Otras Ciudades

La 'carabinero' que se prepara para la construcción de paz en el Meta

Yina Castro hace parte de la Unidad Policial para la Edificación de la Paz, en La Macarena.

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El fuerte de la agente Yina Castro es el trabajo comunitario.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

26 de septiembre 2016 , 08:27 p.m.

Al llegar a La Macarena, en el sur del Meta, no creí que fuera a toparme con un policía desarmado: esta zona ha sido castigada por el conflicto y lo predecible es que estuvieran dotados con fusil. Pero no.

Luego de aterrizar en el aeropuerto militarizado, husmeo entre las calles en busca de testimonios para conocer qué piensa la gente sobre el proceso de paz.

Al cabo de media hora, el sol arrecia. A pocas cuadras encuentro a la patrullera Yina Castro, integrante de la Unidad Policial para la Edificación de la Paz (Unipep), creada por la Policía Nacional con el objetivo de tender lazos con las comunidades en zonas donde la guerra ha fustigado con intensidad, como en La Macarena. (Lea también: Víctima y carcelero de las Farc son ahora entrañables amigos)

Yina medirá 1,65 metros por mucho. Su uniforme parece el de un carabinero, aunque en vez de sombrero lleva gorra, y va a pie. Parece tímida, no habla mucho. Hace tres semanas que llegó al Meta y hace nueve meses que se convirtió en policía.

Al terminar mi curso de policía, un coronel fue a proponernos la idea de integrar la Unipep. De una acepté, porque quiero tener hijos y que disfruten de un país en paz”, señala convencida mientras abordamos una lancha que, a través del río Guayabero, nos acercará a la maravilla de este territorio: Caño Cristales.

La uniformada cuenta que al pequeño hospital de la localidad, asfixiado por la falta de recursos y personal médico, han llegado dos policías de la Unipep con conocimientos en enfermería. Ellos ayudan en lo que pueden durante sus horas de servicio policial.

Antes de hablar con esta patrullera caminé las polvorientas vías del lugar. En una encontré una retroexcavadora que aglutinaba pantano en una esquina. Un vecino, en principio esquivo, accedió a conversar y dijo que después de 20 años al fin pavimentarán las calles. (En video: Carlos Santacruz, desplazado por las Farc, habla de su historia y qué espera del país tras las negociaciones)

“Bueno que arreglen. Pero va a faltar que nos hagan una buena vía para salir de aquí, porque usted se puede gastar hasta dos días para llegar a Villavicencio por tierra, si hay mal tiempo”, expresó.

Su vecina, profesora de escuela, soportaba el calor de la media mañana cubierta con una gorra. No parecía de medias tintas y rapidito soltó lo que pensaba: “La verdad, por si no lo sabe, es que hasta enero de este año las Farc les cobraron vacunas a los finqueros. Las fincas más pequeñas pagaban 300.000”.

“Desde enero corrió el cuento de que las Farc mandaron a decir que ya no iban a cobrar más. Y no volvieron a pedir”, agregó el paisano. “Es que ahora esto está tranquilo, comparado con otros años, pero uno no se hace ilusiones. Aquí nos da cosa que después de la guerrilla aparezca gente jodida”, finalizó ella, antes de cerrar la puerta de su vivienda.

Cambio

De regreso con la patrullera, el viento pega en el rostro y alivia el calor mañanero. Un par de iguanas caminan perezosas por la orilla, que la embarcación va dejando atrás. Sobre el sonido del motor, que empuja sobre la corriente, la joven cuenta que se crio en Duitama (Boyacá) y que no le importa el calor de los llanos, porque su misión es ocupar el espacio que antes no llenaba el Estado.

Reparo en su uniforme y en el de otro policía que nos acompaña: ninguno carga pistola. Dejamos el río y luego de una caminata llegamos al edén: el río de colores que se muestra como una de las mayores atracciones de Colombia, al que vienen menos de los que podrían, porque la sombra de los grupos armados hacía temer riesgos.

Por acá un policía no podía llegar tranquilamente, y ahora mire que ha cambiado. Muy bien poder venir, porque esto es para que toda la gente tenga derecho a conocerlo”, sostiene Yina, al contemplar Caño Cristales y ver cómo un puñado de turistas quedan boquiabiertos con la postal.

Al sitio, enmarcado en el Parque Natural Serranía de La Macarena, llegan entre 60 y 70 visitantes en época “floja”. O de 320 a 350 en temporada alta (de mayo a noviembre). Alrededor de 130 guías trabajan en la zona con diferentes operadores. La gente espera que los números se multipliquen y que el pueblo se desarrolle cuando se dé por terminado el conflicto.

“Yo estoy trabajando con la Dirección de Prevención, Infancia y Adolescencia: hemos hecho actividades lúdicas con los niños, porque para cambiar de fondo hay que empezar por ellos”, explica la uniformada que a su paso genera admiración entre los hombres y no ha faltado que le digan que es bonita y que es un ejemplo.

La patrullera asegura que sabe inglés, porque estudió un básico, y que le gustaría llegar a las escuelitas del campo a incentivar a los niños a aprender otros idiomas.

La Unipep es de vocación rural y así como Yina quiere trabajar con pequeños, otros de sus compañeros lo harán como apoyo a los proyectos productivos de campesinos que nunca han tenido cerca de un policía. Si alguien necesita ayuda con una cerca o si a alguien se le pierde una res, ahí esperan estar para apoyar. “Claro que no vamos a enseñarle al campesino cómo trabajar la tierra, pero sí le podemos ayudar a tecnificar lo que sabe y a sentirse más seguro”, destaca.

De regreso al área urbana de La Macarena, camina en dirección a la estación. Al pasar por el parque, donde abundan los pájaros y las familias que salen a caminar, una niña aparece a toda carrera y se abraza a las piernas de la patrullera. “¿Cómo te llamas?”, le preguntó la uniformada, y la chiquita le respondió: “Arroz con ahuyama”. Mira a Yina y le pregunta cuándo volverá a su casa a enseñarle juegos. “Esta semana, eso esperamos”, contestó la policía mientras le devuelve el abrazo y levanta la mano para saludar a los padres de la efusiva niña. Entonces comprendo por qué prefieren caminar sin armas: quieren llevar tranquilidad y confianza, convertirse en Policía de la paz.

Una fuerza para la paz

La Unidad Policial para la Edificación de la Paz (Unipep) es la división de la Policía Nacional encargada de la seguridad para el cumplimiento de los acuerdos de paz, en las zonas rurales en las que se deben empezar a concentrar las Farc.

Esta fuerza, diseñada como estrategia de intervención integral, cuenta con unos 3.000 uniformados, quienes, tras la firma del Acuerdo Final de Paz, ingresarán a las Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN). El general Álvaro Pico, jefe de la Unipep, explicó que estos hombres y mujeres han permanecido en los cascos urbanos adelantando una labor comunitaria y de vigilancia.

Además de dar seguridad, la Unipep tiene un componente de análisis y memoria, y un renglón que evalúa el reenfoque y articulación de la institución, para actuar de manera coherente con los acuerdos de paz.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO

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