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El hombre que se enfrenta a los riesgos de la soldadura

Su empleo implica exposición a riesgos biológicos, factores de contaminación y accidentes.

El hombre que cambió la salud por dinero

Willian Castro Briñez trabaja como soldador en la refinería de Ecopetrol, en Barrancabermeja.

Foto:

Jaime Moreno / EL TIEMPO

22 de noviembre 2017 , 09:07 a.m.

Con los años, Willian Castro Briñez puede llegar a sufrir osteoporosis o fallas en la visión. Puede padecer daño en sus articulaciones, en los oídos e incluso en su sistema respiratorio. Sin embargo, él siempre responde “es un trabajo que alguien tiene que hacer”.

Willian es soldador industrial, una carrera en la que, asegura, se cambia la salud por el dinero.

“Uno cuando empezó a estudiar soldadura eligió cambiar la salud por la plata. Uno se motiva mucho por la parte económica y muchas veces no tiene en cuenta los perjuicios o las consecuencias que tienen este tipo de especialidades, pero alguien tiene que hacerlo. Por ejemplo, uno tiene una visión 20-20 y después de unos años esta empieza a deteriorarse”, reconoce William, un hombre que asume con tranquilidad cuáles son los peligros de su labor, al igual que las secuelas que deja la misma.

Según el trabajador, una de las afecciones más comunes derivadas por su oficio es conocida como ‘la fiebre del soldador’, un trastorno que dura de 24 a 48 horas, provoca malestar general, dolor de cabeza y calentura en el cuerpo, y se presenta especialmente cuando el trabajador lleva un periodo de tiempo sin soldar y retoma sus actividades.

Uno cuando empezó a estudiar soldadura eligió cambiar la salud por la plata

Aunque aclara que personalmente hoy en día no padece de ninguna enfermedad, sí ha tomado medidas para mitigar cualquier afectación en su salud.

“Nuestra vida social muchas veces cambia. En mi caso, a mí me gustaba jugar mucho fútbol, pero me ha tocado quedarme quieto porque de pronto puedo sufrir alguna lesión, como una fractura. Entonces toca cuidarse, también se debe evitar la contaminación por cigarrillo o sustancias psicoactivas, que pueden llevar a deteriorar aún más el cuerpo. Toca cuidarse al máximo”, relata.

William se mueve sigilosamente en las plantas donde desarrolla soldadura en vivo. En algunas se ha enfrentado a temperaturas que pueden alcanzar hasta los mil grados centígrados. Cree que ha logrado llegar a ese nivel dentro de su oficio por sus capacidades, experiencia y a su gran sentido de responsabilidad.

Tiene 37 años y desde hace cinco trabaja al interior de la refinería de Ecopetrol en Barrancabermeja, Santander, un complejo petrolero localizado en esa población, a orillas del río Magdalena, que se extiende en un área de 254 hectáreas y tiene la responsabilidad de generar el 75 por ciento de la gasolina, combustóleo, ACPM y demás combustibles que el país requiere, así como el 70 por ciento de los productos petroquímicos que circulan en el mercado nacional.

A diario este hombre, natural del puerto petrolero, padre de tres niños, se arma de valor y de un minucioso traje.

Su 'armadura' consta de unas botas de cuero dieléctricas de caña alta, braga inifuga, delantal de cuero, guantes de carnaza, filtros para humos metálicos y vapores orgánicos; capuchón de tela, gafas de seguridad, careta y protección auditiva.

El hombre que cambió la salud por dinero

Por su labor, Willian Castro Briñez puede llegar a sufrir osteoporosis o fallas en la visión.

Foto:

Jaime Moreno / EL TIEMPO

Algunos días se dedica a la soldadura en el taller de metalistería, con pinzas y antorcha en mano repara tuberías o prefabricados, pero en otros, ese proceso de fijación lo ejecuta en vivo, es decir, sobre plantas en funcionamiento como las Topping, Orthoflow o las Craking, por cuyas líneas pasan productos inflamables.

Reconoce que su trabajo no es fácil. Los peligros relacionados con esta actividad son básicamente una combinación de riesgos latentes tanto contra la salud y la seguridad.

Por su naturaleza, la soldadura tiende a producir cierto tipo de humos contaminantes y ruido, incluso emite algún tipo de radiación, además de hacer uso de electricidad o gases, que involucra peligro de electrocución, que puede conllevar a que se sufran quemaduras, descargas eléctricas, explosiones e incluso incendios.

