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Cruzar un puente destruido, el riesgo que deben correr en Caldas

El pasado 16 de mayo, la creciente del río Cauca se llevó, por cuarta vez, el puente de El Pintado.

Por ola invernal cayó el puente El PintadoPor ola invernal cayó el puente El Pintado
Filadelfia (Caldas)

Pese a que las autoridades recomendaron cerrar el paso por el peligro que representa, los habitantes del sector arriesgan su vida, haciendo equilibrio sobre las ruinas. John Jairo Bonilla / EL TIEMPO

26 de mayo 2017 , 05:32 p.m.

Mientras el río Cauca rugía bajo sus pies, la profesora Ana Esperanza Bernal hacía equilibrio el martes pasado sobre los cables que quedaron del puente de El Pintado, en Filadelfia (Caldas), luego de que la creciente del pasado 16 de mayo lo sobrepasó casi dos metros y lo dejó en ruinas.

Hoy, las tablas de teca cuelgan de un solo lado. Con el extremo que debería dar a la otra baranda, rasgan el agua que, con la fuerza que le da el invierno, mece los restos de la estructura. Esta, sin embargo, sigue siendo la salida más corta para que unos 200 habitantes del sector vayan a trabajar, mercar o vender sus cargas de panela.

“Este puente es importantísimo. Pero yo no vuelvo a cruzar esto sola”, advertía la docente. Sus otras opciones quedan a horas de camino a pie, entre una y tres, según el caso. Las más cercanas son por la carrilera hasta La Felisa, corregimiento de La Merced (Caldas), o, por el otro lado, hasta una garrucha en Irra, jurisdicción de Quinchía (Risaralda).

También puede ir por un camino de herradura al sector de El Guayacán, pero es la ruta más larga. Además, los habitantes del sector consideran que transitar por esas vías es imposible con la temporada invernal. Cuentan que las botas de caucho se les quedan enterradas en el barro, a lo que se suma el riesgo de que les caiga un deslizamiento de tierra.

Hay quienes prefieren ese riesgo antes que usar la cuerda floja de 70 metros en que se convirtió el puente. Ana Esperanza cuenta de una niña de 13 años que hacía, a diario, hora y media de camino por el ferrocarril hasta la Institución Educativa La Felisa, donde estudia. No obstante, ahora tienen suspendidas las clases, también por el paro de maestros.

Hay quienes prefieren ese riesgo antes que usar la cuerda floja de 70 metros en que se convirtió el puente

Bernal, de 49 años, trabaja con el programa de primera infancia De Cero a Siempre. Tiene 12 alumnos de un lado del río y 18 más del otro. “Me toca partirme para poder atenderlos a todos. La esperanza de nosotros es que vuelva el verano y se sequen esos pantanos”, dice.

Fuera de sus estudiantes menores de seis años, en la zona hay 20 mayores que usaban el puente a diario para ir a sus colegios. Del otro lado, hay 14 niños de preescolar y primaria que asisten a una escuela de la vereda y, en esta, por lo menos seis hacen su bachillerato en planteles que están cruzando el Cauca.

Otros afectados son los 16 trabajadores de la hacienda El Pintado, que le da nombre al sector. Gabriel Vinasco, de 60 años, todavía arriesga su vida dos veces al día (ida y regreso) para hacer oficios varios en la casa principal. “Uno es consciente de que salir del río es difícil si uno se cae. Al dueño no le gusta mucho que yo me pase por ahí, por eso. Pero uno se resuelve”, reconoce.

La propiedad le pertenece a la Fundación Berta Arias de Botero (Fundarias), que la utiliza para la cría de ganado y, con las ganancias del negocio, apoya a adultos mayores en diferentes partes del país. Las vacas, por cierto, pastan en los terrenos del otro lado del Cauca y ahora tampoco hay vía para sacarlas de allá.

Con ese interés, ha sido esta empresa la que ha contratado durante años el mantenimiento del puente. Incluso, trajo de Arboletes (Antioquia) la madera de teca para reponer el tablado la última vez que el agua se lo llevó, en el fenómeno de la Niña de 2011; le hizo instalar cables nuevos y reforzó los pilones inclinados por el desgaste de sus bases tras 130 años de construcción.

