Arte y Teatro

Un juego escénico sobre la esquizofrenia

Matías Maldonado dirige ‘La comedia de los subnormales’, adaptación de la obra de Marco de la Parra.

La  comedia  de  los  subnormales

Vanessa Gamba y Sebastián Giraldo interpretan a seis personajes.

Foto:

Danilo Canguçu

17 de agosto 2017 , 11:25 p.m.

Luego de su adaptación de La secreta obscenidad, un clásico del teatro latinoamericano escrito por Marco Antonio de la Parra, el director Matías Maldonado se le volvió a medir a la tarea de montar una obra del dramaturgo chileno. Esta vez se trata de Penúltima comedia inglesa, que Maldonado adaptó bajo el nombre de La comedia de los subnormales y que se presentará en el Teatro de Garaje, de Bogotá.

El director asegura que hay varias similitudes entre las dos piezas, si bien los temas parecen opuestos.

La secreta obscenidad se centra en dos exhibicionistas que habitan la calle y están convencidos de que son Karl Marx y Sigmund Freud, quienes esconden las preocupaciones de una sociedad encerrada en la dictadura de Pinochet.

La comedia de los subnormales, por su parte, presenta como sus protagonistas a un refinado anciano inglés y su insaciable mujer, pero el relato se multiplica en otros personajes que exploran una crisis de identidad.

“Es una cosa muy distinta con bastantes similitudes, pues también habla de dos personajes y tiene capas múltiples que se van poniendo y cayendo”, asegura el director.

Los protagonistas de la pieza son Vanessa Gamba y Sebastián Giraldo, quienes encarnan a seis personajes, empezando por el anciano y su mujer, quienes para resolver sus inseguridades empiezan a inventar otras personalidades.

Este enfoque también se acopla a una preocupación recurrente en los trabajos de Maldonado sobre los límites entre la realidad y la ficción. Por ejemplo, en Rebú, del brasileño Jô Bilac, mezclaba un melodrama de época con los problemas internos de un grupo de teatro, y en Sabana glacial jugaba con los planos narrativos para contar la historia de una mujer que perdió la memoria.

“Hay muchas de las cosas que había en otros montajes: el juego de las representaciones, la falsedad y la mentira, y cómo a través del teatro, que es una convención ficticia, hay momentos de verdad y viceversa”, asegura el director.

En este caso, y para ayudar a reforzar aún más el juego de las distintas personalidades, Maldonado decidió que los actores trabajaran con máscaras.

A eso se suma el trabajo de la adaptación del texto original, que se alimentó con los ensayos actorales. La intención, asegura el artista, era aclarar un poco más desde qué faceta nace cada uno de los roles. Además, Maldonado añadió también exploraciones sobre temas como el parricidio y el incesto.

“En el fondo había una cosa que es el tema que más me interesa a mí: la culpa y los mecanismos que cada cual usa para sobrellevarla, que pasa también por la locura y la esquizofrenia de asumir distintos papeles; yo como victimario también convertirme en víctima para descargar un poco la mala conciencia”, asegura el director.

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