su ojo izquierdo estrábico es “perezoso”, que tiene la mirada desviada. Buena metáfora: todos los habitantes de Lampedusa parecen tenerla. Ninguno logra ver el terrible drama humanitario que se vive a metros de ellos.

Lampedusa es un puerto de paso para los inmigrantes africanos que ilegalmente se echan al mar con la meta de llegar a Europa, la mayoría de las veces en botes muy precarios y en condiciones infrahumanas. Ese drama es el otro lado de ‘Fuego en el mar’. La cercanía que el realizador Gianfranco Rosi muestra para los impasibles habitantes de la isla está reemplazada por un respetuoso distanciamiento frente a la situación de los inmigrantes que naufragan cerca de sus costas.

Las misiones de vigilancia y rescate de la armada italiana nos las muestran como una actividad casi que secreta, a espaldas de los lampedusianos, que apenas si se enteran por las noticias radiales de lo que sucede. Es curiosa esta aproximación del documental, queriendo separar ambas realidades, que ocurren en un mismo lugar y en un mismo instante. En un momento dado, Samuele está aprendiendo a remar en un pequeño bote y choca sin querer con una enorme embarcación de vigilancia atracada al puerto. Es el único momento en que su vida infantil se cruza con la otra vivencia que caracteriza a Lampedusa.

Pero hay realidades inocultables, y Rosi se las arregla para impactarnos, para conmovernos. Lo que ocurre es demasiado grave como para que nosotros tampoco lo veamos.

JUAN CARLOS GONZÁLEZ A.
Especial para EL TIEMPO

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