Arte y Teatro

Terror y terrorismo, en la mira de Teatro Petra

Una mirada al proceso de creación de ‘Cuando estallan las paredes’, la nueva obra de Fabio Rubiano.

Cuando estallan las paredes

La puesta en escena es protagonizada por Jacques Toukhmanian, Santiago Londoño, Liliana Escobar, Mauricio Santos, Ana María Cuéllar, Mónica Giraldo, Fabio Rubiano, Jonathan Cabrera y Marcela Valencia.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

09 de mayo 2018 , 06:22 p.m.

20 de febrero
—El que dejó el celular prendido, ¿lo puede apagar?, por favor.

Fabio Rubiano lanza la petición segundos antes de darse cuenta de que es su propio teléfono el que está encendido. Pese a la pequeña contradicción, su idea es cerrar todos los canales que puedan causar interrupciones indeseadas en los ensayos de la nueva creación de su grupo, Teatro Petra.

Al frente suyo, distribuidos alrededor de una larga mesa están Marcela Valencia, Jacques Toukhmanian, Mónica Giraldo, Jonathan Cabrera, Liliana Escobar, Mauricio Santos, Ana María Cuéllar y Santiago Londoño, que protagonizarán Cuando estallan las paredes.

A poco menos de tres meses para el estreno de la obra, que se creó en coproducción con el teatro Jorge Eliécer Gaitán, el elenco practica una secuencia en la que la empleada de servicio de la casa del magnate Patricio W. Lombana sufre toda clase de ataques.

Los actores van intercambiándose los personajes, excepto Cabrera, quien encarna a Única, la empleada que debe soportar la presión a la que la somete Lombana, quien quiere demostrar que nunca la ha tratado mal.

Rubiano hace interrupciones a cada tanto, está estudiando las reacciones de cada actor, trata de limpiar los movimientos para que sean más estilizados y además profundiza en cómo se puede humillar a una persona.

“Es una pieza sobre terrorismo y sobre terror, entonces digamos que todas las escenas tienen que encerrar un componente de terror, de cómo se genera la tensión, sin necesidad de que haya efectos extraordinarios ni nada, pero sí sobre cuáles son las variaciones del terror, el que se hace ofendiendo, humillando, agrediendo o el tradicional, que es con explosiones”, dice Rubiano.

22 de marzo

La pared posterior de la sala de ensayos del Jorge Eliécer Gaitán está cubierta de carteleras de papel café, rasgadas y garabateadas con marcadores de diferentes colores, que registran los planes de una célula anarquista.

El líder del Grupo (así, en mayúsculas) es encarnado por Santiago Londoño, que vocifera los detalles del cronograma de ataques contra la familia de Lombana, industrial millonario y coleccionista de arte.

Es una familia disfuncional compuesta por Clemencia Muy Delgada, la hija, cuyo apellido se convierte en un pleonasmo de sus problemas de anorexia; Gaby, el hijo, homosexual reconocido por él pero no por sus padres, y la madre, M. Isabel de W. Lombana, excampeona de equitación y ahora alcohólica y farmacodependiente.

Aunque se presentan como una familia intachable, movida por valores conservadores, que entona frases de vacuo cariño, en sus sonrisas estratégicamente estudiadas se siente que algo está roto, que hay más dramas que celebraciones.

En esa primera parte de la historia, Rubiano plantea los ideales del grupo terrorista y los problemas de la familia del señor Lombana. Este personaje, una especie de señor de la guerra, es encarnado por Toukhmanian, quien logra darle ese aspecto de seguridad apacible, de convencimiento sosegado, que es capaz de asustar con solo un susurro.

En este momento del proceso, en el que Rubiano confía que están “por la mitad de la obra”, es muy importante tener clara la composición de los personajes y de los dramas.

“Estamos en la búsqueda de los personajes, en la exploración de cada uno para que tenga una diferencia de los otros, para que tenga especificidades completas. Una vez cojamos eso, el montaje, digamos, no es fácil, pero ya son figuras, coreografías, movimientos, desplazamientos y ubicación de las escenas. Igual es una pieza bastante modular que se puede organizar”, explica el director.

Vamos a tener que hacer fila con gente fea

21 de abril

Los ensayos se trasladan a una bodega en el sector de Engativá. Además de algunos elementos de la escenografía, como puertas, lavadoras y neveras, el lugar está lleno de sillas, escaleras y otros muebles que le dan cierto aire clandestino. Bien podría ser la reunión de un comando encubierto.

En esta ocasión habrá un ‘pasón’ completo de la obra, en la que Rubiano hará un pequeño papel, el del doctor Brasil. “Decidí hacerlo por cosas técnicas; igual, es muy pequeñito lo que yo hago, soy reemplazable fácilmente”, bromea el director y dramaturgo.

El doctor Brasil es el terapeuta y amante de la señora Lombana y tiene la responsabilidad de soportar las frustraciones y los abusos de este cínico personaje, que Valencia comanda con todos sus recursos histriónicos.

La actriz, que fundó Teatro Petra junto con Rubiano, le infunde una hilarante superficie a esta mujer de la alta sociedad, libidinosa y contaminada por sus adicciones, que se indigna fácilmente ante la posibilidad de un triunfo rebelde.

“Vamos a tener que hacer fila con gente fea”, protesta en una diatriba contra la idea de un equilibrio social.

“Es una mujer que pertenece a una familia poderosa a todo nivel, que seguramente se fue quebrando en la relación con su esposa, pero también es un poco parecida a él y no va a salir de su zona de confort. Entonces termina así, siendo alcohólica, farmacodependiente y en una familia bastante disfuncional, donde no le ayudan para nada”, explica Valencia.