“Nosotros estamos expuestos a muchos factores de riesgos. Los biológicos por los diferentes químicos que encontramos en las plantas, trabajamos en atmósferas peligrosas, en espacios confinados y en altura. También encontramos otros factores de contaminación y son los humos metálicos, cuando aplicamos soldadura en cromo, en material de acero inoxidable o en aceros al carbón. Nos enfrentamos a la contaminación auditiva que generan las plantas en el momento en que vamos a trabajar y también a los problemas de radiación, como son los rayos ultravioleta o los rayos infrarrojos”, explica el trabajador, especialista en soldadura con argón.

William añade que en su empleo ha encontrado una estabilidad económica y beneficios para su familia. Los soldadores de Ecopetrol devengan de acuerdo a una escala salarial. Dependiendo del escalafón en que se encuentre, el pago de un día laboral oscila entre los 60.000 a un promedio de 123.000 pesos.

De lunes a viernes el trabajador cumple turnos de nueve horas. Antes de cualquier actividad que ya ha sido prevista en una programación, debe firmar un permiso de trabajo en el cual se valoran los riesgos en una lista de chequeo donde se verifican cuáles son los puntos que deben tener en cuentan en el momento de aplicar la soldadura y los protocolos de seguridad a seguir.

Castro, quien actualmente adelanta una tecnología en supervisión de soldadura con el Sena, se desempeña como soldador D7 y recibe un salario básico mensual de 2.503.000 pesos, más algunos bonos de auxilio de transporte, asistencias que corresponden a comisariato y un subsidio por cada hijo.

No sabe hasta cuándo trabajará en ese oficio, solo espera que entre los peligros que afronta a diario su pulso y la confianza se mantengan firmes.

“Trabajaré en esto hasta que mis condiciones me lo permitan, pero sé que por ahora tengo mucho que aportar a la empresa y a mi especialidad (...) Cuando se trabaja en este oficio se aprende a valorar mucho la vida, a la familia, pero también a cuidar a nuestros compañeros”, puntualiza.

Cuando se trabaja en este oficio se aprende a valorar mucho la vida, a la familia, pero también a cuidar a nuestros compañeros

La posibilidad de un hecho lamentable es latente. Pero su vida, más allá de los equipos de protección que debe llevar, depende también de las precauciones mínimas que tome. La improvisación en su trabajo puede llegar a ser fatal.

Este hombre prefiere no sentir pánico, elige estar tranquilo y lo suficientemente concentrado. Eso le genera confianza en medio de la inseguridad propia del ambiente. Y es que dice, piensa mucho en su familia que lo espera en casa, pero también en la de sus compañeros de cuadrilla, por eso considera que su compromiso también es el cuidar de ellos.

Una necesidad que se convirtió en profesión

Este santandereano llegó a ese oficio por necesidad, había pocas opciones de empleo y de estudiar en una universidad. Con tan solo 16 años y tras terminar su bachillerato en el colegio Técnico industrial de Barrancabermeja, empezó en pequeños talleres de barrio.

“Trabajaba haciendo puntos de soldadura, arreglando puertas, rejas y ventanas. Pero me di cuenta que la soldadura es todo un arte y va más allá de eso que yo hacía”, señala.

Tras reconocer en ese oficio un estilo de vida decidió en el año 2004 empezar a formarse como técnico profesional en soldadura en el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA). Y fue así como, luego de graduarse de esa institución y con un título que validaba su conocimiento, logró vincularse laboralmente con empresas contratistas del sector petrolero.

Según cuenta, para ese entonces Ecopetrol llevaba 18 años sin abrir convocatorias para vincular directamente a la empresa personal en esa área.

Sin embargo, en el año 2012 la estatal petrolera puso en marcha un proceso para la vinculación laboral de nueve trabajadores en su especialidad y tras un largo filtro de selección que se adelantó durante cinco meses, logró entrar a trabajar como soldador de la refinería.

“En lo personal, yo me preparé para trabajar con las firmas contratistas, más no directamente con Ecopetrol, no pensaba que pudiera ser así, porque es una gran empresa y hay que decirlo, es la ilusión de muchos y la realidad de pocos”, precisa William, quien es uno de los 30 soldadores de planta que tiene Ecopetrol en ese complejo.

CAROLINA RINCÓN RAMÍREZ
Enviada especial de EL TIEMPO
BARRANCABERMEJA 

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