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‘La reconciliación no es una palabra abstracta’: Francisco

El mensaje lo pronunció el sumo pontífice frente a más de 500.000 asistentes en Villavicencio.

Papa Francisco en Villavicencio

Los llaneros respondieron con masiva asistencia, fervor religioso y expresiones de la cultura regional a la visita del Papa.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

08 de septiembre 2017 , 10:44 p.m.

En los 18 megaparlantes dispuestos en la explanada de Catama, donde el papa Francisco ofreció este viernes su multitudinaria misa campal, retumbó la voz piadosa de un hombre a las 7:05 de la mañana. “Pidámosle a la Virgen para amainar la lluvia”, se escuchó.

Enseguida, Jorge Castro, su esposa y sus dos hijas inclinaron la cabeza y juntaron las manos en posición de oración, al igual que lo hizo la mayoría de feligreses que asistieron allí para ver y escuchar el mensaje de reconciliación que trajo a Colombia el máximo jerarca del mundo católico.

“Es un mensaje que llega en un momento oportuno. Nos hace tomar conciencia de lo que debemos cambiar”, dijo Castro.

Este villavicense, de 48 años, y su familia habían llegado a la explanada a las 2 de la mañana vestidos de blanco. En el mejor de los casos, terminaron embarrados hasta la pantorrilla.

Francisco, posiblemente el más encumbrado personaje mundial que haya tocado tierra llanera, fue recibido en una calle de honor por representantes de 102 pueblos indígenas y al iniciar la misa se encontró a unas 650.000 personas.

Muchos de esos feligreses fervorosos empezaron a llegar el jueves en la noche para conseguir el mejor lugar posible en el predio de Catama. Los primeros en entrar a la explanada, tan grande como 44 canchas de fútbol, fueron cerca de 22.000 jóvenes que hicieron vigilia desde las 10 de la noche del jueves.

El mensaje sobre la reconciliación que dio el Papa en VillavicencioEl mensaje sobre la reconciliación que dio el Papa en Villavicencio
Papa Francisco en Villavicencio

“El acceso y la organización estuvieron muy bien”, dijo José Capela, miembro de una familia de Villavicencio que reside en Bogotá y quien llegó a las 6 de la mañana.

“Felicitamos a la organización, todo estuvo como esperábamos: muy bonito”, comentó su esposa, Bertha Hernández. “El mensaje de la reconciliación es muy importante para los jóvenes, que deben salir adelante para hacer los cambios que necesitamos como pueblo”, observó serio Capela.

Él y su esposa decidieron ir a la misa del Papa en su tierra y no a la de Bogotá, porque querían estar acompañados de los suyos. “Además, en Bogotá es muy difícil la movilidad. Desde donde uno esté, todo es lejos, en cambio aquí todo es cerca”, comentó Capela.

El fervor de los villavicenses pareció tener efectos para un día cuyo pronóstico era de lluvia. La ligera llovizna que empezó a caer a las 5 de la mañana finalmente se detuvo unos minutos antes de llegar el pontífice, pasadas la 9:20.

‘Dormimos de pie’

La temperatura con el cielo gris alcanzó rápidamente los 27 grados centígrados y muchos de los visitantes empezaron a sentir los rigores del clima.

Otros que no la tuvieron nada fácil fueron los cerca de 6.200 voluntarios de la organización de la eucaristía, provenientes de parroquias de la Orinoquia. Les tocó llegar a las 7 de la noche del jueves.

“Dormimos de pie. La alimentación y todo corría por cuenta nuestra. Pero yo sé que Dios nos lo paga”, dijo Neyith Herrera, voluntaria de 36 años, que aprovechó sus vacaciones en una plantación de palma de Villanueva, Casanare, para enrolarse como colaboradora y asegurar su asistencia al evento papal

Es un mensaje que llega en un momento oportuno. Nos hace tomar conciencia de lo que debemos cambiar

Con tono llanero

Las plegarias de los asistentes en la misma fueron acompañadas por la Sinfónica de la Corporación Batuta, integrada por 320 músicos de barrios populares de Villavicencio, entre ellos 30 intérpretes del arpa, uno del cuatro y otro de las maracas.

Los cánticos los hizo un coro de 320 voces escogidas en diferentes zonas de la ciudad. Entonaron 14 canciones que le dieron a la misa un tono llanero, sin que perdiera la solemnidad.

Dolores Garzón, de 76 años, estaba feliz con la música que oyó y todo lo que dijo el Papa. Con tres rosarios al cuello, se había venido desde Casanare y había llegado a las 3 de la mañana. Aguantó la espera con paciencia y se gozó la misa. Y a la salida de la misa, le deseó salud a Francisco y le dibujó con la mano una bendición en el cielo, que aún permanecía gris.

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Cuando recién llegó el papa Francisco este viernes a la misa campal, en Villavicencio, fue saludando a la multitud desde el papamóvil. Pegados a la barrera de contención, varios padres con sus hijos enfermos trataban de obtener de su santidad un milagro de sanación. Fue el caso de Omar Amaya, quien levantó a su pequeña María Isabel, afectada por una enfermedad incapacitante, hasta llamar la atención del Papa, que hizo detener el vehículo. Francisco la alzó por un momento en sus brazos. Amaya dijo que tiene fe absoluta en que la niña se sanará.

JUAN CAMILO PEDRAZA
Enviado Especial de EL TIEMPO
Villavicencio

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