Arte y Teatro

Las ferias no se quejan / Columna sin título

En Bogotá, cinco eventos pusieron a la venta lo mejor que las galerías y artistas podían mostrar.

Nelly Peñaranda, crítica de arte

Nelly Peñaranda, crítica de arte

Foto:

Néstor Gómez / EL TIEMPO

05 de noviembre 2017 , 11:05 p.m.

En Bogotá pasó la semana de ferias, en la que cinco eventos pusieron a la venta lo mejor que las galerías y artistas podían mostrar.

El mercado del arte –que no es para nada banal– permite ver cómo está una parte del país, especialmente cuando hay voces que auguran tragedias político-económicas.

Sin duda, las ventas en las ferias no son medida de la justicia social, pero muestran que tampoco estamos naufragando en aguas del socialismo del siglo XXI.

En la Feria del Millón, con piezas de alrededor de un millón de pesos, cuentan que vendieron alrededor de 1.500 obras. Sin contar las entradas (a 10.000 pesos), la circulación de dinero fue importante.

Los compradores de esta feria no son archimillonarios, sino personas que pueden ahorrar y pagar un millón de pesos por una obra de un artista emergente.

En Barcú había alegría, y no solo por la fiesta, que iba hasta tarde.

Por ejemplo, sé de una galería que vendió alrededor de 40 obras (unos 100 millones de pesos).

Otra, del exterior, vendió casi 20 piezas, es decir, el galerista vino cargado de obras y se fue con dinero.

La entrada costaba 25.500 pesos y cualquiera que haya ido atestiguaría que siempre hubo gente.

En la feria más grande, ArtBo, un estand no muy grande pagó unos 27 millones de pesos. La entrada costaba 32.000 pesos para adultos y 15.000 para chicos. El año pasado asistieron 35.000 personas –según la organización– y no hay por qué pensar que a este llegaron menos.

Allí, una obra podía costar desde pocos millones de pesos hasta cientos de miles de dólares… y las compran.

Es cierto que no todos vendieron como hubieran querido, algo que pasa en todas las ferias del mundo, y aunque hubo quienes apenas salvaron la inversión, seguramente tratarán de estar en la feria el próximo año.

Además, cada feria mueve transporte, hoteles, restaurantes, logística, personal de ventas y empresas de apoyo.

Tampoco hay que olvidar que todas las transacciones pagan impuestos.

No sé si en el futuro las ferias decaigan, si venderán menos o más, pero es claro, aun con los pocos datos disponibles, que lo que ha pasado en Bogotá para nada habla de un país en decadencia.

NELLY PEÑARANDA
Crítica de arte@arteria_

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