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Esperando la resurrección de la verdad

Javier Darío Restrepo habla sobre la mentira en la política y la noción de posverdad.

Esperando la resurrección de la verdad

El mundo sería otro si en vez de la posverdad la palabra del año fuera la verdad.

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Fotoilustración Juan Soriano

12 de abril 2017 , 11:48 p.m.

Repaso las siete palabras tradicionales y por ninguna parte encuentro el tema de la verdad. Me saca de mi confusión el recuerdo de la autodefinición de Jesús: soy el camino, la verdad y la vida. Solo que la verdad ha sido crucificada.

***

¿Qué hubiera sucedido si, para conservar su vida, Jesús hubiera apelado a la argucia de los hechos alternativos, frente a las acusaciones que le hacían, el poder imperial de Roma y sus enemigos jurados, los sacerdotes del templo?

¿Lo imaginan ustedes diciéndole a Pilatos: lo mío es una manera de ver que, por supuesto, no contradice la de ustedes; simplemente proclamo otra posibilidad. ¿Creen ustedes que hubiera sido posible un Jesús puesto del lado del poder, merced a la elasticidad que concede lo que se tiene como una interpretación o un punto de vista, nada más?

Son preguntas retóricas, desde luego, pero ayudan a ver esa firmeza de Jesús frente a la verdad. Había dicho a los suyos, que lo recordarían palabra por palabra: “que vuestra palabra sea sí, sí, o no, no.” No había dejado espacio alguno para el “tal vez”, ni “habría que distinguir”, que son algunas de las fórmulas preferidas por los que no se comprometen y que huyen de cualquier riesgo.

En ese discurso de Jesús es evidente el rechazo de la doble moral de los que dicen una cosa y hacen otra. Refiriéndose a los sacerdotes del templo y a los fariseos, condenó la práctica de imponer a los demás cargas que ellos no tocaban ni con un dedo. Es una figura vigorosa que lleva un fuerte contenido de indignación.

Ya antes de Jesús hubo un hombre, Sócrates que había introducido el tema de la necesaria armonía entre los dos que conviven en el interior de cada hombre.

Jesús va más allá porque en Él se da la perfecta unidad que nunca imaginaron los filósofos. Por eso escribió el apóstol Juan refiriéndose a Jesús: el Verbo se hizo carne, que ha sido la más completa descripción de la verdad: cuando la palabra se hace carne.

La antítesis de esto, las palabras que son solo sonidos, que logran divorciar los hechos de la vida y de la historia, son la antítesis de lo que es Jesús.

Por eso llama al demonio “padre de la mentira”. No hay, pues, lugar a componendas ni a trucos verbales; los mundos de la verdad y de la mentira son mundos opuestos. Él se identifica con la verdad y hace esta definición de sí mismo: “Soy el camino, la verdad y la vida”.

Este es el contexto en que aparece, para el cristiano de hoy, el tema de la posverdad. Si tan radical es la identificación de Jesús con la verdad, hablar de posverdad es tanto como dar por superado lo cristiano. Esta parece una conclusión demasiado radical para ser aceptable, pero es lógica. Vea usted: si posguerra significa la desaparición de la guerra, y posconflicto es la aparición de una época sin conflicto, posverdad es una era en que en que la verdad, como los dinosaurios, ha perdido su vigencia. Y puesto que Cristo se ha identificado con la verdad, la posverdad es un tiempo en que lo cristiano desaparece, lo contrario sería suponer la posibilidad de que lo cristiano conviva con la falsedad.

Jesús, además, estableció la relación entre verdad y libertad: “La verdad los hará libres”, dijo de modo que la mentira aparece como esclavitud y así se han encargado de demostrarlo Freud y sus discípulos. Las tensiones interiores, la angustia y la incertidumbre sometidos a la terapia de la verdad se atenúan y desaparecen.

Se descubre entonces como un deseable y gratificante régimen de vida la exclusión de la mentira en el trato con los demás.

La idea propuesta al comienzo, de imaginar un Cristo condescendiente con la mentira de sus acusadores, pone en evidencia, por contraste, a ese acusado silencioso y paciente que revela el poder silencioso de la verdad.

La persona veraz cuya vida aparece sin necesidad de defensa exhibe un poder y una libertad que son las que echan de menos los hombres de hoy asfixiados por la posverdad, que deja de ser el simple fenómeno social que registra la pobreza y la esclavitud que predominan en un mundo en el que la verdad se ha ausentado.

Basta examinar sin remilgos lo que pasa con los políticos. No hay que demostrarlo porque se ve: la mentira con sus variadas formas ha sido incorporada al arsenal de los políticos.

Se vio en el brexit, en la campaña Trump, en el plebiscito del 2 de octubre y se verá en la próxima campaña presidencial colombiana, como se está viendo en los desesperados esfuerzos del Gobierno venezolano para mantenerse en el poder.

El mundo sería otro si en vez de la posverdad la palabra del año fuera la verdad. Un cambio de deshumano a humano, de corrupto a honesto, de injusto a justo aparece ligado a la recuperación de la verdad.

Pero, hoy por hoy, la verdad está crucificada y a la espera de una resurrección.

JAVIER DARÍO RESTREPO
Reportero de televisión. Decano del periodismo nacional y referente obligado sobre la ética en la comunicación social.
Especial para EL TIEMPO

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