Arte y Teatro

‘La ópera es como un amor a primera vista’: Gloria Zea

Desde 1976, Zea se puso el reto de hacer este género, cuando era visto como un arte elitista.

Obra 'Romeo y Julieta'

'Romeo y Julieta', de Charles Gounod (música), y libreto de Jules Barbier y Michel Carré, en el montaje de la Ópera de Colombia, para su temporada del año 2007.

Foto:

Mauricio Moreno / EL TIEMPO

05 de mayo 2018 , 11:19 p.m.

Doña Gloria, en una entrevista usted dijo que cuando dirigía Colcultura, en 1976, y le propusieron crear una compañía estable de ópera, usted no sabía de ópera. ¿Cómo se metió en semejante lío?

Yo soy suicida, en el sentido de que me embarco en enormes empresas sin mirar los riesgos sino buscando el objetivo y la finalidad. Tal vez si yo hubiera entendido en ese momento lo que significaba ver ópera lo habría dudado. Pero no lo sabía, yo no conocía nada de la ópera. Estaba dirigiendo Colcultura, amaba la música clásica, acababa de organizar la Orquesta Sinfónica de Colombia, de restaurar el teatro Colón, y Alberto Upegui, que era mi subdirector de Bellas Artes, y Hjalmar de Greiff, ambos trabajaban conmigo, me dijeron “por qué no haces ópera”. Y yo, que estaba buscando nuevos caminos de desarrollo para Colcultura, dije claro, hagamos ópera. Si hubiera entendido en ese momento lo difícil que es, lo habría dudado, pero me lancé, y la ópera es adictiva: cuando ves tu primera ópera te enamoras. Es amor a primera vista. Y, a medida que profundizas, más es la fascinación. Una vez hice las dos primeras, ‘Bohemia’ y ‘Traviata’, quedé enganchada.

¿Cuándo fue la primera vez que vio ópera?

Yo había visto ópera en Nueva York, donde viví diez años, casada con Andrés Uribe. Y me encantaba. Iba mucho al Metropolitan. Pero una cosa es ver la ópera y otra, pensar en hacerla.

¿Y, cuando la veía en el Metropolitan, cómo la sentía?

La ópera es el espectáculo más completo: es teatro; drama o comedia; y unos argumentos maravillosos. Es la música más bella que se ha escrito, interpretada con el instrumento musical más bello que existe, que es hecho por Dios: la voz humana. Con escenografía, vestuario, luminotécnica. Al desarrollar la ópera desarrollas todos esos campos de trabajo. Reto a una persona a que se siente y vea, porque no es lo mismo oírla en el CD de su casa que verla, porque es visual, que no quede locamente enamorado.

¿Quién la ayudó cuando usted se dio cuenta de que eso tenía unos maestros artesanos, unas costureras, unos vestidos de época, una complejidad y una cantidad de trabajo enorme?

Tuve dos ayudas fundamentales: Alberto Upegui, quien me fue orientando. Él, por su matrimonio con Carmiña Gallo, era un fanático de la ópera y había comenzado a hacer ópera en Medellín. El otro fue Francisco Vergara, bajo barítono que vivía en Colonia, y a quien contacté muy inmediatamente y le pedí ayuda. A través de él abrimos las puertas de la Ópera de Colonia.

¿Cómo lo lograba?

¿Sabes cuál era el presupuesto anual de Colcultura? Cuarenta millones de pesos. Por eso fundé Asartes, y la Fundación Tayrona, para buscar recursos del sector privado, porque el apoyo del Gobierno era mínimo. La ópera continuó hasta que yo estuve en Colcultura, en el gobierno de Belisario Betancur. Luego vino Aura Lucía Mera, que clausuró Asartes. Después fue directora Amparo Sinisterra de Carvajal, una mujer maravillosa que sacó adelante la ópera, y luego Carlos Valencia, que la acabó.

En 1991 le propusieron, otra vez, volver a empezar…

Esa es la historia de que yo estaba en mi oficina de la Fundación Camarín del Carmen, y llegó un grupo de jóvenes. Me dijeron: “Doña Gloria, venimos a pedirle que usted vuelva a hacer la ópera”. Les dije: “Ustedes están locos. No tengo plata, no tengo teatro, no tengo orquesta”. “Sí, pero es que usted es la única que lo puede hacer. Además, todos somos hijos suyos”. ¿Por qué? Ocurre que todos habían estado vinculados, unos al Coro Infantil de Colcultura, y a esa primera época de la ópera. “La primera ópera que vi en mi vida la vi en las temporadas del teatro Colón que usted hizo”, dijo uno. ¿Qué hacía? Los escuché en una audición y cuando terminé dije: “Voy a volver a hacer ópera”. Y la volví a hacer.

