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¿Qué prima: la visual sobre el castillo de San Felipe o las VIS?

Rodolfo Segovia, exministro e historiador, indignado por construcción del edificio Aquarela.

Proyecto Aquarela en Cartagena

Vista del castillo de San Felipe, en Cartagena de Indias. Al fondo, la primera torre del polémico proyecto de viviendas Aquarela.

Foto:

Ricardo Maldonado / EFE

05 de febrero 2018 , 12:05 a.m.

El exministro e historiador cartagenero Rodolfo Segovia habla sobre la polémica urbanización Aquarela, que se levanta en Cartagena. Plantea muy serias dudas acerca de esa licencia de construcción.

¿Qué es lo que lo motiva a usted como historiador para estar tan preocupado por el castillo de San Felipe, hoy amenazado por una aplanadora urbanística?

Mucha pasión, realmente. Y el castillo de San Felipe de Barajas, en particular, es mi bebé.

¿Es castillo o fuerte?

Ambas cosas.

¿Qué importancia tiene en la historia de la ciudad amurallada?

Cartagena de Indias nació en una islita que se llama Calamarí. Con el tiempo, la ciudad se extendió a la isla de Getsemaní. Hacia 1635, las dos islas habían quedado totalmente amuralladas.

¿Cuánto tiempo tomó construirlas?

Fue relativamente rápido. Empezaron en 1614, y en 1635 estaban hechas; 20 años. Frente a esas dos islas, en tierra firme, se erguía el cerro de San Lázaro, llamado así por el lazareto que existía junto al cerro, al otro lado del camino real. Por el momento, no era sino una colonia cubierta de maleza. Pero, con los avances en el alcance de la artillería, pronto supuso una amenaza. La comandancia de Cartagena pensó o en arrasar el cerro, que era muy caro, u ocuparlo, que era lo fácil y lo expedito.

Sabiamente decidieron ocuparlo...

En 1657, y aunque no era más que un triángulo para 12 cañones, se convirtió en eje de la defensa terrestre de Cartagena, única forma de asediar la ciudad. Como estaba rodeada de agua, no era viable un ataque por ningún otro frente. El bonete sobre el cerro pasó a ser la clave de la defensa de la ciudadanía.

¿Por qué tan clave?

Porque solo tomándose el fuerte se podía tomar a Cartagena. Y pasó. En 1697, piratas franceses bajo el mando del famoso De Pointis se tomaron el cerro, tomaron la ciudad y la saquearon. Pero, en 1741, el mismo cerro, la misma montañuela, el mismo fuertecito, un poco reforzado, rechazó a la enorme flota inglesa del almirante Vernon.

Entonces, a ese fuertecito le debemos muchas cosas...


Por nuevas amenazas de Inglaterra se creó el actual Castillo de San Felipe, a partir de 1762. El gran ingeniero militar Antonio de Arévalo procedió a construir baterías sobre el resto del cerro hasta cubrirlo por completo. Después de terminado, nadie se le midió. Es la imponente fortificación actual, restaurada pacientemente por la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena.

Después de terminado, nadie se le midió. Es la imponente fortificación actual, restaurada pacientemente por la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena

Increíble que ahora la amenaza contra San Felipe ya no sean los piratas, sino cuatro modernos edificios...

Arévalo entendió perfectamente que el fuerte solamente era viable si no tenía sitios más altos que él, que pudieran dominarlo, y, efectivamente, a lomo de burro, eliminó varias estribaciones de La Popa. Lo contrario de lo que hoy está sucediendo.

Aquarela, el gran conjunto urbanístico de cuatro –dicen que van a ser cinco– edificios, cada uno de 35 pisos, ya está amenazando el título de patrimonio universal que nosotros mismos le pedimos a la Unesco que nos concediera...

