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Siete años después de la tragedia, Gramalote logra renacer

Los primeros en retornar se instalaron en 54 casas del renacido municipio nortesantandereano.

Gramalote

Las familias llegaron de Cúcuta, Santiago y Lourdes, donde vivieron tras la destrucción de las viviendas de Gramalote.

Foto:

Gustavo A. Castillo Arenas

11 de marzo 2017 , 04:15 p.m.

Para los primeros 200 habitantes del nuevo casco urbano de Gramalote (Norte de Santander), el viaje realizado este sábado fue la última escala de un éxodo de seis años, que empezó el 17 de diciembre de 2010, cuando el desprendimiento del cerro de la Cruz, como consecuencia de las lluvias de aquel entonces, agravó la falla geológica en la que se asentaba el antiguo pueblo y lo redujo a una montaña de escombros. (Vea aquí imágenes de la jornada de retorno). 

A las seis de la mañana, media hora antes de iniciar la procesión de carros y camiones con la mudanza de las 54 familias con las que se empezó a repoblar el recién construido municipio que se levantó en 100 hectáreas de la vereda Miraflores, Alcira Molina de Rincón ya tenía desocupado el rancho de paredes de madera y piso de barro que sirvió de hogar para ella y su esposo, durante el tiempo de desarraigo. (Lea también: Tras 6 años de la tragedia, damnificados de Gramalote cumplen su sueño)

Gramalote

De acuerdo al reporte oficial, se estima que 240 personas llegarán a Gramalote.

Foto:

Gustavo Castillo

A esta gramalotera de 58 años no le gusta la impuntualidad. Por eso, desde antes de que el sol se asomara en el horizonte, empezó a sacar las pocas cosas que la acompañaban y, con la ayuda de sus vecinos, las acomodó al borde de la carretera para unirse al trasteo de las demás familias que le dieron los primeros soplos de vida a esta población nortesantandereana que emergió encaramada en la Cordillera Oriental.

Junto al arrume de enseres, entre ellos una nevera, la estufa, la cómoda, el televisor, las ollas y las maletas -que pudo reunir gracias a la caridad y la bondad de familiares y conocidos-, elevaba plegarias a la virgen de Monguí, patrona de estos habitantes.

Esta ama de casa no menciona lo ocurrido el día de la tragedia, porque “de lo que poco se habla, fácil se olvida”, dijo. Cuando suele evocar aquel episodio, también recuerda la calidez de la gente que habitaba en el antiguo Gramalote, la tranquilidad que se respiraba, la sencillez con la que se vivía allí, hasta que una noche la devastación sorprendió a los más de 3.000 habitantes de esa localidad, agrietando paredes, derribando techos y desplomando casas.

Gramalote

Luego de una falla geológica en el 2010, las familias tuvieron que abandonar el pueblo.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

En medio de esa cascada de emociones que avivan las cicatrices del pasado, contó que fue triste huir despavorida de su hogar, sin nada más que con la muda de ropa puesta, abandonando el lugar donde ella y su esposo, Carlos Julio, tenían planeado pasar los años de la vejez.

A pesar del recuerdo amargo, Alcira dijo que cuando se acomode en la casa del nuevo pueblo, surgirá la posibilidad de escribir otra historia. “Esto es como volver a nacer, en otro lugar, bajo nuevas viviendas, pero con la misma gente”, puntualiza.

Abordo de la caravana, saludó efusiva a quienes fueron sus vecinos por más de 50 años, y que como ella se reponen del abismo de necesidades en el que la catástrofe los sumergió, pero del que se empezaron a librar mientras se instalaban en una de las 1.007 del proyecto de reasentamiento de Gramalote, que lidera el Fondo de Adaptación, con una inversión superior a los 400.000 millones de pesos.

A ritmo lento fue avanzando durante toda la mañana la fila de camiones, carros y motos, atiborrados de enseres que viajaron desde Cúcuta, Lourdes y Santiago donde se asentaron durante este tiempo los pobladores damnificados, al renacido Gramalote, el primer municipio de Colombia del siglo XXI.

"¡Qué emoción! Llegamos a nuestro nuevo hogar. Recuerdo que la noche de la tragedia me desconsolé llorando, así como el día en que me entregaron las llave de la nueva casa, hace tres semanas", relató Alcira Molina, mientras se desprendía de la mano de su esposo, a la que estuvo aferrada en todo el trayecto, y con quien le dará calidez a su pequeño hogar.

Para darle la bienvenida a los pobladores, y obedeciendo a la devota tradición de esta comunidad nortesantadereana, el obispo de Cúcuta, monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, profesó una misa en el parque de la nueva cabecera municipal, donde se construyó una plaza de mercado, una red de vías de acceso y un centro administrativo con el despacho del Alcalde, el Concejo, una oficina de la Registraduría y una entidad bancaria. Otras obras, como el colegio y el hospital, aún están en construcción.

"De esa noche en que salieron los habitantes sin su ropa, sin sus fotos, sin sus electrodomésticos, de tanto sufrimiento que padeció Gramalote, algo bueno debe germinar (...) Traigo esta figura de la virgen de Monguí para que no pierdan la fe de un mejor mañana", manifestó el Obispo.

Seis años después, las personas reasentadas reconocieron que la parte del desaparecido pueblo que las acompañó en este destierro ha sido la torre del campanario de la iglesia San Rafael, que continúa en pie en medio de la zona de la desvastación, como muestra de la fe que esta población ha tenido durante el tiempo de espera.

Una cometa en forma de ave fénix, fue elevada al cielo encapotado, como símbolo de la resurrección que vive el municipio. 

Gramalote

el recién construido municipio se levantó en 100 hectáreas de la vereda Miraflores.

Foto:

Gustavo Castillo / EL TIEMPO


“Hoy es un día histórico para Gramalote, porque el pueblo empieza a latir más fuerte. Arribaron las primeras familias y el reto es reactivar su economía", declaró Iván Mustafá, gerente del Fondo de Adaptación.

De acuerdo con esa entidad adscrita al Ministerio de Hacienda, a lo largo de este año se van a realizar otros tres traslados con las mismas dimensiones para desplazar 530 personas al nuevo municipio.

La ejecución de esta obra estuvo rodeada por numerosos atrasos y dilaciones en la adquisición de predios, y en la expedición de licencias ambientales
, como ocurrió con el permiso para iniciar los trabajos en el terreno del primer tramo vial de la vía de acceso de 8,8 kilómetros que conectará el sitio donde emerge el nuevo pueblo con el sector de Puente Cuervo.

Sin embargo, seis años después, el renacer de esta población nortesantandereana es una realidad gracias a la ordenanza departamental 002 del 27 de febrero de 2014, que le dio luz verde a un proyecto del que no se tiene precedente alguno en la historia reciente del país.

GUSTAVO A. CASTILLO ARENAS
Enviado Especial EL TIEMPO
Gramalote

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