Otras Ciudades

La palma de cera cumple 31 años como símbolo patrio

Autoridades buscan declarar el valle de Cocora como un santuario de esta especie.

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La palma de cera fue declarada como árbol nacional tras la ley 61 aprobada por el Congreso y sancionada en septiembre de 1985.

Foto:

Jhon Jairo Bonilla

19 de septiembre 2016 , 09:44 a.m.

Con actividades como un homenaje a las personas que siembran y conservan las palmas se inició la celebración de la semana de la palma con la que se conmemorarán los 31 años de la palma de cera como símbolo patrio.

Las gigantescas Ceroxylon quindiuense, o palmas de cera, se imponen en el valle de Cocora, aparecen enfiladas alrededor de las montañas. Son las más altas del mundo, pues llegan a medir hasta 52 metros, y, aunque es reconocida desde hace 31 años como el árbol nacional, y de hecho como homenaje ahora aparece en el billete de 100 mil pesos, no se ha librado de las amenazas de muerte que la acechan.

La alerta nacional por el trámite de títulos mineros en áreas cercanas al valle de Cocora es la más reciente de ellas. A la Agencia Nacional Minera (ANM) llegaron varias propuestas de concesión para hacer exploración y explotación de oro y platino en estos predios, no obstante tras la polémica, la directora de la ANM, Silvana Habib Daza, dijo desde Armenia que no aprobaría dichas concesiones.

Pero esta no es la única amenaza. Expertos como el botánico Rodrigo Bernal, doctor en Ciencias del Instituto de Biología de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y autoridad nacional en palmas de cera, reveló hace casi tres años que las palmas en Cocora se estaban muriendo de viejas.

Decenas de ejemplares adultos están en las fases finales de su ciclo de vida y su descendencia está en peligro ya que las plántulas que caen desde sus ramas y que son como la semilla de un nuevo ejemplar son arrasadas por la ganadería.

En un reciente recorrido por Cocora, Bernal aseguró que el hábitat de la palma de cera se ha reducido en más del 50 por ciento en un período de 210 años.

Ahora quedan unas seis mil palmas en este valle mientras que al otro lado de las montañas, en la cuenca del río Tochecito, en Tolima, hay unas 600 mil.

El estudio de Bernal y María José Sanín, publicado (en 2013) en la revista especializada Colombia Forestal, además planteó como solución la creación de una zona protegida o un santuario nacional de la palma de cera en Cocora. Sin embargo en su momento la propuesta no tuvo tanto eco hasta este año luego de la polémica por concesiones mineras.

El Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Luis Gilberto Murillo acogió la propuesta de la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) de establecer un corredor biológico pero luego este le dio paso a la Ruta de la palma, financiado en su mayoría por el Ministerio.

La propuesta de la zona de conservación en el valle de Cocora también fue aceptada por el Instituto Humboldt. “En investigaciones nos dimos cuenta de que necesitamos un área protegida simbólica que acoja las poblaciones más importantes de la palma de cera, que sea un santuario para esta población y el Instituto por primera vez hace una propuesta al Ministerio y a Parques Nacionales”, dijo la directora del mismo, Brigitte Baptiste, durante el lanzamiento de la ruta en Salento.

La directora comentó que fue Bernal quien elaboró el plan de recuperación de la palma de cera y las bases del diseño del área protegida. “Con esto se garantiza la viabilidad de las poblaciones de palma de cera de manera indefinida”.

El diseño de la ruta hace parte de un proceso de concertación con los propietarios de predios privados, de acuerdo a los datos que entregó la directora de Parques Nacionales Naturales, Julia Miranda.

Y explicó que luego se solicita un concepto de la Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales que estudia la pertinencia del documento final porque “es una responsabilidad muy grande, una vez declarada un parque nacional o en ese caso un santuario, que es una de las categorías de Parques Nacionales, queda declarado a perpetuidad, protegido por la ley de Colombia”.

Pero la creación de un santuario es precisamente la razón por la que algunos propietarios de predios no quieren que siembren nuevas palmas en sus terrenos, según contó la ingeniera forestal de la CRQ, Noemí Medina Guzmán, “la gente a veces tiene muchos mitos y creen que la zona se convierte en intocable o en santuario”.

La funcionaria aclaró que el proceso de concertación previo a la siembra de palmas de cera y otras especies “es largo y dispendioso, con los predios de entes territoriales no hay problema y algunos privados, pero tenemos que cobijar toda la zona, no todos los dueños son asequibles y aceptan”.

El turismo, un arma de doble filo

Si bien el turismo es actualmente la principal economía del municipio de Salento, que hace años dejó de ser una localidad netamente agrícola, para los ambientalistas, el turismo también ha hecho lo suyo para contribuir al deterioro del símbolo patrio.

La construcción de restaurantes y parqueaderos cerca al área donde crece la palma, son una amenaza latente. De hecho el alcalde Juan Miguel Galvis expidió un nuevo decreto que prohíbe el ingreso hasta el valle de Cocora de buses cuyo tamaño sea superior a 10.9 metros de longitud.

La secretaria de Gobierno de la localidad, Amanda Tangarife, dijo que “la gente sigue llegando hasta la zona urbana y desde allí pueden desplazarse en otro tipo de transporte hasta Cocora”.

Con esta nueva medida, las autoridades buscan proteger y detener el impacto ambiental que ocasiona el turismo y los cientos de visitantes que llegan hasta esta zona.

Otra de las medidas de la Administración Municipal es instalar un peaje en el valle de Cocora, propuesta que el ministro de Transporte, Jorge Eduardo Rojas, aceptó hace pocos días en una visita al municipio. “Vamos a aprobarle el peaje, si el alcalde lo pone, nosotros como Ministerio de Transporte le damos el permiso”, afirmó el ministro.

Salento celebra la semana de la palma

Conversatorios, ferias de la biodiversidad biológica, un carnaval y obras de teatro hacen parte de la agenda de eventos para celebrar las poco más de tres décadas del árbol nacional, tras la ley 61 aprobada por el Congreso y sancionada el 16 de septiembre de 1985 por el presidente Belisario Betancur.

ARMENIA

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