La declaratoria de patrimonio cultura de la humanidad le dio a Cartagena el reconocimiento como “valor universal excepcional”, específicamente por ser el conjunto de arquitectura militar (siglos XVI al XVIII) bien conservado más extenso de América. En el continente hay bellos conjuntos coloniales, sin sello de la Unesco. Lo que le da a Cartagena su singularidad, y así lo declara, es “el puerto, las fortalezas y el conjunto monumental”, del cual, obviamente, San Felipe de Barajas es el punto más significativo. Entonces no es que uno pueda decir ‘bueno, ahí están las murallas, no importa’. No, es que resulta que el enfoque es con San Felipe.

Hablemos sobre la legalidad del proyecto. En 200 metros a la redonda de San Felipe no se podía construir. Aquarela está unos metros por fuera. Pero, además, con algunos trucos interpretativos, se saltaron las restricciones de altura...

Incluso, un pedacito del inmueble, por lo que entiendo ha dicho uno de los del Instituto del Patrimonio Cultural en Cartagena, se metió un poco en los 200 metros, pero nos mandan a decir los constructores que eso no importa porque ahí ponen “piscinas” o “parqueaderos”. ¿Qué tal?

Nos mandan a decir los constructores que eso no importa porque ahí ponen “piscinas” o “parqueaderos”. ¿Qué tal?

¿Parar Aquarela va contra el desarrollo de la ciudad?

Colombia ha sido consecuente con esta distinción de la Unesco y le ha dado protección legislativa y ejecutiva a la ciudad, de “valor universal excepcional”, garantizando al mismo tiempo el derecho a un desarrollo urbano que supla las necesidades de la población. La liebre, sin embargo, salta por donde menos se espera: el aparente conflicto entre espacio visual de los monumentos y la vivienda de interés social (VIS). Lo que el Ministerio de Cultura sostiene, con tibio apoyo de la Alcaldía de Cartagena, es que prima el ámbito del monumento porque es patrimonio de todos los cartageneros, los colombianos y el mundo.

Alcaldes muertos, alcaldes presos... todo eso explica el desorden de Cartagena. ¿Pero, concretamente, cómo logran estos avivatos licencia para construir estas moles?

El conflicto nace de que el POT de Cartagena, expedido por el Consejo de la ciudad en 2001, ha sido modificado por circulares, con la excusa de ser aclaraciones. La práctica es calificada de ilegal. La que nos concierne data de diciembre de 2013. Por ella se descarta la limitación de 4 a 6 pisos prevista en el POT. ¿Tendría nombre propio? Difícil creer que estas cosas se hacen al desgaire. Es el origen del escándalo de las torres Aquarela.

Pero, no entiendo. ¿Con una aclaración hicieron posible pasar de 6 pisos a 35?

Utilizando como criterio que la VIS puede, por disposición nacional, elevarse casi sin medida y que el lote está por fuera de la influencia del castillo, el curador urbano n.° 1 de Cartagena otorgó en diciembre de 2015 la licencia de construcción a Aquarela. Dice expresamente que a los predios para VIS hay que darles el “máximo aprovechamiento”. Al curador le entregaron los papeles en regla hasta el más mínimo detalle. Es inexplicable además que cuando ya la Unesco tenía conocimiento del entuerto se otorgara, el 2 de diciembre, la licencia para las torres 3 y 4, de la manera más olímpica.

¿Quiénes son los constructores?

La firma Promotora Calle 47, de tres jóvenes y exitosos paisas, que no tuvo en cuenta los negativos impactos que iban a causarle al patrimonio cultural de Cartagena, Colombia y el mundo. El ánimo de lucro los obnubiló. Y con razón: la torre, de 32 pisos de construcción, se vendió en tres días. Los constructores de Cartagena cometen más de un pecadillo, pero su sentido de pertenencia los inhibe de perpetrar semejante atropello visual. Los de Aquarela no han tenido ese pudor frente a la integralidad de San Felipe.

¿Y usted, como cartagenero y como historiador, qué sintió ante este esperpento?