Teatro Petra

En la obra, un Grupo terrorista planea un ataque contra una familia de la alta sociedad.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

27 de abril

El Grupo terrorista se infiltra en la casa de los Lombana con tres elementos con objetivos diversos: Brasil busca que la señora le revele los secretos de su marido; Molina, encarnada por Escobar, ingresa al servicio doméstico con el fin de seducir a los integrantes de la familia, especialmente a Lombana, y la hermana Lara (interpretada por Cuéllar) tratará de convencer a Clemencia Muy Delgada de unirse a la causa revolucionaria.

Molina le comenta al público sus planes para ganarse la confianza de la familia, por lo que tiene que adaptarse a todo su pretencioso estilo de vida. “Es como aprenderse de memoria una revista de farándula”, dice mientras manipula un juego de cubiertos.

Este ensayo está engalanado por los vestuarios y algunos elementos de utilería, aunque hay que volver a superar los siete pisos de escaleras que separan esta sala del escenario del Jorge Eliécer.

Rubiano también se enfoca en entrelazar la dramaturgia del texto con ese estilo escénico tan particular de Petra, construido a partir de códigos teatrales muy potentes y personales que se reflejan en reacciones y gestos llenos de ironía.

“Eso es parte absolutamente determinante del montaje, el texto tiene vida por la presencia de los actores y por todo lo que ellos proponen. Digamos que en este momento estamos a 10 ensayos del estreno, y todavía se notan las marcas; cuando corran los ensayos, eso se empieza a borrar, empieza a ser lo que se llama orgánico, aunque la palabra no es que me emocione”, explica.

Valencia cuenta que ese estilo, que es evidente en otras obras del grupo como 'El vientre de la ballena', 'Sara dice' y 'Labio de liebre', se construye con una serie de improvisaciones que se dan desde el comienzo de los ensayos.

“Uno es como si cogiera una tela y empezara a coserla, a hilvanarla, a hacerle los hilos para que no queden sueltos; obviamente, de la mano del director. Para mí, los personajes todavía están dibujados, pero a medida que uno los va entendiendo, tanto el personaje como la obra empiezan a conectar más cosas”, añade.

El texto tiene vida por la presencia de los actores y por todo lo que ellos proponen

6 de mayo

Por primera vez, y a tres días del estreno, el grupo de actores ensaya en el amplio escenario del Jorge Eliécer Gaitán con todos los elementos escenográficos. Esta será una jornada dedicada a probar el sonido y a coordinar los movimientos y las posiciones.

Rubiano corre de aquí para allá, hace las veces de actor, director —sentado en una mesa en el extremo derecho del escenario— y hasta de fotógrafo, haciendo un registro de imágenes del ensayo.

Hacia la mitad de la noche sube y se sienta en una silla de la platea izquierda del teatro, como si estuviera midiendo la disposición escénica de la pieza.

Creo que voy a quitar un par de escenas para darle agilidad y apretarla más porque todavía está muy pedaleada; estamos en el momento en que las acciones están divididas del texto: hablo, acción, hablo, acción; tiene la mecánica pero no la dinámica, y, sobre todo, le falta la dramática”, asegura.

En el inicio de la pieza, los nueve actores salen por igual número de portones que están dispuestos en el fondo del escenario. Por el extremo izquierdo ingresa el líder del grupo y por el derecho, Patricio.

Y a pesar de sus antípodas ideológicas, estos dos personajes tienen una conexión evidente; el director comenta que, incluso, a veces hablan muy parecido y el discurso absolutista está en los dos lados. Patricio, según Rubiano, es una especie de Luis XIV de la guerra, mientras que el líder es intransigente en su ideología: “Todos los avances han sido por gente que piensa como nosotros”, asegura.

“Lo que espero es que se lea como una ironía, no que estamos tomando partido por ninguno de los dos lados”, aclara el director.

Aunque el Grupo de rebeldes muestra ciertas grietas, como la negativa de la hermana Lara de matar inocentes y las discusiones entre Molina y el Líder, Lombana, enfundado en un gabán negro de mangas extravagantes, mantiene inamovibles sus intereses beligerantes, sus deseos de controlar al pueblo mediante el potente discurso del miedo.

“La gente sí llora las muertes de los niños ricos, las de los pobres son paisaje”, le dice al líder en un momento de confrontación.

Esa lucha ideológica tiene una resonancia innegable en el ambiente político colombiano del momento. “Es increíble que en un país como este pueda trabajar la mentira y el miedo por encima de que uno realmente se siente a ver a estos políticos, a ver sus debates, a estudiar sus propuestas para saber por cuál quiere realmente votar. Es como si Colombia todavía siguiera en una especie de feudalismo”, argumenta Valencia.

A medida que avanza la historia va quedando claro que el personaje que genera más terror es Lombana, quien tiene muy claras sus estrategias para mantenerse en el poder.

—Yo puedo dejar de matar, ¿y usted? —le pregunta el líder terrorista.

—Para la guerra no lo necesito a usted, la puedo hacer yo solo. La guerra soy yo —responde, implacable, Lombana.

Dónde y cuándo

Desde el 9 hasta el 19 de mayo en el teatro Jorge Eliécer Gaitán. Miércoles a viernes, 8 p. m. Sábados, 5 y 8 p. m. Carrera 7.ª n.° 22-47. Boletas desde 20.000 hasta 50.000 pesos. Informes de boletería en TuBoleta.com. La obra también tendrá una temporada próximamente en la sede de Teatro Petra, en Bogotá.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
EL TIEMPO
En Twitter: @YhoLoaiza

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