Otras Ciudades

Un centenar de pandilleros de Cartagena cambian armas por biblias

Los jóvenes son miembros de cuatro pandillas de zonas deprimidas de la ciudad.

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El pastor Esteban Acosta (foto), líder de La Unción, logró convencer a estos jóvenes de despojarse de sus armas.

Foto:

Yomaira Grandett / EL TIEMPO

22 de septiembre 2016 , 10:05 p.m.

Changones, ‘champetas’ (cuchillos), revólveres y machetes fueron algunas de las armas que entregaron el jueves, en Cartagena, 100 jóvenes integrantes de cuatro pandillas. A cambio recibieron biblias. La campaña fue liderada por la comunidad cristiana de La Unción.

“Pasé ocho años en esta guerra, en la cual caí en todo tipo de delitos, pero nunca maté, sí extorsioné y peleé a cuchillo, pero ahora Dios me escogió y me salvó de una mala muerte por ahí en cualquier calle”, dijo Félix Chiquillo, quien entregó un changón hecho con tubos, el cual se accionaba al jalar un tornillo hacia atrás. Un arma de fabricación casera.

Al evento, que se llevó a cabo en la plaza de la Aduana, frente al edificio de la Alcaldía del distrito, arribaron jóvenes de las pandillas ‘los Triquis Nice’, ‘los Wenceslao’ y ‘los de la Oriente’, todos del barrio San Francisco, una de las zonas más deprimidas de Cartagena.

“Estamos trabajando con 400 jóvenes pandilleros que, por falta de oportunidades y una cultura de violencia, han caído en la delincuencia. Hoy, 100 de ellos entregaron sus armas, y algunos han asesinado”, relató el pastor Esteban Acosta, máximo líder de la comunidad cristiana La Unción y quien iba entregando biblias en la medida en que los jóvenes se despojaban de su armamento.

Hasta una tarima fueron subiendo y, uno a uno, los jóvenes que sacaban sus armas de entre los bolsillos y las ubicaban sobre una mesa, cubierta con un mantel blanco, a cambio recibieron la biblia cristiana.

“Esta arma que hoy dejas apagaba vidas; este libro sagrado que te entrego enciende almas”, les decía el pastor a cada uno de los muchachos en una especie de ritual.

Me salgo, primero por mi mamá, que sufre y que desde que va a la iglesia está mejor; ahora me toca a mí ponerme a trabajar y salir de esta guerra”, aseguró Michel Ortiz, un joven de 17 años del sector de Loma Fresca.

La ceremonia fue acompañada por música góspel, alabanzas y cánticos cristianos.

Todos los jóvenes, que en sus rostros reflejaban las cicatrices de la guerra urbana, portaban camisetas colores café y azules con la frase “Cartagena, territorio de Cristo”.

JOHN MONTAÑO
Corresponsal de EL TIEMPO

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