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Bocadillo a partir del mango que no se procesa en el Magdalena

Estudiantes de la Universidad del Magdalena aprovechan la fruta para hacer sus productos.  

Mango

La propuesta que presentan los universitarios consiste en utilizar el mango que no alcanza a venderse para procesarlo y convertirlo en un producto para el consumo humano.

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Roger Urieles

03 de junio 2018 , 07:30 a.m.

El mango, un fruto tropical producido en abundancia en el Departamento, pero con una comercialización cada día más compleja, se convirtió en la inspiración de dos estudiantes de la Universidad del Magdalena.

Pensaron en un proyecto para transformar los excedentes de la cosecha por falta de venta, en una oportunidad de emprendimiento propia y generadora de recursos para los cultivadores.

La idea inicial fue de María De Jesús Pedrozo Surmay, estudiante de noveno semestre de Administración de Empresas, quien es oriunda del municipio de Guamal, en el sur del Departamento.

Ella cuenta que en su pueblo de origen, como en otros de la región, entre ellos Ciénaga y Zona Bananera, los productores de mango sufren por no tener a quién venderle la fruta, que termina perdiéndose.

Dicha problemática la motivó a iniciar una investigación junto a su compañero de clases, Kedwin Fernández. Ambos, orientados por docentes en la asignatura de Seminario, le dieron forma a la idea hasta crear el proyecto denominado ‘Procesadora de Frutos del Magdalena’.

La propuesta que presentan los universitarios consiste en utilizar el mango que no alcanza a venderse para procesarlo y convertirlo en un producto para el consumo humano, como lo es el bocadillo. Posteriormente, la idea es hacer los mismo con frutas de cuya materia prima se derivarían una variedad de alimentos.

Ha sido tal la acogida, que Kedwin y María, además de lograr que su idea fuera seleccionada y apoyada económicamente por la Universidad del Magdalena, han iniciado la producción y comercialización del alimento en Santa Marta y algunos municipios del Departamento.

Ahora cuentan en su equipo de trabajo con John Mario Montaño, los tres con 22 años, adquieren diariamente nuevos aprendizajes y experiencias mientras hacen realidad el sueño de posicionar el nombre de su empresa y el sabor del producto que elaboran.

Mango

Los productos de ‘La Procesadora de frutos del Magdalena’ se fabrican bajo la supervisión de docentes expertos de la Universidad del Magdalena que certifican su calidad.

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Roger Urieles

Premio a la Innovación

La ‘Procesadora de Frutos del Magdalena’, en octubre de 2017 fue destacada por la Vicerrectoría de Investigación dentro de 162 propuestas que se plantearon en la convocatoria de la Práctica de Innovación y Emprendimiento.

La selección de la Universidad del Magdalena dio lugar a un premio de cuatro millones de pesos que sirvió como incentivo para comenzar a materializar la idea de negocio de los estudiantes. “El dinero nos alcanzó para comprar equipos básicos y para motivarnos en este propósito de salir adelante proponiendo un producto que sabíamos que iba a gustar mucho”, cuenta Pedrozo Surmay.

A partir de ese momento, los futuros administradores de empresas comenzaron a procesar la fruta con la que ya incursionan en el mercado a través de su primer producto denominado ‘Mangos Mix’.

Su centro de operación es la Planta Piloto Pesquera de Taganga de la Universidad, donde se reúnen dos veces a la semana para fabricar el bocadillo bajo la supervisión de su director, el ingeniero Eduardo Cabrera Durán, y que se cumpla con las normas básica de sanidad.

“Tardamos dos días en la elaboración, una tarea ardua que nos exige bastante, inclusive nos toca pedir apoyo a amistades y personas allegadas para cortar y empacar. Y somos felices mientras lo hacemos”, dijo Kedwin Fernández, quien asegura que de cada producción resultan 900 unidades que, al mes, suman 51.000.

Para la ejecución de su propuesta, los tres jóvenes emprendedores han contado con el apoyo de varios docentes, entre ellos, la economista magíster Blanca González Porto, profesora de la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas, quien estuvo de tutora en la materia de Seminario (I, II y II), trabajando con los dos jóvenes el documento técnico durante año y medio. “En cuanto conocí de este proyecto me pareció muy interesante y viable, por eso no dudé en incentivar a estos muchachos que han mostrado claridad, constancia y deseo de sacarlo adelante”, expresó la docente.

María, Kedwin y John luego de cada producción salen orgullosos a las calles para proponer el producto a las tiendas.

Para ellos, este tipo de negocio es el estudio de mercado que les define los clientes potenciales que pueden tener.

Reconocen que al principio no fue fácil darlo a conocer y venderlo; sin embargo, de a poco se les fueron abriendo las puertas y cada vez tienen más pedidos.

“El bocadillo ha gustado mucho, lamentablemente por las restricciones de tiempo que hay en el uso de la planta de procesamiento no podemos aumentar la producción y toca ofrecer hasta donde haya disponibilidad”, precisó John, quien asegura sentirse feliz de ser parte de este prometedor proyecto.

Si bien los avances conseguidos han sido positivos, los tres estudiantes, como futuros administradores de empresas que son, conservan los pies en la tierra.
Saben que van por el camino correcto, pero todavía hace falta mucho por recorrer y necesitarán de todo su esfuerzo, paciencia y perseverancia para alcanzar la meta propuesta.

“Le estamos apostando nuestras ganas a ‘Procesadora de Frutos del Magdalena’, por eso todo el dinero que ingresa lo reinvertimos en la compra de nuevas herramientas e insumos.La idea de los emprendedores es ser cada día más independientes. “Lo vamos a lograr, de eso estamos seguros”, aseveró María.

Mango

Kedwin y María están pendientes de la producción y de salir a las calles para proponer el producto.

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Roger Urieles

Mermelada de mango

Tras cumplir un año produciendo el bocadillo, los jóvenes magdalenenses decidieron probar con la mermelada, también elaborada a base de mango.

De esta manera comenzaron a ampliar su oferta, en la que también desean incluir productos derivados del banano, guanábana y maracuyá.

Ellos están claros sobre lo que necesitan para seguir creciendo y ganando un espacio en el mercado, donde la competencia les exige a ser mejores.

A mediano plazo su objetivo es el de establecerse como microempresa en el Departamento, pero la visión de los tres, es conseguir un reconocimiento nacional e internacional y comenzar a vender en toda Colombia e incluso exportar a otros países los productos a base de frutos.

La meta final es que su empresa, además de ser auto sostenible, consiga mitigar en una buena proporción el impacto negativo que se genera actualmente en la economía de los cultivadores y en el medio ambiente por las pocas ventas y daños posteriores de las frutas.

Roger Urieles
Especial para EL TIEMPO
Santa Marta.

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