Otras Ciudades

Los sobrevivientes del Holocausto podrán hablar después de muertos

Por medio de hologramas se conservará su historia con el objetivo de crear memoria.

Hologramas de sobrevivientes del Holocausto

Aaron Elster murió en abril, y ahora un holograma cuenta su historia en el museo.

Foto:

Cortesía: Illinois Holocaust Museum & Education Center

28 de junio 2018 , 09:12 a.m.

En octubre de 2017, el Museo y Centro de Educación del Holocausto de Illinois fue noticia al darse a conocer la tecnología pionera de hologramas como parte de su nuevo centro Take a Stand (Toma posición). En un sorprendente giro, esta incorporación futurista permite al museo estadounidense conservar el intenso enfoque personal que ha sido su sello distintivo desde su apertura en un pequeño local a finales de los años 70.

En aquel momento, Skokie, un suburbio de Chicago, tenía la mayor población de supervivientes del Holocausto fuera de Israel; cuando los neonazis planearon una marcha por la ciudad, muchos de ellos supieron que tenían que hablar. Así fundaron la Fundación Conmemorativa del Holocausto de Illinois, cuya misión es contar sus historias tanto a adultos como a estudiantes.

No fue fácil, la mayoría quería dejar desesperadamente el pasado atrás, simplemente vivir sus nuevas vidas. Sin embargo, pasaron por el dolor de contar nuevamente su angustioso pasado, con la esperanza de que estas interacciones dieran una dimensión humana a las nefastas estadísticas del genocidio, y para que la educación supere al odio.

En 2009, su esfuerzo culminó con la apertura del Museo y Centro de Educación del Holocausto de Illinois, un edificio de 55 millones de dólares con pantallas permanentes que llevan a los visitantes a través de los años antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

Entre los miles de objetos en exposición, se encuentran artículos donados por supervivientes del Holocausto del área de Chicago, muchos de los cuales son voluntarios del museo. Es particularmente conmovedor cuando están allí en persona para hablar con los visitantes sobre estos objetos.

Pero todos los supervivientes son ahora bastante ancianos. ¿Qué pasará cuando ya no estén? Sin testigos vivos, el Holocausto bien podría "reducirse a un párrafo en un libro de historia", como comenta uno de ellos. "Nuestro dolor, nuestra pérdida, nuestra supervivencia serán olvidados u homogeneizados". La junta del museo ha estado preocupada por este hecho, especialmente desde el pasado abril cuando Aaron Elster, de 86 años, el entrañable vicepresidente del museo y voluntario desde la década de 1980, falleció.

Nuestro dolor, nuestra pérdida, nuestra supervivencia serán olvidados u homogeneizados

Hologramas de sobrevivientes del Holocausto

El aspecto interactivo hace que estos hologramas sean más personales y conmovedores.

Foto:

Cortesía: Illinois Holocaust Museum & Education Center

Sin embargo, unos días más tarde, se podía ver a Elster en el museo como siempre, sentado en una silla roja en el escenario del teatro del centro Take a Stand. Con aspecto relajado, pantalones caqui y una camisa azul, hablando con los estudiantes locales de octavo grado sobre los dos años que pasó escondiéndose de los nazis en un pequeño desván en el campo polaco.

Pacientemente respondió sus preguntas, reviviendo una vez más el calor y el frío extremos; la incapacidad para bañarse o incluso cepillarse los dientes; su tremendos miedo, soledad, enojo y aburrimiento. La dolorosa hambre que nunca lo dejó. Cuando finalmente salió de su escondite tenía 13 años, la misma edad que los estudiantes de la visita. "Estaba lleno de piojos y pesaba unas 22 kilogramos", les dice. "Mi hermana mayor sobrevivió, pero mis padres y mi hermana pequeña habían muerto".

La sala estaba totalmente en silencio. El realista holograma en 3D de Elster no solo había impresionado a esta multitud conocedora de la tecnología, también los había conmovido.

Desarrollada en asociación con la Fundación USC Shoah, esta revolucionaria tecnología interactiva llegó justo a tiempo. Durante los últimos dos años, Elster y otros 14 supervivientes viajaron a Los Ángeles, donde pasaron una semana sentados sobre un fondo verde respondiendo a unas 2.000 preguntas mientras eran filmados por cientos de cámaras.

Fue física y emocionalmente agotador. "Fritzie Fritzshall, la presidenta del museo, fue una de las participantes", dice la directora ejecutiva Susan Abrams. "Ella era la más joven de las 599 mujeres de un campo de trabajos forzados en Auschwitz. Todos los días, cada mujer le daba una migaja de sus escasas raciones para que pudiera sobrevivir y contar su historia. Fritzie ahora tiene más de ochenta años y hacer ese holograma fue agotador para ella, pero lo hizo en memoria de todas las mujeres que perecieron".

New Dimensions in Testimony (Nuevas Dimensiones en Testimonio), como se conoce a esta tecnología, es impresionante pero no perfecta: a veces la imagen salta un poco, otras veces el superviviente responde una pregunta diferente a la que se le formuló.

Sin embargo, el aspecto interactivo hace que estos hologramas sean más personales, más conmovedores aún que la película más técnicamente perfecta. Y los docentes han notado una ventaja inesperada: a la gente no le preocupa ofender al holograma si hacen preguntas personales.

Los hologramas son solo parte de una experiencia del museo que busca "llevar a los visitantes del conocimiento a la inspiración para la acción". El centro Take a Stand y varias exposiciones temporales destacan la importancia de los "espectadores": personas que defienden los derechos humanos en todo el mundo, desde Elie Wiesel a Nelson Mandela o Malala.

Hasta el día de hoy, algunos supervivientes están convencidos de que el Holocausto nunca hubiera sucedido si sus vecinos hubieran hablado en lugar de permanecer como espectadores pasivos. Es por ello que el museo presenta a los visitantes opciones prácticas para ser espectadores activos en sus vidas cotidianas, desde enfrentarse a los acosadores hasta escribir cartas a los editores, contactar a legisladores, organizar eventos para recaudar fondos y lanzar peticiones.

Ampliar el alcance del museo más allá de la historia del Holocausto le da una nueva relevancia en un momento en que neonazis y racistas están resurgiendo y, según una encuesta reciente, dos tercios de los millenials estadounidenses nunca han oído hablar de Auschwitz. "Charlottesville me devolvió totalmente ese miedo", dice Fritzshall en una entrevista poco después de la apertura del centro. "Cuando veo cosas así pienso que lo que me sucedió a mí puede pasarles a tus hijos o a tus nietos si no hacemos nada".

Para dar un alcance aún mayor a la historia de Fritzshall y de los demás supervivientes, el museo está trabajando con la Fundación USC Shoah para crear paquetes holográficos y otras tecnologías que puedan llegar a instituciones de todo el mundo. El costo no se ha determinado aún, pero el objetivo es ofrecer una gama que sea ampliamente asequible y accesible.

Mientras tanto, Abrams da este consejo a las organizaciones que están trabajando para prevenir el genocidio a través de la educación: "Reúnan tanto contenido de supervivientes como sea posible. Graben, graben y graben, en tantos formatos como se pueda. Nunca se sabe lo que la tecnología del futuro permitirá hacer con ese material".



KAREN TAYLOR 
SPARKNEWS

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