La estructura también la aprovechan vecinos que cruzan para ir a trabajar en las minas de oro de Marmato, Riosucio, Supía y otros municipios cercanos. O paneleros, como Marco Tulio Vinasco, que pasó por ahí seis veces el fin de semana. Cada una de las tres idas, con 24 kilos del producto amarrados a su espalda.

Filadelfia (Caldas)

Unas 200 personas en veredas como La Soledad, La Amapola y La Palma quedaron incomunicadas.

Foto:

Jonh Jairo Bonilla / EL TIEMPO

Este hombre de 46 años dice que “uno se confía es en Dios para poder pasar, a pesar de que uno siente nervios, de todas maneras”. Lo que importa es poder sacar la panela a la vía Manizales-Medellín, donde ya avanzan las obras de la concesión Pacífico 3, para que el endulzante llegue a los pueblos donde se vende para darle el sustento a su familia.

Es por eso que la comunidad espera una solución con urgencia. Por ahora, pide que el Ejército instale un puente provisional mientras las autoridades pueden arreglar el otro. El alcalde de Filadelfia, Germán Zuluaga Duque, ya está gestionando esa posibilidad o, en su defecto, una lancha.

Uno se confía es en Dios para poder pasar, a pesar de que uno siente nervios, de todas maneras

Entre tanto, las autoridades nacionales le recomendaron al mandatario local cerrar el estropeado paso peatonal, para prevenir accidentes. No obstante, la manera más fácil de hacerles llegar 14 mercados e igual número de ayudas a las familias damnificadas por las lluvias en El Pintado fue, precisamente, pasarlos por allí.

Otras veredas afectadas, como La Soledad –donde la mayoría de la población es indígena–, La Amapola y La Palma, ya tienen asignadas 36 ayudas más de parte de la Unidad Departamental para la Gestión del Riesgo (Udeger) y la Cruz Roja seccional Caldas. Pero esas cajas sí serán llevadas por otras vías este fin de semana, al menos hasta El Guayacán, para que sean reclamadas.

¿Con qué lo curaremos?

A largo plazo, tampoco está del todo claro cómo se va a reparar el puente ni a quién le corresponde hacerlo. Esta semana, el alcalde Zuluaga y un ingeniero de la Secretaría de Infraestructura de Caldas visitaron el lugar para hacer una evaluación preliminar de la situación y plantearon varias posibilidades.

La más difícil, costosa y demorada sería construir una estructura nueva y más alta, para evitar que el río se lo vuelva a llevar, como lo ha hecho ya en por lo menos cuatro ocasiones. En principio, lo que los funcionarios ven más viable es reponer los cables reventados y volver a templar el puente.

Filadelfia (Caldas)

Es la cuarta vez que el agua se lleva la estructura colgante, que existe desde hace 130 años.

Foto:

Jonh Jairo Bonilla / EL TIEMPO

Según el mandatario filadelfeño, “a esto hay que correrle para hacer un diagnóstico, ver qué hay que hacer y mirar cuáles son los recursos, porque está en juego la vida de mucha gente”. Pese a esto, los funcionarios pidieron tener en cuenta que el Estado requiere tiempo para surtir los trámites administrativos propios de cualquier obra.

Hasta el momento, varias entidades han expresado su intención de contribuir para que la solución esté lista lo antes posible, desde la vecina Alcaldía de Riosucio y el Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec), hasta el Instituto Nacional de Vías (Invías), pasando por la Gobernación y la Udeger.

Tampoco está del todo claro cómo se va a reparar el puente ni a quién le corresponde hacerlo.

Fundarias, por su parte, ya pidió que la firma privada que ha contratado antes para el mantenimiento del puente visite el lugar la próxima semana, con el fin de obtener un primer diagnóstico especializado de la situación. La fundación incluso se ofreció a poner de su bolsillo para hacer la obra rápido, a cambio de una exoneración del impuesto predial.

Lo seguro es que, mientras se discuten las opciones y se ejecutan las obras, los habitantes de la zona siguen esperando, por lo menos, un arreglo provisional, para poder ir a estudiar y trabajar de nuevo, sin el miedo de perderse en el rugido del Cauca bajo sus pies.

JOSÉ FELIPE SARMIENTO
Corresponsal de EL TIEMPO
FILADELFIA (CALDAS)

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