Llegó un grupo de jóvenes. Me dijeron: 'Doña Gloria, venimos a pedirle que usted vuelva a hacer la ópera'. Les dije: 'Ustedes están locos. No tengo plata, no tengo teatro, no tengo orquesta'

¿Qué la empujó?

Dos cosas: primero, yo sentía una responsabilidad con estos muchachos, había sido por mi trabajo que ellos se habían involucrado. Era su profesión, y no tenían cómo desarrollarla en Colombia. Sentí que era mi obligación no dejarlos botados. Y mi amor por la ópera. Dije: “Sí, me le voy a volver a medir”. Por eso digo que yo soy suicida.

¿Por qué?

Uno tiene la obligación de mirarse al espejo todas las mañanas y gustarle lo que ve. Y para gustarle lo que ve tiene que sentir que ha hecho algo útil por los seres humanos, por su país, por algo diferente de sí mismo. Y yo escogí el campo de la cultura para ayudar a desarrollar a Colombia y lo he logrado, porque mi trabajo ha producido frutos extraordinarios. Claro, pienso en Colombia, pienso en este talento que está surgiendo y que no tiene cómo canalizarse. Si no existe la ópera terminan cantando con los mariachis en la Caracas. Eso es lo que me impulsa y me da una fuerza que no conozco barreras ni límites, ni limitaciones.

Entonces volvió a iniciar la ópera en el 91…

Juan Manuel Ospina, que dirigía Colcultura entonces, me dio seis millones de pesos. Con eso traje el profesor de Cuba, para que me terminara de ayudar con los muchachos que iban a cantar ‘Don Giovanni’, porque era el año Mozart y resolví hacer la ópera más difícil de Mozart. Me acuerdo que hice una función en el Camarín del Carmen, un teatro chiquitico, otra en el Colón y otra en Colsubsidio, porque no había teatro. Y así empecé nuevamente, sin nada.

¿Cuál es el legado de todos esos años de consagración?

Desde el 76 hemos hecho 47 óperas diferentes de 21 compositores, en 848 funciones. En ellas han participado 156 cantantes colombianos, más una infinidad que han sido parte del coro de la Ópera, que es el coro más importante que existe en Colombia y, según el maestro venezolano Gustavo Dudamel, el más importante de América Latina.

Hemos exportado 14 producciones en 22 oportunidades a 9 países y ahorita vamos a hacer ‘Caballero de la Rosa’, que es la ópera más difícil del repertorio. Son 81 papeles, 38 solistas, de los cuales seis son extranjeros y 32, colombianos que hemos formado en todos estos años.

Hace unos años habría sido impensable hacerla porque habríamos tenido que traer 32 cantantes extranjeros. Ahora ya los tenemos. Los extranjeros del elenco son del más alto nivel que tiene Europa para esos papeles. La soprano que va a hacer el papel de la mariscala lo va a cantar en el Festival de Ópera de Glyndebourne (Inglaterra), y al terminar la función toma el avión y se viene a cantar aquí.

Es una ópera tan difícil que solo la ha hecho el Teatro Colón de Buenos Aires, y apenas se supo que la estábamos haciendo nos llamó la Ópera del Teatro Municipal de Santiago de Chile, que con el Colón de Buenos Aires son las dos óperas más importantes de América Latina, a decirnos que querían coproducir con nosotros. Es una coproducción de la Ópera de Colombia con el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y con el Municipal de Santiago de Chile. La estrenamos ahorita en septiembre. Nosotros la hacemos a partir del primero de septiembre y Santiago la tendrá en junio de 2019.

¿Cómo se exporta un espectáculo tan costoso?

Los títulos nuestros tienen tanto éxito y nos los piden tanto porque nuestros costos son muy baratos en comparación con lo que cuesta producir en Europa.

Doña Gloria, gracias a esa labor tenemos un público para la ópera.

El hecho de que EL TIEMPO esté haciendo lo que va a hacer (la publicación de ‘This is Opera’), todo el trabajo de Cine Colombia con las producciones del MET, la vinculación de la Ópera de Colombia con el Teatro Julio Mario Santodomingo son hechos irreversibles. La ópera en Colombia ya es una fuerza de la naturaleza: esto no lo ataja nadie.

FRANCISCO CELIS ALBÁN
Editor de EL TIEMPO

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