Arte y Teatro

Así es el homenaje de Cirque du Soleil a Soda Stereo

Detalles del montaje que celebra al fallecido Gustavo Cerati y que llegará aquí en septiembre.

Soda Stereo

“No vayan al ‘show’ esperando un concierto de rock, porque no lo es. Desgraciadamente, Soda Stereo en vivo ya no va a existir”, advierte Charly Alberti.

Foto:

Archivo particular

12 de marzo 2017 , 02:13 p.m.

El jueves pasado tuvo lugar una escena íntima que pareció sacada de 1984, cuando Soda Stereo estrenó el disco homónimo con el que debutó: Daniel Kon, el mánager de la banda, abría con un bisturí la caja de cartón en la que acababan de llegar los vinilos del nuevo álbum. Pero el baterista Charly Alberti no aguantaba la parsimonia de Kon: le saltaba al lado, como un niño, agarrándolo de los hombros con ansiedad de ‘primíparo’. El bajista Zeta Bosio andaba igual: sacudía una silla y se reía nerviosamente.Pero esta vez el cuadro estaba incompleta: faltaba Gustavo Cerati, probablemente más mesurado, quizás fumando en la penumbra.

La ansiedad era natural. No solo acababan de recibir lo que, de alguna manera, es “música nueva” de Soda Stereo, sino que además estaban a apenas unas cinco horas del estreno del espectáculo que la originó: ‘Sép7imo día: No descansaré’, creado por el Cirque du Soleil e inspirado en la historia de Cerati y su agrupación. Durante año y medio, Alberti y Bosio renovaron, adaptaron y remezclaron 24 grabaciones esenciales del grupo para integrarlas al ‘show’.

La del jueves fue la primera de 72 funciones en la capital argentina, que irán hasta mayo y de las que ya se ha agotado la mitad de la boletería. Un espectáculo que luego viajará por los demás países en los que Soda Stereo tuvo impacto como fenómeno del rock latinoamericano. El turno de Colombia vendrá en septiembre.

“Hasta aquí llega nuestro trabajo, se podría decir”, reflexiona Alberti en un hotel a escasas tres calles del Luna Park, el escenario multipropósito que acogió el montaje, con un aforo dispuesto para unas 6.000 personas. Un escenario que combina los dos mundos: el del circo y el del concierto de ‘rock’.

De ahí que el resultado sea algo nuevo, pues no es un concierto –de hecho, esta vez no hay una banda tocando en vivo– y tampoco encaja dentro del concepto del Cirque que Colombia ha visto antes en ‘Quidam’, ‘Varekai’ y ‘Corteo’. Es un híbrido que retó tanto a los músicos como al circo mismo.

Y es el cuarto espectáculo que la compañía de origen canadiense dedica a una figura de la música: primero fueron los homenajes a Elvis, a los Beatles y a Michael Jackson. Es el primero, sí, a un artista latinoamericano.

(Además: Soda Stereo y el Circo del Sol estrenaron el show 'Sép7imo Día')

En la ciudad de la furia

El estreno mundial en Argentina coincidió con un momento en que, como dice la canción, “Buenos Aires se ve tan susceptible”: mientras la cuña radial del evento sonaba en todas las emisoras y colmaba afiches en las calles, las protestas de los sindicatos y la épica marcha por los derechos de las mujeres (que se empañó al final por actos vandálicos frente al Cabildo y la Catedral) sacudieron las calles durante toda la semana. Tal como en los años 80.

Kon y su tropa también estaban viviendo como en los 80: al mejor estilo de las giras tortuosas de entonces, el piso de su hotel se inundó y les tocó buscar resguardo.

Nada de eso fue excusa para no llegar al Luna Park. De hecho, los ‘sodas’ se encontraron allí con Benito Cerati, el hijo de Gustavo y compañero de ellos en el proceso de adaptación de la música de ‘Sép7imo día’, y también con Lilian Clark, la valiente madre de Gustavo, que es un símbolo en su país. Tanto, que al sentarse todos entre el público, en medio de un aplauso a reventar para todos, hubo un “oe oe oe oeee Liliaaan, Liliaaan”.

(Lea: Doce meses llenos de eventos en el 2017)

Hacia las 9 p. m. empezó el espectáculo, que duró poco más de hora y media, y que comienza con el surgimiento de un hombre que se libera de las tensiones que lo rodean al conectarse a unos audífonos. Por momentos, se entiende que es Gustavo Cerati, pero podría ser también cualquier joven de esa época, enclaustrado en la necesidad de expresarse con el ‘rock’.

Entre tanto, la música de Soda Stereo suena estremecedora por los parlantes de un templo musical que vio tocar a la banda muchas veces. A partir de ahí comienza a salir a flote la imaginería visual de Cerati a través de los ojos de Michel Laprise y Chantal Tremblay –los creadores y coreógrafos del Cirque–, la cual gira en torno a los viajes ácidos; de hecho, en medio de los actores protagonistas hay un hongo de colores. Hay que reconocerlo: los primeros minutos no logran convencer al público de que ese Cerati sicodélico –maximizado en el momento en que interpretan ‘Te hacen falta vitaminas’– es el mismo que hemos proyectado en la música de Soda Stereo. Pero conforme avanza el espectáculo, toda la ecuación empieza a tomar forma.