Yo subí. Subí, y eso lo tienes encima... A Antonio de Arévalo, el ingeniero del fuerte de San Felipe, le deben de estar dando cuatro patatuses. Le están poniendo un elemento dominante sobre su castillo para bombardearlo. En este caso, visualmente.

A Antonio de Arévalo, el ingeniero del fuerte de San Felipe, le deben de estar dando cuatro patatuses. Le están poniendo un elemento dominante sobre su castillo para bombardearlo, visualmente

¿Y qué va a pasar entonces?

El Ministerio de Cultura tiene competencia sobre los bienes culturales nacionales y su zona de influencia. Esta última es de 200 metros en el castillo de San Felipe. Aquarela está por fuera. Lo que pasa más allá de 200 metros es responsabilidad de la Alcaldía del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias. Ante la pasividad del alcalde, quien dijo a la prensa haber hecho ya todo lo que podía, el ministerio, como única alternativa legal para detener la ignominia, interpuso una acción popular contra la Alcaldía, por la circular que emitió.

¿Viene firmada por el alcalde?

La circular que modifica el POT la firma el alcalde, y por eso la acción molestó al titular. ¡Se puso bravísimo!

Pero, eso está ahora en manos de un juez que debe fallar en un mes...


Sí. La acción popular, en el momento de la protección de derechos colectivos, evidentes ellos, solicita medidas cautelares para suspender la construcción. Estas fueron concedidas mientras hay pronunciamiento definitivo. La permanencia de Cartagena en la ley de la Unesco pende de un hilo judicial. Mientras tanto, el escándalo ha trascendido, por supuesto.

Con el asesoramiento de Icomos, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, la Unesco envió una misión a Cartagena, presidida por un notable arquitecto mexicano, por cierto, en diciembre pasado. No les fue bien ni a Cartagena ni a funcionarios de la Alcaldía que hicieron el oso. Al señor este le hicieron una presentación que era de llorar. Entonces, la Unesco escribe: “La percepción visual del castillo de San Felipe y su histórica relación con su entorno están cargadas de valores significativos y simbólicos”. Y, por lo tanto, el conjunto de viviendas Aquarela perturbaría la relación entre el castillo y su entorno, “poniendo en riesgo uno de los atributos que sostienen el valor universal excepcional de Cartagena”. Esta enfática expresión se repite dos veces. Más bien ‘teso’, para como habla la Unesco. Muchos colombianos que han visto impactantes fotos de la torre, todavía de apenas diez pisos, apabullando el castillo, están de acuerdo. Los que hemos trepado el castillo sufrimos de vértigo.

Le preguntará alguien: ‘¿Bueno, vivienda de interés social versus el título de patrimonio de la humanidad que da la Unesco?’, pues ¿no es mejor que la gente pobre tenga casa y les devolvemos el título, que no da casas?

Eso es de estrato 3 y 4, tampoco es tan pobre... Por la localización y por el tamaño de 90 metros. Es una aparente dicotomía. Le doy este ejemplo: debió de ser entre 1973 y 1974 cuando el castillo de San Felipe, en sus faldas hacia la avenida Pedro de Heredia, estaba completamente cubierto de tugurios, de vivienda de interés social. Yo personalmente me levanté una plata, con lo que era entonces el Instituto de Inmuebles Nacionales del Ministerio de Obras Públicas, para erradicarlos. Tenía un abogado que trabajaba conmigo en petroquímica, quien fue casa por casa y las compró todas y se quitó eso. ¿Hicimos mal? No creo. Cuando uno tiene que escoger entre la catedral Primada y la gente de la calle que se pone en el atrio y no deja que la gente entre a la iglesia, ¿cómo escoge uno? Pues, bajo el concepto del patrimonio general. Y no hay dicotomía. Hay que saber que los espacios de la ciudad tienen cada uno su ámbito, su destinación histórica, cultural y presente. Y turística, además. Y cosas como la vivienda de interés social, importantísima, pueden hacerse en unos sitios que no los afecten. No más. No hay dicotomía, a menos que se quiera crear.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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