Arte y Teatro

Tejidos que buscan reivindicar el pasado

‘Patio interior’, de Loreto Buttazzoni, estará en el Museo Santa Clara hasta el 27 de agosto.

Patio interior

La artista chilena Loreto Buttazzoni se formó en artes visuales en el Palazzo Spinelli, en Florencia, y en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos.

Foto:

Cortesía Museo Santa Clara.

21 de julio 2017 , 07:53 p.m.

Hace dos años, la artista chilena Loreto Buttazzoni participó en la Feria Internacional de Arte de Bogotá (Artbo). En ese viaje, fue invitada a presentar un proyecto para el Museo Santa Clara. Eso la llevó a escudriñar la historia del museo, conocer qué elementos ya no estaban allí y empaparse de las historias que surgieron en el antiguo convento, que alguna vez funcionó en el mismo lugar.

“Quise hacer un guiño a la arquitectura que había desaparecido, como el patio, un espacio asociado a la libertad que allí tenían las novicias”, cuenta la artista.

En ese rescate del pasado hacía el presente, Buttazzoni quiso darles a las voces anónimas el lugar que alguna vez ocuparon, a través del tejido de croché, elaborado por mujeres de Santiago de Chile.

Pero, el trabajo que expone en ‘Patio interior’, que estará en el Museo Santa Clara en Bogotá hasta el 27 de agosto, también significó una manera de unir el norte y el sur de Suramérica, mediante una tradición en común, como lo es tejer con croché.

“La muestra evoca el extinto patio interior del convento. Para producir ese efecto, lo que hice fue reproducirlo virtualmente, generando los arcos con carpetas tejidas en croché, un oficio que practicaban las novicias en aquel entonces”, dice Buttazzoni.
La técnica, que se conoce desde la llegada de los europeos al continente, también se relaciona con los saberes ancestrales de las culturas precolombinas que tejían.

Luego de tener la idea, Buttazzoni contactó con una red de 15 mujeres que tienen esta actividad como un hobby, pues había leído en la prensa de su país que se reunían una vez por semana: cada una ponía dos dólares y le pagaban a una profesora para que les enseñara.

“Recogí los paños que ellas tejieron (alrededor de 400) y los vitrifique en porcelana, es decir, los sumergí en una colada de este material. Después, los quemé a alta temperatura y los esmalté. Hice cada una durante dos semanas”, explica Buttazzoni.
Pero, en realidad, llegó al proceso de vitrificación a través de un “accidente feliz”, en el que se le cayó uno de los paños en la porcelana, que iba a utilizar para otro proyecto.

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