Otras Ciudades

Los novedosos niños que aún envían cartas

Hijos del siglo XXI, acostumbrados a las redes sociales, se escriben para conocerse entre ellos. 

Cartas

Las profesoras los ven “motivados” con sus nuevos amigos y ellos esperan poder conocerlos en persona al final de este año.

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John Jairo Bonilla

10 de septiembre 2017 , 11:10 a.m.

En hojas de cuaderno, algunas decoradas con resaltadores y lapiceros de colores, 21 estudiantes de la Institución Educativa Manizales, en el barrio San José, se esfuerzan por contarles sobre sus vidas a otros estudiantes desconocidos de la sede Manuelita Sáenz del colegio Sinaí, en Villahermosa.

Viviana Arenas es una de las mayores. Tiene 14 años, los mismos que la web Myspace. Para su quinto cumpleaños, ésta ya había sido destronada por Facebook como la red social con más usuarios, las celebridades y los políticos daban noticias por Twitter y la aplicación estrella en mensajería instantánea era BlackBerry Messenger.

Los niños de menos edad en los grupos nacieron en 2008, un año antes de la fundación de WhatsApp. Están acostumbrados a chatear, al doble chulo azul, a los emojis. Pero sus profesoras y las bibliotecas públicas de sus barrios han decidido ponerlos a escribir cartas como ejercicio de redacción y socialización.

Para Viviana, “copiar es más maluco y hay que esperar cuatro días o más por una hoja, en cambio el wasap llega de una”. Por eso le pidió a su amigo epistolar, Juan Sebastián, que le diga cómo encontrarlo en Facebook y espera que le llegue pronto la respuesta.

Otros han disfrutado el trabajo más que ella, aunque también les ha costado. “Es la primera vez que lo hago y me gustó. Al comienzo, fue un poco maluquito escribir tanto, pero después uno se acostumbra”, confiesa José Alejandro López, de 11 años. Ha tenido un buen comienzo, porque comparte algunos gustos con su nueva amiga.

Ella se llama Kelly Johana López, tiene 10 años y opina lo mismo. Cuenta que “a él le gustan los mismos programas que yo veo en televisión, Soy Luna y los muñecos de Star vs. las fuerzas del mal”. Alejandro, por su parte, le agrega a la lista la clase de educación física, el fútbol y el atletismo.

El ejercicio fue una idea del coordinador de la biblioteca pública satélite del barrio Galán, en la comuna San José, Santiago Castro Duque. Él da algunas pautas sobre temas para que los estudiantes les cuenten a sus destinatarios y, además, se convirtió en el cartero elegido.

“Ha sido un proceso arduo. No siempre llegan todas las cartas porque, de pronto, algún niño no va al colegio. Pero, si una semana no se pueden entregar, ya para la siguiente van dos”, explica. Además, trabaja de la mano con el coordinador de la biblioteca de Villahermosa, Hugo Giraldo, y las profesoras de los niños de cada plantel.

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Los niños han aprendido a escribir las cartas con la estructura adecuada y a leerlas con la entonación que sugieren los signos de puntuación. Pero todavía hay un largo camino de ortografía por recorrer.

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John Jairo Bonilla

En general, son alumnos de grados 4° y 5° de primaria. Pero los de la I.E. Manizales son mayores porque están en el grupo de aceleración del aprendizaje, porque han estado uno o dos años fuera del sistema educativo o tienen necesidades especiales.
La diferencia de edades tiene escasa importancia para los niños de ambos lados.

“Allá son más grandes que nosotros. Nos están enseñando cosas”, señala Miguel Ángel Ospina, de la Manuelita. Su compañera Laura Sofía Gómez agrega que en el Manizales también pueden aprender sobre Villahermosa.

Ella es de las que están más contentas con la tarea de escribir.
–A mí me da normal porque yo también he mandado muchas cartas –dice.
–A los novios –le complementa una amiga y las dos se ríen.

El punto es que han progresado. La profesora Verónica Bojacá Castaño, de San José, recuerda que las primeras cartas eran de solo uno o dos renglones (como mensajes de texto). “Ya ahorita tienen un poquito más de producción. Además, a nivel teórico, también desarrollamos un trabajo sobre la estructura y la historia”, afirma.

También leen con mejor entonación, porque reconocen mejor los signos de puntuación. Aunque, claro, todavía queda camino por recorrer. “Uno trata de que salgan bien las cosas, pero no ha de faltar la mala ortografía o redacción. Pero es un proceso y no podemos desconocer que son niños. Más adelante lo harán mejor”, asegura la profesora Martha Lucía Rodas, del otro colegio.

No obstante, Verónica resalta que otro fin de la actividad es “que los chicos pierdan la timidez, aprendan a expresar sus pensamientos y se relacionen con los de otras instituciones”. Incluso ella tiene su propio amigo epistolar de 9 años, José Manuel Loaiza, que está orgulloso de que le “tocó la ‘profe’ ”.

Tal vez ese es el mayor éxito. Todos hablan de la integración que esperan hacer a final de año. Algunos, incluso, de una fiesta.

Y también quieren practicar lo aprendido para escribirle a “las personas que uno quiere, como la mamá”. Eso dice Juan Diego Aguirre, de 13 años. Algo parecido opina el papá de Santiago Cárdenas, de 12, –o así lo citó él– “que podemos mejorar la mente y la comunicación, para decir cosas lindas y entrar en confianza con la gente”.

Ese aprendizaje, el humano, es el más valioso. Porque trasciende el medio y lo podrán poner en práctica en papel o por WhatsApp.

MANIZALES

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