Cine y Tv

En realidad virtual, llega a Washington drama de los inmigrantes

Alejandro González Iñárritu sigue impactando con ‘Carne y arena’, que recrea el paso de la frontera.

Carne y arena

Según Iñárritu, el proyecto tardó más de cuatro años en edificarse y comenzó con entrevistas a decenas de inmigrantes.

Foto:

Chachi Ramírez

10 de agosto 2018 , 10:48 p.m.

Deben ser como las 5 de la mañana pues las primeras luces del alba ya se asoman en horizonte. Estoy parado en algún punto del desierto de Sonora, plena frontera entre el estado de Arizona y México, y un suave y frío viento hacer mover un grupo de arbustos rastreros. 

A lo lejos un grupo de personas, al parecer ilegales, avanzan en mi dirección. Lo se por que se escucha al ‘coyote’ gritándoles que apuren el paso porque la migra puede estar cerca. Son quizá unos veinte y entre ellos hay niños y ancianos. Se detienen por un instante y en sus rostros es posible ver el cansancio de la larga travesía.

Lo que sigue es el caos. Un helicóptero aparece de la nada y comienzan a sobrevolar el grupo mientras tres camionetas de patrullas fronterizas rodean al grupo.
De los vehículos descienden más de 10 oficiales, armados hasta los dientes, que gritan instrucciones. La luz de los vehículos lo encandila todo y el polvo que levanta la aeronave dificulta la visibilidad. El ruido es ensordecedor.

En pánico, los indocumentados comienzan a correr. No se si alguno escapa pero en pocos minutos ya la mayoría están en el piso, con las manos en la cabeza, suplicando por sus vidas. Detrás de mí, escuchó como crecen los gritos de uno de los patrulleros. “De rodillas ya, de rodillas ya”, dicen sin cesar. Me doy la vuelta y está frente a mí, apuntando con su rifle.

Tal vez es solo una fracción de segundo, pero durante ella olvido que estoy en el sur este de Washington en una presentación del último proyecto del cineasta Alejandro González Iñárritu y me dejo caer. Suena un disparo, o eso creo, y todo se vuelve oscuro.

Luego escucho la voz de uno de los asistentes que me dice que la experiencia ha culminado y remueve con suavidad el set de gafas de realidad virtual que fueron diseñadas específicamente para 'Carne y arena', la obra de González Iñárritu, que en el 2017 recibió un Oscar de honor de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Si bien ha pasado más de un año desde entonces, la ‘experiencia’ –por que no hay otra manera de describirla–, acaba de llegar a la capital estadounidense y justo en momentos en que la polémica por la inmigración está más caldeada que nunca ante la política de cero tolerancia que viene aplicando la administración de Donald Trump.

'Carne y arena', en sí misma, es revolucionaria pues rompe con el paradigma del cine como un fenómeno colectivo y lo transforma en una experiencia individual muy profunda, que busca recrear con el mayor nivel de detalle posible lo que a diario padecen cientos de personas cuando intentan atravesar la frontera de manera ilegal.

Carne y arena

El cineasta, junto a uno de los participantes del proyecto, durante una sesión de captura de movimiento. 

Foto:

Chachi Ramírez

La función dura unos 6 minutos y medio. Comienza a solas, en un pequeño cuarto a prueba de sonido donde solo hay una banca de metal y hace un intenso frío, que se supone es muy similar a los centros de detención donde se lleva inicialmente a los capturados en la frontera. Un letrero indica que hay que quitarse los zapatos y esperar el sonido de una alarma antes pasar a un siguiente recinto. Este segundo espacio es una galpón vacío, de unos 250 metros cuadrados.

En el centro hay dos personas que tras una breve explicación, colocan las gafas virtuales y dan inicio a la experiencia. Pero quizá lo más impactante de la muestra es su tercera etapa, que sigue la experiencia extrasensorial del desierto en Arizona.

A lo largo de un corredor oscuro hay pantallas incrustadas en la pared donde aparecen los rostros de las mismas personas que supuestamente estaban en el desierto. Son primeros planos de sus caras que parecen hacer contacto visual mientras aparecen letreros donde van contando sus historias.

El proyecto, según Iñárritu, tardó más de cuatro años en edificarse y comenzó con entrevistas que le hizo a decenas de inmigrantes que habían atravesado por esa experiencia.

"Tuve el privilegio de reunirme con muchos centro americanos y mexicanos y sus historias me atormentaban. Así que los invité a que colaboraran conmigo. Experimenté con realidad virtual para explorar la condición humana en un esfuerzo por romper con la dictadura del cine -donde solo somos observadores- y reclamar un espacio donde el visitante puede ponerse en los zapatos del inmigrante, habitar su piel e ingresar en sus corazones", dice el director al explicar sus motivaciones.

Tuve el privilegio de reunirme con muchos centro americanos y mexicanos y sus historias me atormentaban

Con el apoyo Emmanuel Lubezki, amigo y fotógrafo de cabecera en muchos de sus proyectos cinematográficos, Iñárritu utilizó imágenes en tercera dimensión de los personajes sobre impuestas sobre fotografías del desierto de Sonora. Y a eso le sumó toda una serie de efectos especiales, como el viento y el piso de arena, para volver más real la experiencia.

La pieza del director mexicano se estrenó en Cannes en mayo del año pasado y se convirtió en el primer proyecto de realidad virtual que fue incluido en este prestigioso festival. Tras un breve paso por Milán, la obra se mudó a Los Ángeles donde permaneció seis meses. Desde mayo se encuentra en Washington gracias al apoyo del Emmerson Collective y donde permanecerá hasta octubre de este año.

Una de las dificultades de la obra, y por ende de este modelo personal de experiencia cinematográfica, es que no es rentable pues como máximo solo 60 personas pueden verlo en un solo día. El Collective, sin embargo, decidió subsidiar los costos y por lo tanto su ingreso es gratuito. Pero conseguir una boleta es casi imposible.

Es por eso que se han enfocado en llevar a congresistas, medios de comunicación y personas en círculos de poder para convencerlos de que tras los debates y las polémicas que vienen sacudiendo al país en torno a lo ilegales hay personas de carne y hueso que sufren lo inimaginable. O, como diría Iñárritu, de Carne y Arena.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO - Washington
@sergom68

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