Arte y Teatro

La Sagrada Familia entra en su recta final

Este ambicioso templo, el símbolo más universal de Barcelona, será terminado en menos de una década.

La Sagrada Familia

El interior del templo luce como un bosque. Una de las obsesiones de Gaudí fue elevar el techo lo máximo posible.

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Juan Pedro Chuet-Missé

10 de diciembre 2017 , 01:30 a.m.

Su creador, Antoni Gaudí, dijo que finalizar el templo de la Sagrada Familia tardaría tres siglos, un patrón de tiempo similar al de las grandes catedrales medievales. Hasta hace un par de décadas se consideraba que la obra era inacabable, y en 1987 los tiempos se habían rebajado a la mitad: harían falta 150 años para concluir el edificio más famoso de Barcelona.

Ahora, según los arquitectos de la Fundación Junta Constructora de la Sagrada Familia, encabezados por Jordi Faulí, el templo estará terminado en el 2026.

¿Cómo es posible que se hayan reducido tanto los tiempos? Jerónimo Buxareu, uno de los jefes de equipo de las obras, responde que hay dos claves: los avances tecnológicos en arquitectura y construcción y los ingresos económicos.

Como no pertenece a ninguna orden eclesiástica (como los jesuitas o dominicos), la única forma de obtener recursos era mediante donaciones. Muchas veces, el mismo Gaudí pidió contribuciones a los miembros de la alta burguesía barcelonesa. De hecho, su devoción (e insistencia) ponía algo incómoda a la clase alta catalana.

Eso cambió en los 60, cuando la Sagrada Familia comenzó a recibir visitantes. Hoy acuden a ella 4,5 millones de turistas anuales. Cada uno paga entre 15 y 29 euros (entre 50.000 y 98.000 pesos) solo por la entrada al templo, con la posibilidad de contratar servicios adicionales, como guías o la subida en ascensor a alguna de las torres, que ofrecen una vista espectacular de la ciudad. Con ingresos que pueden superar los 70 millones de euros al año, el presupuesto alcanza para concluir lo que falta. El desarrollo de las obras del templo se encuentra ya en el 70 por ciento.

Torres hacia el cielo

De las 12 torres dedicadas a los apóstoles, hay ocho terminadas: cuatro en la fachada del Nacimiento (con alturas de los 98 a los 107 metros) y otras cuatro en la fachada de la Pasión (de 107 a 112 metros). Falta construir las que acompañarán la futura fachada de la Gloria (que se elevarán entre 112 y 120 metros). Pero también quedan cuatro torres de 135 metros que simbolizarán a los evangelistas, una todavía más alta (138 metros) que representará a la Virgen y la gigantesca torre de Jesús, que llegará a los 172,5 metros. Ningún otro edificio de Barcelona será tan alto.

“Las torres que dibujó Gaudí se elevarán hacia el cielo y serán las construcciones en piedra tensada más grandes del mundo. El resultado será un extraordinario conjunto plástico, cambiante según el punto de vista y la hora del día”, dijo Faulí, el arquitecto director.

Las torres que dibujó Gaudí se elevarán hacia el cielo y serán las construcciones en piedra tensada más grandes del mundo

Jerónimo Buxareu está a cargo de la torre de Jesús. A casi 80 metros de altura, al lado de los pináculos de las torres concluidas, este joven arquitecto describe a EL TIEMPO cómo se levantan las torres centrales. “Es como armar un lego gigante”, compara. En las afueras de Barcelona se cortan y preparan grandes bloques de piedra de más de dos toneladas, con los que se va armando la estructura. Son módulos tensados, atravesados por tornillos gruesos y cuyo interior se recubre con hormigón. “Cada mes y medio subimos un nivel”, cuenta antes de precisar que este método de “ejecución seriada” permite “agilizar mucho el proceso”.

Pero las torres no son lo único pendiente. Detrás del ábside (la estructura detrás del altar) falta poco para concluir las sacristías, y del otro lado de la nave central hay que hacer la fachada de la Gloria.

Cuando se colocó la piedra fundamental, en 1882, el barrio del Eixample (Ensanche, en catalán) tenía grandes extensiones libres, con más huertos que casas y fábricas, que llegarían un par de décadas después. El proyecto de Francisco de Paula del Villar contemplaba un templo neogótico, pero cuando abandonó los trabajos y la iniciativa cayó en manos de Gaudí, este dio un giro copernicano y concibió un edificio monumental, con una estructura piramidal donde las torres se dirigen al cielo.

Una de tantas innovaciones técnicas que aplicó Gaudí es la presentación de tres fachadas de gran importancia. La del Nacimiento, de una estética barroca, representa alegría, regocijo. Las estatuas son realistas y representan diferentes episodios de la infancia de Jesús.

