Otras Ciudades

Dios escuchó las plegarias de los Ramírez

El Papa beatificó a dos colombianos, Pedro María Ramírez y Jesús Emilio Jaramillo, en Villavicencio.

Padre Pedro María Ramírez

El padre Pedro María Ramírez fue beatificado por Francisco.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

08 de septiembre 2017 , 10:06 p.m.

Con un abrazo y un llanto contagioso terminaron este viernes 60 años de plegarias y súplicas de varias generaciones de la familia Ramírez. La petición que los abuelos les inculcaron a los hijos y estos a su vez a los suyos fue escuchada y, sobre todo, cumplida.

“(…) Pedimos por tu gracia y que sea elevado a la gloria de los altares”, era la petición que hasta hace unos meses los miembros de la familia religiosamente tenían cuando oraban.

El padre Pedro María Ramírez, el mártir de Armero, como también se lo conoce, fue declarado beato, junto al obispo de Arauca Jesús Emilio Jaramillo, durante la misa campal que el papa Francisco celebró en Villavicencio, y que se convierte en la primera ceremonia de beatificación fuera de Vaticano.

"De ahora en adelante serán llamados beatos", fueron las palabras del santo padre que hizo que los Ramírez entraran en tanto entusiasmo que no contuvieron las lágrimas. El beato fue asesinado el 10 de abril de 1948, durante los disturbios que se generaron tras el magnicidio del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán y por eso se le considera mártir de la iglesia Católica.

"Las lágrimas brotaron de mis ojos, fue inevitable", dice Álvaro Ramírez, un nonagenario huilense y hoy el miembro más longevo de la familia, que este viernes se volvió a reunir, con motivo de la beatificación. A ese acto religioso asistieron 120 miembros de los Ramírez, muchos viajaron de Europa y Canadá, y luego se fueron a almorzar juntos.

Don Álvaro, quien mañana ajustará 90 años de vida y es sobrino del nuevo sacerdote colombiano declarado beato, es uno de los dos Ramírez que aún sobreviven y que conocieron y trataron en vida a Pedro María. El otro es Jorge Valenzuela, hijo de una hermana del beato y quien perteneció a la comunidad jesuita.

Álvaro recuerda al padre Pedro María desde que era niño y dice que él fue quien lo llevó al seminario menor de los jesuitas. Quería otro religioso en la familia, pero cuatro años después, el sobrino decidió abandonar esa idea.

“Yo quería ser sacerdote, pero luego me di cuenta de que no tenía la vocación”, insiste este huilense que ha vivido como un hombre digno de ser familiar de un beato y asegura que durante la misa sintió la presencia de su tío.

Nosotros crecimos viendo su devoción y viéndolo como protector de la familia, incluso el día de su muerte”, agrega Álvaro.

Precisamente, cuando presentía que iba a morir, el padre escribió con su propio puño y letra un contundente mensaje: “A mi familia, que voy a la cabeza, porque hay que aprender a morir por Cristo y su fe. Con especial cariño, los miraré desde el cielo”.

Y era el protector incluso en vida. El padre -recuerdan otros miembros de los Ramírez- fue el más preocupado para que sus sobrinas y sus sobrinos estudiaran. A las mujeres las llevaba a colegios de comunidades religiosas y a los hombres, a los seminarios.

Hoy, todos los Ramírez empiezan el retorno al Huila y otros a Bogotá o al extranjero, donde varios ahora viven, con la tranquilidad de que Dios les escuchó sus plegarias.

GUILLERMO REINOSO RODRÍGUEZ
Enviado especial de EL TIEMPO
Villavicencio

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