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Así viven en López de Micay, el pueblo donde más llueve en Colombia

#PueblosInsólitos. En este municipio caucano caen hasta 13.000 milímetros de agua al año.

López de Micay, el municipio donde más llueveLópez de Micay, el municipio donde más llueve
López de Micay, el pueblo más lluvioso de Colombia
24 de mayo 2017 , 12:06 p.m.

“San Miguel Arcángel, que nunca deje de llover”. Sonia Lucía Riascos musita la plegaria y también enciende una vela a la Virgen del Carmen, mientras se escuchan los golpes de la lluvia sobre los tejados de zinc en López de Micay, un pequeño municipio ubicado en el noroccidente del Cauca.

De repente, por la calle suena la canción 'Gotas de lluvia', del Grupo Niche, nada más apropiado para la ocasión. Hace calor, pero está lloviendo, como ocurre durante por lo menos 10 de los 12 meses del año.

Lo extraño sería que no lloviera en López, como le dicen a este municipio, el campeón de los aguaceros del país y donde han llegado a caer 15.965 milímetros de agua en un año, aunque en promedio se desprenden entre 12.000 y 13.000 milímetros anuales. La cifra contrasta con la de zonas desérticas en La Guajira, donde caen 100 milímetros de agua al año, o en regiones como la sabana de Bogotá, donde llueve un promedio de 910 milímetros anuales.

López, según expertos, supera a Cherrapunji, en India, y a Mount Waialeale, en Hawái, que figuran entre los lugares con más precipitaciones del mundo.

Los aguaceros son todo en este municipio de 23.000 habitantes, la mayoría afrocolombianos, que viven tanto en la cabecera, como en sus 34 corregimientos y más de 40 veredas.

La cabecera de López no tiene barrios, ni nomenclatura. Solo nombres para las angostas y pocas calles en esta tierra húmeda y caliente. Doña Sonia, de 64 años, vende helados de coco que prepara con el agua que cae del cielo para calmar la sed de sus vecinos de la calle San Francisco.

Su casa, como la de la mayoría, tiene dos tanques en el patio, uno de 500 y el otro de 1.000 litros de capacidad, a donde va a parar el agua que corre por el techo. Doña Sonia la usa para tomar y preparar los alimentos para ella y su esposo, para bañarse y para el sanitario.
Aunque en el baño y en la cocina hay grifos desde hace más de tres décadas, por allí no llega ni una gota. En cambio, en otras casas de las 600 de toda la cabecera, el líquido llega, pero solo por una hora.

Ella dice que el agua de lluvia es buena, aunque otros prefieren comprar agua envasada en botellas que llegan a las tiendas, abastecida por comerciantes con las provisiones que traen de Buenaventura, luego de navegar por seis horas, primero el río Micay, que rodea completamente a López.

Esta mañana, el sol se asoma tímido, pero luego grandes y oscuros nubarrones lo ocultan. La vela permanece encendida durante todo el día en la sala de la mujer de 64 años.

“Por esta época, el sol ha tratado de salir temprano y muchos nos asomamos a la ventana para mirar el cielo, esperando que empiece a llover, porque si no lo hace, no hay agua en López”, sentencia la vendedora de helados de 1.000 pesos, la única que hay en el centro del poblado, a tres cuadras de la Alcaldía municipal y a unos metros del muelle sobre el río Micay.

López de Micay, el pueblo más lluvioso de Colombia

El único medio de transporte que sirve en López de Micay es la lancha.

Foto:

Juan Pablo Rueda/ EL TIEMPO

A las 10 de la mañana ya no hay lanchas en ese muelle porque han partido cuatro horas antes con quienes van a Buenaventura y con agricultores que han salido hacia la zona rural, en la selva que está al otro lado del cauce, para tratar de recuperar algo de las cosechas de papa china, plátano y banano que los fuertes temporales de estos últimos meses les han permitido salvar. También salen mineros hacia esa tupida selva, tapada en parte por una densa bruma que va ascendiendo con el paso de las horas.

El agua lluvia corre por las calles de López como si fueran riachuelos que desembocan en el río Micay. El nivel del pavimento de las vías está por encima del nivel del río y es probable que, por eso, la cabecera no se inunde gravemente, como sí ocurre en las trocha de las veredas que terminan siendo navegadas por lanchas artesanales porque hasta allá irrumpe el río y se vuelven después pantanales.

