Otras Ciudades

‘Su actitud no era la misma, esa no era mi hija’

Habla la madre de una de las menores que murieron, presuntamente, por el juego 'La Ballena Azul'.

Víctimas de la ballena azul

La ‘ballena azul’ es un problema real que podría afectar a más niños y al que hay que hacerle frente, dice Cristina Plazas, directora del ICBF.

Foto:

Johannes Duque Castañeda - Archivo particular

02 de mayo 2017 , 08:32 a.m.

Maylen Yadira Villamizar Suárez, de 37 años y de Pamplona (N. de Santander), cumplía su jornada de trabajo en una empresa de chance, cuando recibió la noticia de que su hija de 13 años se quitó la vida. Al parecer, la adolescente es una de las víctimas del macabro juego de la ‘ballena azul’. El cuerpo de la menor fue encontrado en el patio de su casa, en el barrio Bellavista, de Villa del Rosario.

“Empecé a notar cambios en la actitud de mi hija en las últimas dos semanas. Se le notaba que tenía un compromiso de por medio, porque eso es una especie de compromiso que adquieren a través de esa red (…). En sus comportamientos apáticos, percibí un proceso de desprendimiento conmigo y con su entorno”, dice.

Según Maylen, su hija comenzó a plantearle preguntas ingenuas, que no levantaban mayor sospecha. Cuando compartían momentos juntas, su hija le planteaba cuestiones algo fuera de contexto, que se ella asociaba con el apetito curioso de cualquier joven: ¿Las ballenas azules existen? ¿Cuánto tiempo puede aguantar la respiración una persona bajo el agua? ¿Seré capaz de comerme 30 huevos en un día? Sin embargo, hubo una consulta que alarmó a la madre. La menor le preguntó por las personas que se suicidaban y si estas eran valientes.

Desde la partida de sus otros dos hijos, persiguiendo sus vocaciones profesionales, la relación de madre e hija se afianzó. Esta unión también llenó el vacío que dejó la muerte del padre hace tres años. Este lazo no impidió que la joven cambiara de actitud y menos el doloroso final de esta historia.

En sus comportamientos apáticos, percibí un proceso de desprendimiento conmigo y con su entorno

“Las consultas de mi hija en mi celular empezaron a aumentar. En las noches, cuando nos íbamos a dormir, ella entraba a su cuenta de Facebook, revisaba algo y me lo devolvía. Una noche la encontré debajo de mi cama, tecleando en la pantalla del móvil. Su actitud no era la misma, esa no era mi hija”, dice.

Desde esa noche, cuenta, un comportamiento inusual, de desgano, afloró en la menor. Permanecía mucho tiempo encerrada en su habitación y prefería los lugares apartados.

En el colegio, donde cursaba octavo grado, algunos docentes y directivos que conocían a la estudiante por sus buenas calificaciones asociaron su conducta con un cuadro de maltrato intrafamiliar. Pero ahora Maylen asevera que esa actitud la ve como parte de uno de los retos del juego, el que antecedía a la penitencia final: causarse la muerte. “Recuerdo también que yo encontré en mi celular que ella utilizaba cuando yo dormía los pasos a seguir que le enviaron sobre cómo atar una soga (…). El rayonazo que mi hija tenía se lo hizo antes de morir, con una aguja. Cada día envían un reto y la escuchaba decir en voz alta que lo había pasado”, asegura la mamá. Otro indicio que vincularía al muerte de la adolescente con el juego son las publicaciones que realizó en Facebook en vísperas de su muerte.

GUSTAVO A. CASTILLO ARENAS
Corresponsal de EL TIEMPO
Cúcuta

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