Es con ‘Un misil’ (‘en mi placard’) y su reinvención sonora casi completa, que el público se pone en situación: esto es algo diferente. No es Soda, no es Cirque, es algo más.

Van desfilando así, tal como aparecen en la contratapa del álbum: ‘Cae el sol’, ‘Planta’, ‘Picnic en el 4to B’, ‘Te hacen falta vitaminas’, ‘Mi novia tiene bíceps’, ‘Ella usó mi cabeza como un revólver’ / ‘Un misil’ (‘en mi placard’), ‘Prófugos’, ‘En remolinos’, ‘Planeador’, ‘Persiana americana’, ‘Signos’, ‘Un millón de años luz’, ‘Luna roja’, ‘Crema de estrellas’, ‘Cuando pase el temblor’, ‘Hombre al agua’, ‘Sueles dejarme solo’, ‘En la ciudad de la furia’, ‘Efecto Doppler’, ‘Primavera 0’, ‘De música ligera’ y ‘Terapia de amor intensiva’.

Y son momentos únicos, que es mejor verlos en vivo para entender su poesía visual: la danza en ‘Luna roja’ a cargo de la mexicana Zendra Tabasco; las proyecciones y el ‘mapping’ en ‘Sobredosis de TV’, y sin duda ‘Hombre al agua’. También, un momento íntimo en ‘Té para tres’.

Como ningún otro espectáculo

En todo ese tiempo, y seguirá siendo así hasta el final del espectáculo, el público en la zona Zoom ha jugado un papel fundamental, casi como otro elemento de la escena. Quienes están en las graderías lo notan: la audiencia de pie es el centro, allí se proyectan las luces, por ahí se mueven los malabaristas y las grandes piezas de metal. Es un público que tiene que estar en constante movimiento.

Esto es para el Cirque du Soleil una apuesta que implica grandes riesgos técnicos: se trata de un espectáculo distribuido de forma muy diferente a la habitual, con actores que se meten con sus herrajes, jaulas, zancos y demás aparatos entre el público, en medio de la oscuridad. Los acompañan logísticos que van abriéndoles camino entre la gente, apuntando con una linterna en el suelo para no pisar a nadie (por ejemplo, con una rueda de bicicleta de unos 5 metros de alta dentro de la cual giran dos malabaristas). Demanda una logística específica que no habían manejado antes.

“Por primera vez, Cirque du Soleil ofrece entradas para estar de pie en la sección campo. Es un espectáculo acrobático ‘rock’ después de todo”, tuiteó la cuenta oficial del circo desde Canadá.

Y por ser al estilo de un concierto, y pese a las advertencias previas de no usar ‘flash’ y no hacer grabaciones, el público no aguanta el impulso de encender sus celulares.

‘Gustavo estaría feliz’

Antes del estreno, Charly Alberti le dijo a EL TIEMPO que el sentimiento era de satisfacción. Nos dicen que no saben cómo hicimos, pero que sin haber grabado una sola nota es Soda Stereo 2017”, comenta.

Fue un proceso largo, que se inició hace más de cuatro años, cuando Kon, junto a Diego Sáenz (productor de giras de los últimos años de Cerati y quien tuvo la idea original de llevarle el proyecto al Cirque du Soleil), Alberti y Bosio, vivieron un proceso sanador. “Cuando empezamos, la partida de Cerati estaba muy fresca y había mucha nostalgia entre nosotros. Pero entendimos lo que nos había pasado, de manera que pudimos hacer lo que siempre hicimos y como lo habríamos hecho si Gustavo estuviera con nosotros”, explica el baterista.

Alberti reconoce que algunos amigos que vieron el preestreno le confesaron que “al principio le faltaba rock”, pero que las cosas van componiéndose en el camino. “Es una invitación a viajar en el tiempo, no a la historia de la banda”, comenta.

Sobre qué habría pensado Cerati de todo esto, Alberti dice: “Tengo muy presentes algunas charlas de la gira del 2007, de la escenografía de ese momento, de Cerati usando referencias del Cirque du Soleil, así que él habría sido el primer promotor de esto”.

Sobre el momento de abrir el nuevo disco, afirma con una sonrisa: “Hay emoción, hay ganas... El día en el que se nos fueron las ganas, paramos. Eso fue en el 97”. Y a los fans les advierte: “No vayan al ‘show’ esperando un concierto de ‘rock’ porque no lo es. Es un circo diferente, con la música de Soda. Eso significa ir con la mente muy abierta para poder recibir otras sensaciones, porque desgraciadamente Soda Stereo en vivo ya no va a existir. Es diferente a todo lo que habíamos hecho antes, es una Soda Stereo 2.0”.

No vayan al ‘show’ esperando un concierto de ‘rock’ porque no lo es. Es un circo diferente, con la música de Soda

Dónde y cuándo

‘Sép7imo día: No descansaré’ estará en Bogotá del 3 al 23 de septiembre, en el parque Salitre Mágico (Calle 63 n. ° 60-80). El precio de las boletas oscila entre $ 140.000 y $ 510.000. Para comprar y para mayor información visite vive.tuboleta.com.

CARLOS SOLANO
Subeditor de Cultura y Entretenimiento
Buenos Aires*
* Por invitación de Ocesa Colombia.

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