Con sombrillas y botas

Pero ¿por qué llueve tanto en esta región? Juan Liborio Riascos, oriundo de esta zona del Litoral, habla con la seguridad y con el temple que le dan sus 94 años de vida para afirmar que todo es por la selva del otro lado del río Micay, donde el agua se evapora y se condensa, atrayendo un aire húmedo que ayuda a la caída de más lluvia. No es tan descabellado, pues la teoría coincide con explicaciones científicas de que áreas tan húmedas en el trópico están en medio de grandes porciones selváticas. Ese sería el caso de López de Micay, que abarca una extensión de tierra de 3.241 kilómetros cuadrados, aledaña al río y a la selva.

En los últimos años, el municipio se ha disputado con Lloró y Tutunendo, dos localidades chocoanas, el título de los lugares con más precipitaciones de Colombia y uno de los cinco más húmedos de todo el planeta, pero para el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), este pueblo es el gran vencedor de todo el territorio colombiano.

Los lugareños visten ropa liviana y pantalones cortos, pues el calor se mezcla con la humedad. Pero el atuendo contrasta con el paraguas que siempre se lleva en la mano.

En las mañanas, las precipitaciones disminuyen, pero no se detienen. Cuando se calma, algunos micaiceños abordan lanchas para navegar rumbo a las veredas donde están sus cultivos.

Otros deciden ir a Buenaventura (es la única manera de salir de López porque no hay carreteras hacia el interior del país), un viaje que les cuesta 100.000 pesos. Pero si hay una tormenta, las lanchas no salen por el miedo al mar embravecido.

A la vuelta de la vivienda de doña Sonia Riascos están las calles La Pola y La Primera, donde trabajan más 40 comerciantes que pasan el día ofreciendo cientos de paraguas, ya que son artículos de primera necesidad.

Manuel Obregón, un chocoano que vive en López desde hace más de 10 años, dice que a diario vende entre tres y cinco. Los precios comienzan en 22.000 pesos y pueden llegar a los 33.000, y son los que se pueden guardar en bolsos. Pero los caucanos prefieren los tradicionales, los largos de mango y punta en el otro extremo.

“Siempre se compran paraguas porque se dañan rápidamente, pues es lo más que se utiliza en López”, dice el agricultor Arcesio Gutiérrez. Vive de sembrar papa china. Tiene pantalones cortos, camisa de manga igualmente corta, pero usa sus infaltables botas pantaneras y lleva en la mano el paraguas.

Es así que las botas son otro de los artículos de primera necesidad, en especial, en el vestuario de los hombres. Las mujeres, en cambio, salen a la calle casi siempre en chanclas o en sandalias y con vestidos cortos. Nada de botas, quizás por vanidad, pero tampoco sueltan los paraguas.

López de Micay, el pueblo más lluvioso de Colombia

En López de Micay, los ciudadanos desgastan más rápido sus sombrillas que su ropa. 

Foto:

Juan Pablo Rueda/ EL TIEMPO

Casi todos estos habitantes tienen el apellido Riascos, que atribuyen a dos de los tres fundadores del pueblo, en 1910, quienes eran mineros y agricultores: Pancracio y Facundo Riascos, y Luciano Alomía.

Es por esta razón que doña Sonia Lucía dice orgullosa que ese es su apellido: Riascos, el mismo del alcalde local, Wílmer, y de gran parte de la comunidad como Sandra Riascos, una comerciante que en la calle La Pola vende cada par de botas pantaneras entre 20.000 y 28.000 pesos.

Mientras la zona comercial se mantiene activa bajo el agua que cae, don Juan Liborio y sus vecinos ven transcurrir la vida jugando dominó. “Hay que matar el tiempo mientras llueve”, dice.

La comerciante Carola Advíncula, que tiene un restaurante en la calle de La Pola, cuenta que existen diferentes tipos de lluvia, “la poca que permite caminar sin el paraguas, aquella que chuza o pica el cuerpo y la cara cuando empieza a caer en serio. Por último, está el gran aguacero, que casi siempre va toda la noche”, dice.

Mientras caen unas cuantas gotas, no con mucha intensidad, estos porteños están caminando por las calles e, inclusive, los niños al mediodía, cuando salen de la escuela pública, se ponen a jugar fútbol, descalzos, entre el barro.

Después de las 4 de la tarde, la llovizna se convierte en un fuerte aguacero. “Lo único seguro aquí es el agua del cielo, sobre todo después de las 4”, dice un grupo de mujeres, que trabaja en uno de los restaurantes de la zona comercial. “Acá no dejamos de trabajar porque está lloviendo, solo que la vida es más pausada”, comenta Sandra Riascos.

En las noches, la lluvia va aumentando y después de la medianoche se desata en su totalidad. En las madrugadas, esos golpes se ensañan con aquellos techos de zinc porque el material permite que el agua se deslice fácilmente y por eso, en López hay canaletas en los tejados. Esas madrugadas es el momento que más alegra a los micaiceños porque pueden almacenar más agua.

