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Lorencita, la mujer que sueña con recibir la bendición del Papa

Hace 16 años, entrega almuerzos a niños de escasos recursos del barrio San Francisco, en Cartagena.

Lorencita la mujer que da almuerzos a los niños pobres de San Francisco

Esta mujer, oriunda del municipio bolivarense de Maríalabaja, reparte en su casa almuerzos a los niños.

Foto:

Yomaira Grandett/ EL TIEMPO

10 de septiembre 2017 , 11:12 a.m.

Dos viejos calderos de aluminio fundido y un puñado de trastos de plástico que sirven de vajilla le bastan a Lorenza María Pérez Barrios, más conocida como Lorencita, para hacer el milagro del amor.

Esta mujer, de 77 años, quien ya casi no puede caminar a causa de los fuertes dolores en su pierna izquierda, pero que no borra de su rostro una sonrisa espiritual, reparte todos los días más de 100 almuerzos a los niños de escasos recursos del barrio San Francisco, el llamado cinturón de miseria histórica de Cartagena, a donde llegará este domingo el papa Francisco para bendecir dos programas de la arquidiócesis de la ciudad: Thalita Kum y María Revive.

El primero acoge y protege a un centenar de niñas en riesgo de violencia sexual y el segundo da techo a los habitantes de la calle.

Lorencita

Lorencita le da comida a 100 niños del barrio San Francisco.

Foto:

Yomaira Grandett/EL TIEMPO

Pero Lorencita también espera recibir en su humilde hogar, ubicado en las faldas del cerro de la Popa, al papa Francisco,  para que conozca y bendiga ese milagro que es darles de comer a los menos favorecidos, con la riqueza del espíritu y la voluntad del servicio a los demás.

Desde hace 16 años, esta mujer, oriunda del municipio bolivarense de Maríalabaja, reparte en su casa almuerzos a los niños.

“Cobro 300 pesos por almuerzo, pero muchas veces llegan los niños sin una moneda y no les puedo decir que no. ¡Jamás!”, relata, al tiempo que deja claro que no solo da un plato de comida, sino que además reparte amor, un sonrisa, un abrazo y un consejo oportuno a cientos de niñas que todos los días pasan por la puerta de su hogar dejando atrás una barriada hostil donde la violencia sexual e intrafamiliar son los mayores flagelos.

“¿Ve ese vidrio roto en mi sala, ve ese hueco en la teja? Eso dejan las peleas de pandillas, un pocotón de peladitos que no saben ni por qué pelean, porque además no tienen nada material por qué pelear”, sentencia Lorencita, como le dice su comunidad, cuya casa está ubicada en pleno campo de batalla de las pandillas ‘Triquisnais’, ‘los 300, ‘los Poquitico’, ‘los Guenseslao’ y un puñado más de grupos delincuenciales que se enfrentan en medio de las fronteras invisibles.

Lorencita

Lorencita, de 77 años, espera que el papa Francisco vaya a su casa.

Foto:

Yomaira Grandett/EL TIEMPO

─¿Qué vas a hacer, Lorencita, si el santo padre pasa por la puerta de tu casa? ¿Qué le dirías? ─ella responde con un largo silencio, seguido de unas lágrimas y una sonrisa en su rostro.

─¿Qué le puedo decir a un señor tan inmenso y lleno de amor que viene a visitar mi humilde hogar? Responde la mujer mientras riega cuatro kilos de arroz y varias libras de carne molida en sus dos viejos calderos que atizan a fuego lento desde las 9 de la mañana.

Bajo un calor infernal, la hilera de niños descalzos comienza a desfilar a las 11:30 de la mañana.

Hasta la casa de una planta, ubicada, como una señal divina, frente a una pequeña escultura de la Virgen del Carmen, llegan todos con cualquier recipiente plástico para recibir su almuerzo.

Cobro 300 pesos por almuerzo, pero muchas veces llegan los niños sin una moneda y no les puedo decir que no. ¡Jamás!

“Comenzamos con las familias del sector Afriquita (una zona habitada en su mayoría por personas dedicadas al reciclaje). Abrimos la primera olla comunitaria en la parroquia, donde repartíamos solo sopa y arroz”, narra.

Dos años después, llevó su silenciosa obra social al patio de su propia casa y montó el comedor comunitario bajó árboles de tamarindo. Recuerda que los niños se sentaban sobre cartones.

“Gente buena nos ha ayudado, un señor de Bazurto nos mandaba pan, después nos ayudaron con la tejas y pudimos acondicionar el salón donde estaba el patio”, recuerda.

Poco a poco, y con la ayuda de la parroquia y de algunas personas buenas, ha mejorado el comedor, a donde también llegan algunos adultos. Ella a nadie le niega un plato de comida.

Desde hace seis meses, comenzó a recibir la visita inusual de autoridades nacionales y extranjeras de la Iglesia católica, que, sin advertirle, le dieron a entender que algo importante, grande, iba a pasar en su hogar... 

Lorencita

Para realizar su obra, Lorencita ha recibido apoyo de varias personas.

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Yomaira Grandett/EL TIEMPO

“Vinieron y a mi casa entraron unos que hasta en inglés hablaban. También, hace un mes había unos tipos tomándole fotos a mi casa y les pregunté qué ‘cuál era la cosa con mi casa’, y me dijeron que nada de problemas, que estaban preparando la visita del Papa”, asegura.

En la agenda oficial del papa Francisco en Cartagena hay una visita sorpresa en el deprimido sector del barrio San Francisco. Un acto que la Iglesia tiene en secreto, pero que en las calles la gente ya está segura de que se trata de la visita a Lorencita, la mujer más amada por los niños de San Francisco.

JOHN MONTAÑO
Corresponsal EL TIEMPO

CARTAGENA

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