Otras Ciudades

Los más 'pilos' de las calles de Armenia comieron en La Fogata

El restaurante y la Alcaldía invitaron a 15 habitantes de calle, tras un ciclo de talleres.

Habitantes de calle en el restaurante La Fogata de Armenia

La mayoría de los asistentes eran adultos mayores, algunos viven en hogares de paso y otros decidieron habitar las calles.

Foto:

Laura Sepúlveda

03 de septiembre 2017 , 06:25 a.m.

Consomé celestino, pollo marinado al limón acompañado de papas gratinadas y ensalada, además de un flan de mora, fue el banquete que deleitó a unos 15 habitantes de calle en La Fogata, uno de los restaurantes más exclusivos de Armenia.

Stiven Cifuentes dejó su ropa vieja y sucia, se bañó y usó una sudadera institucional que le habían regalado. Solo tiene 16 años y desde hace unos dos vive en las calles de Armenia. Normalmente se alimenta de los desperdicios que la gente le brinda. Hace años, desde que dejó a su mamá, no probaba una cena caliente y preparada especialmente para él.

Muchas veces pasó cerca a este restaurante y aunque tenía hambre sabía que nunca podría entrar a ese sitio. Sin embargo, como un sueño hecho realidad, la Corporación de Cultura y Turismo de Armenia (Corpocultura) y La Fogata, lo invitaron a él y a 14 habitantes de calle más a disfrutar una velada en este lugar.

Estoy sentado aquí disfrutando de un bocado de comida pero salgo de aquí a lo mismo, a las calles a sufrir

“Estoy alegre y aburrido, porque estoy sentado aquí disfrutando de un bocado de comida pero salgo de aquí a lo mismo, a las calles a sufrir, a aguantar frío, hambre y a sentir las humillaciones de la gente, lo desprecian a uno", narró el joven en medio de lágrimas.

Reconoció que dejó a su familia por las drogas. "Estaba comiendo y pensé en que tengo que salir nuevamente a rebuscarme la vida, esa es la realidad, he pasado muchas semanas sin comer nada de sal, solo dulces que me regalan, una menta o una bananita".

Aunque Corpocultura invitó a muchos habitantes de calle a la cena, algunos no cumplieron la cita porque temían el rechazo o porque dudaron de esta invitación como lo contó la directora de la entidad, María Fernanda Fernández.

Habitantes de calle en el restaurante La Fogata de Armenia

Stiven Cifuentes contó que se sentía alegre y aburrido, pues cuando saliera de allí tendría que volver a su realidad en las calles.

Foto:

Laura Sepúlveda

“Estaban con mucha expectativa, muchos de ellos con mucho susto de sentirse atacados por la gente pero finalmente logramos tenerlos aquí a manteles. Sacarlos de esa realidad y tenerlos reunidos contándose historias y chistes, eso es muy significativo”.

Esta actividad hizo parte de un proyecto destinado a habitantes de calle, que les brinda talleres de comprensión lectora, dibujo, pintura, respeto por los monumentos, la identificación de algunos iconos de la ciudad y hasta el Paisaje Cultural Cafetero. Hasta ahora más de 200 habitantes de calle han participado en estos talleres orientados por la Secretaría de Desarrollo Social y Corpocultura.

La cena fue la culminación de esos talleres y tanto la Secretaría como Corpocultura convocaron a los más ‘pilos’ de las calles como un premio a su trabajo. “La Fogata es un referente histórico para ciudad y han contado anécdotas de lo que ha significado para ellos este restaurante pero desde afuera y ahora pueden estar adentro”.

Estaban con mucha expectativa. Muchos de ellos, con mucho susto (...) pero finalmente logramos tenerlos aquí a manteles

Algunos no sabían ni manejar los cubiertos pero usaron sus manos para disfrutar del plato ofrecido especialmente para ellos. "Le ayudé a una viejita a cortar el pollo, yo no estudié tanto pero aprendí algunas cosas en el colegio donde estuve hasta tercero de primaria”, contó Cifuentes.

Inicialmente, algunos usaban sus mejores prendas pero luego quisieron lucir una sudadera que les regaló la Secretaría de Desarrollo Social, “se arreglaron desde temprano y estaban con mucha expectativa, unos llegaron a las duchas de la fundación Hernán Mejía, otros al hogar del peregrino y otros a Chambalá", contó Fernández.

La mayoría de adultos mayores tiene una historia parecida. Llegaron a las calles porque sus familiares los abandonaron. Álvaro Candado tiene 85 años y fue agricultor. Dijo que nunca había recibido un agasajo como este en toda su vida. “Cuando vieron que ya no podía trabajar me quedé solo y sin nada".

Hace 17 años Carlos Torres Rivera es habitante de calles, llegó de Medellín hace unos seis años. Es uno de los asistentes más aplicados. "Tengo muchos amigos pero no me gustan los habitantes de calle, yo ando solo, porque el que no roba ha robado, el que no se mete en problemas lo mete a uno en problemas". Narró que sobrevive vendiendo artesanías como bicicletas en alambre y grillos en hojas de palma. “Mas de uno no vino porque le daba vaina venir por aquí”.

ARMENIA

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