Las canaletas conducen el agua hasta tanques plásticos, pues en el municipio más húmedo de Colombia las pocas casas que están conectadas al acueducto, solo reciben agua una hora al día, en la mañana. Y no solo no llega el vital líquido a las casas. El único hospital del pueblo, donde atienden a unos 30 pacientes a diario, también funciona, principalmente, con tanques.

El alcalde, Wílmer Riascos, explica que hay un proyecto para superar esa sed por agua potable de todo el pueblo con una inversión de 6.000 millones de pesos, dinero que lo aportará en su totalidad el Fondo Adaptación, entidad del Ministerio de Hacienda que apoya obras en zonas del país con afectaciones por fenómenos climáticos como intensas lluvias.

“El municipio no tiene plata, es un municipio que debe salir a buscar recursos con el Gobierno Nacional”, afirma. El mandatario comenta que los trabajos del acueducto ya comenzaron y se espera que sea una realidad este año, como la sede de los bomberos, pues el otro problema del pueblos es que no tiene hidrantes y los 40 bomberos del pueblo tienen que acudir a las aguas del río Micay para apagar algún incendio, como ocurrió hace más de un año.

“Se quemaron cinco locales en la calle de La Primera, al parecer, por un cortocircuito. Aunque llovía, no era suficiente para extinguir las llamas. Yo creo que nos demoramos más de una hora en apagar el incendio y San Pedro no colaboraba”, cuenta Américo Perlaza, comandante de la estación de bomberos que no funciona como debería porque no tienen mangueras y tiene goteras.

Antes llovía plomo

Hoy, el municipio respira paz. Según la Alcaldía, en un año se pueden presentar hasta cinco homicidios, como el año pasado.

Tras el acuerdo de paz, las Farc no volvieron. “No importaba que lloviera. Las Farc bajaban y hacían muchos hostigamientos a la estación de Policía que quedaba donde hoy está el Banco Agrario, diagonal a la Alcaldía”, dice el alcalde de López. “Inclusive, la lluvia favorecía a la guerrilla, pues entre más fuerte era el aguacero, había más hostigamientos porque los policías estaban concentrados en la estación y no podían dispersarse”, comentan en el pueblo.

Sin embargo, una veintena de uniformados insiste en que López sigue siendo zona roja. “De todas maneras, así las Farc ya no estén atacando, aguas arriba del río Micay es su zona de influencia y navegando en dirección al municipio El Tambo están los ‘elenos’ (Eln). Es por esa razón que si usted está navegando y es turista no tome nada de fotos cuando lo haga. Los guerrilleros están allí, viendo quién llega y quién sale de López por el río. Están observando a los pasajeros de las lanchas, atentos, así llueva y 'relampaguee'”, dicen en la Policía.

“Por fortuna, todo está calmado”, insiste el mandatario local. Y esa calma la demuestra la música que retumba por las calles.

Son las 9 de la noche y llueve fuerte. El alumbrado público no genera mucha luz y las calles parecen en penumbra. Hay tertulias en una que otra casa con las puertas abiertas. También se escucha más música y suele permanecer hasta la medianoche.

Cuando ya en López todos están en sus hogares y pasan más de las 12 de la noche, lo único que se oye es la lluvia hasta la madrugada. Quienes están en la orilla del río Micay y miran por las ventanas la selva en la otra orilla, ven también cómo la neblina desciende y la cubre en parte.

López de Micay, el pueblo más lluvioso de Colombia

López de Micay, el pueblo más lluvioso de Colombia

Foto:

Juan Pablo Rueda/ EL TIEMPO

A las 4 de la mañana, esas gotas en los techos parece que marcan una sinfonía con el canto de los gallos para despertar a quienes deben embarcarse en los navíos, cada uno para 28 ocupantes. Salen a diario antes de las 6 de la mañana y siempre, en dirección a Buenaventura.

El sol se asoma. Doña Sonia Lucía Riascos sale de la cocina de su vivienda, donde en una ventana está el letrero ofreciendo sus helados de coco. La puerta de la casa está abierta para algún comprador que quiera apaciguar el bochorno, no importa si está lloviendo.

“Caminar bajo la lluvia es tan normal”, repite la vendedora de helados de la calle San Francisco, mientras en la vivienda de al lado han decidido poner otra vez la música a gran volumen: Gotas de lluvia no es el rocío, lágrimas que vienen del corazón. Gotas de lluvia, no es el rocío, lágrimas que brotan, porque ya no hay amor.

CAROLINA BOHÓRQUEZ
Enviada especial de EL TIEMPO
LÓPEZ DE MICAY (CAUCA)

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