La de la Pasión, como simboliza el sufrimiento y la muerte, es lúgubre, con abundancia de ángulos rectos y superficies regladas, describe Buxareu. Allí, las esculturas de Josep María Subirachs muestran rostros duros y los cascos de los soldados romanos tienen las mismas formas que las chimeneas que Gaudí diseñó para la cercana Casa Milá (La Pedrera).

Subirachs fue criticado por el estilo de sus obras, pero Buxareu recuerda que la concepción fue del creador de la Sagrada Familia. “La fachada de la Pasión lleva un mensaje más complejo que la del Nacimiento. Aquí se observa la crueldad, la frialdad de la muerte y la destrucción, por eso recurre a formas angulosas y agresivas. El porche recuerda la caja torácica de un hombre crucificado”, describe.

Un bosque. Esa es la sensación visual que se obtiene dentro de la Sagrada Familia. El arquitecto catalán se inspiró en la naturaleza y experimentaba con maquetas el grado máximo de resistencia que podían tener las columnas para elevar el techo lo más posible. Gran parte de sus dibujos se perdió cuando, al inicio de la Guerra Civil Española, vándalos prendieron fuego a su taller. Una paciente labor permitió reconstruir varios modelos y seguir los trabajos con los parámetros de Gaudí. “Con el sistema constructivo se pueden acelerar los tiempos, pero lo que nos mueve es ser fieles a su legado”, afirma Buxareu.

En el crucero central, las columnas se dividen en ‘ramas’ que se inclinan ligeramente, para que haya más amplitud, y tanto en las paredes como en el techo se encuentran intersecciones de hiperboloides, la solución geométrica más adecuada para captar la mayor cantidad de luz.

A diferencia de las iglesias góticas o renacentistas, en la Sagrada Familia casi no hay figuras humanas: solo un Cristo crucificado en el altar central, estatuas de san José (Nacimiento) y la Virgen María (Pasión), y un medallón con el niño Jesús y sus padres detrás del altar. La idea de Gaudí era que la arquitectura y la luz aportaran el sentimiento de espiritualidad. Por ello, los vitrales no tienen figuras ni enseñanzas bíblicas, sino combinaciones de colores que juegan con la luz: los vidrios azules y verdes toman la de la mañana, al mediodía el sol da hacia vitrales blancos, para que la luz entre con fuerza en los estamentos superiores, y al caer la tarde se iluminan vitrales naranjas y rojos, como el ocaso.

Equilibrio religión-turismo

En el 2010, una vez se pudo cerrar la nave principal, al concluir las bóvedas del crucero y el ábside, el papa Benedicto XVI realizó la dedicación del templo como basílica, y desde ese entonces se pueden realizar celebraciones religiosas. Hay dos misas cada domingo.

Un punto de equilibrio que se busca, describe Buxareu, es lograr que un edificio visitado por millones no pierda su esencia religiosa. “Es complejo –admite–, porque a la Sagrada Familia la visitan por motivos religiosos, pero también porque atrae desde el punto de vista cultural, arquitectónico o simplemente porque es famosa”.

Quizás ninguna ciudad tenga una relación tan fuerte con un arquitecto como Barcelona con Gaudí. El creador de este templo ha dejado otras obras que son un imán para el turismo, como la citada La Pedrera, la Casa Battló, el Park Güell. Tampoco hay muchas ciudades que tengan una iglesia como su ícono de cabecera.

En pocos años, las ocho torres que los barceloneses adoptaron como parte del paisaje se verán reducidas por las agujas que se elevarán a sus costados. Buxareu lleva 12 años inmerso en este proyecto y cuando piensa en el futuro cae en cuenta de que está “viviendo un momento único” y de que “participar en la construcción de la Sagrada Familia es un orgullo”.

El problema de la Gloria

La fachada que falta, la de la Gloria, será la más importante del conjunto. Se ubicará en el extremo del crucero, y una serie de pináculos rodeados de nubes contendrá fragmentos del Credo, que irán ascendiendo entre las columnas. El problema al que se enfrentan los constructores es que Gaudí concibió una plataforma que cubre la calle como un puente y desciende en una larga escalinata. Cuando tuvo esta idea, la manzana de enfrente era un descampado, pero ahora hay allí un edificio de ocho plantas y los típicos comercios que rodean a la Sagrada Familia: tiendas de recuerdos y restaurantes. “Esta fachada es un problema complejo. Estamos en conversaciones con el Ayuntamiento de Barcelona para buscar una solución –dice el arquitecto Jerónimo Buxareu–. Para que la construcción esté acabada como se merece, tendríamos que realizar un puente sobre la calle Mallorca y que del otro extremo esté la escalinata que había diseñado Gaudí”.

JUAN PEDRO CHUET-MISSÉ
PARA EL TIEMPO
En Twitter: @juanchuet

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