Arte y Teatro

Ethel Gilmour, la extranjera que pintó la realidad

Museo de Antioquia, en Medellín, y el libro de arte de Davivienda rinden un homenaje a la artista.

Ethel Gilmour

‘Casa, carro y beca’ (1971).

Foto:

Cortesía Davivienda.

11 de diciembre 2017 , 10:13 p.m.

En 1967, luego de terminar una maestría en Bellas Artes en el Instituto Pratt de Nueva York, la artista estadounidense Ethel Gilmour viajó al viejo continente a bordo del Queen Elizabeth: tenía el sueño de conocer París, la capital del arte moderno, y de aprender francés.

Matriculada en la Sorbona, tomó un curso de Civilización Francesa, y al mismo tiempo disfrutaba pasearse por las calles donde vivieron artistas como Van Gogh, Manet y Degas.

Para un año nuevo, Gilmour decidió emprender una excursión a Rusia, donde empezaría el camino que la acercó a Colombia, pues fue allí donde conoció al paisa Jorge Uribe, con quien estuvo casada hasta los últimos días de vida.

Meses después de regresar a su país y de viajar a España para aprender castellano, en 1970 se fue a vivir a Bolivia con el objetivo de estar más cerca de Uribe y para su desgracia se dio cuenta de que, en realidad, la distancia de Cochabamba a Medellín era mucha.

Tiempo después lograron reencontrarse en Barranquilla y posteriormente se casaron y vivieron en Medellín, ciudad que enamoró a la artista y que inspiró gran parte de su obra pictórica, que tuvo una transición a lo figurativo.

“Ella es una artista muy querida para Medellín porque en sus obras tiene una iconografía que se volvió parte de la ciudad, como el guayacán amarillo, la arquitectura y el arte popular de Antioquia
”, cuenta María del Rosario Escobar, directora del Museo de Antioquia.

Por estos días, este museo alberga una muestra temporal de 12 obras (de las casi 300 que tiene en comodato) en homenaje a la artista y de la publicación del libro de arte de Davivienda, que tiene a Ethel Gilmour como protagonista. Igualmente, para celebrar los 136 años del museo.

“En Colombia, Ethel empezó pintando paisajes, casas y animales. Después, se convirtió en una narradora del conflicto en los 80 y 90. Sus obras tenían una dosis de humor e ironía, pero con mucha ternura y poesía”, cuenta Carolina Zuluaga, editora del libro.

La publicación, que recopila todo el trabajo de Gilmour y que incluye el cáncer que le causó la muerte en 2008, cuenta con una presentación de la historiadora y curadora de arte Imelda Ramírez, gran amiga de Gilmour; un escrito de la mexicana Karen Cordero (experta en mujeres latinas en el arte), y otro de Martha Lucía Villafañe, cuya línea de investigación ha sido el conflicto en el arte.

LAURA GUZMÁN DÍAZ
EL TIEMPO@The_uptowngirl

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