Otras Ciudades

‘El mundo del toro está lleno de sensibilidad’: Enrique Ponce

El torero español cerrará la temporada taurina de Manizales y luego viajará a Bogotá.

Enrique Ponce

Enrique Ponce, elegido torero del año en el 2017.

Foto:

Juan B. Díaz / EL TIEMPO

12 de enero 2018 , 11:17 p.m.

Enrique Ponce (Valencia, España, 1971) se hizo matador profesional en 1990. Desde entonces, su nombre no deja de aparecer en los mejores carteles de Europa y América. A sus 46 años ha conseguido todos los triunfos con los que un torero sueña.

Pasa el tiempo, pero su quehacer en los ruedos no ha menguado. Al contrario, en el 2017 volvió a abrir la puerta grande de Las Ventas (Madrid), de la Monumental de México y en cada ruedo que pisó dejó estampada su rúbrica de ‘catedrático del toreo’.

En su país integra el jet set, donde comparte con gente del espectáculo y de la realeza, sin perder la sencillez para conceder autógrafos y fotos a sus seguidores. De hecho, el pasado jueves visitó el Hospital Infantil de Caldas para saludar y darles un poco de afecto a los niños que luchan por vivir. Más tarde, junto a cinco colegas, toreó de forma gratuita para recaudar varios cientos de millones en beneficio del centro asistencial.

“La felicidad es para mí al ver sus sonrisas. Cuando tienes éxito, compartes con los demás”, le dijo a EL TIEMPO como previa a la entrevista que concedió antes de su actuación de hoy, en la que tendrá un mano a mano con El Juli, lidiando toros de Ernesto Gutiérrez.

Vuelve a Manizales a encontrarse con una afición que lo aprecia, ¿cuál es el sentimiento?

Siempre que vengo es especial. Fue la primera feria de América en la que triunfé, cuando vine en 1991, y luego gané cuatro catedrales (máximo trofeo de la temporada). Manizales es una de las ferias más importantes del continente, la gente va a la plaza con fervor, todos saben de toros y es el reducto más importante frente a los ataques antitaurinos: aquí no hacen mella esos ataques, lo ves porque la plaza siempre está llena.

En el 2017 volvió a abrir la puerta grande de Madrid y triunfó en muchos ruedos…

Fue un año soñado y a la vez duro por la muerte de Iván Fandiño (torero fallecido en la arena de Mont Marsan, Francia, el 17 de junio del 2017). Fue un torero con quien compartí carteles y jornadas de campo; entonces mis triunfos, en la que fue una de las mejores temporadas de mi vida, los veo empañados por esa tragedia, un dolor que se nos quedó clavado en el corazón: por eso le dedico todos estos éxitos a Fandiño.

¿Cómo se mantiene en forma física y mental, ahora que es un veterano?

Uno debe ser torero dentro y fuera de la plaza, sobretodo cuando se está en una posición como la mía. Tengo una responsabilidad con lo que debo mostrar, pues te conviertes en referente de generaciones, al transmitir los valores que entraña el toreo. Físicamente me mantengo bien, fuerte, creo que la genética tiene que ver, y me ayudo con una vida sana en cuanto a alimentación y ejercicio. Eso me permite estar bien delante del toro, porque llega una edad en la que no es lo mismo como cuando tienes 25 años.

En Istres, Francia, lidió seis toros en solitario (junio del 2017) y para una de sus faenas se vistió de esmoquin, algo que quedó en la memoria…

Aquello nunca se había hecho y posiblemente no se vuelva a hacer. Surgió por distintas connotaciones, pues yo lidiaba todos los toros, la música clásica que se interpretaba invitaba, y en el cartel yo aparecía vestido de esmoquin. Pensé en aquello cuatro días antes, que si la cosa iba bien, me cambiaba (de atuendo). Fue algo anecdótico que se dio porque toreaba solo, nunca lo habría hecho estando con otros toreros. Pero luego de cuatro faenas llevaba seis orejas, dos rabos y un indulto, así que me puse el esmoquin para el quinto toro.

En distintas partes del mundo se sienten los ataques antitaurinos, ¿cómo ve el futuro de la fiesta brava?

Soy optimista, aunque veo que hay ataques muy violentos, sobretodo en América, como las agresiones en Bogotá el año pasado: eso dice mucho de la clase de gente violenta que son los antitaurinos, aquello fue una absoluta falta de respeto contra los seres humanos. Si tanto quieren a los animales cómo son capaces de poner una bomba y apedrear a la gente, es un sinsentido, no están bien de la cabeza.

En cambio el mundo del toro está lleno de sensibilidad. El toro muere en la plaza porque debe morir allí para perpetuar su especie; eso es algo que los ‘antis’ no terminan de comprender por mucho que se los expliques. Luego hay otros antitaurinos por desconocimiento, porque no comprenden el mundo del toro, pero les explicas y pueden llegar a entender y al menos respetan nuestra tradición e historia, pues no nacimos ayer, es una tradición de siglos.

Y no faltan los políticos que aprovechan…

A los políticos que tienen la potestad de cerrar plazas o prohibir la fiesta les pido que tengan en cuenta que pueden hacer mucho daño, que tengan un poco de cordura. Creen que pueden ganar votos, pero pienso que es mucha más la gente que sin ser taurina respeta la tradición y la cultura. Si hay políticos antitaurinos, que respeten la cultura, y en lo material también, porque las afectaciones económicas son muy grandes.

A propósito, en Bogotá también lo esperan para su corrida del 28 de enero…

Voy con muchísima ilusión. La Santamaría es una plaza donde he triunfado y he recibido mucho cariño. La recuerdo en mis inicios, sobretodo por mi rivalidad con César Rincón. Fue una plaza dura, pero luego se me entregó porque logré cuajar grandes faenas. Es una afición que respeta y estoy deseando hacer el paseíllo para el reencuentro con la capital.

FELIPE MOTOA FRANCO
Enviado especial EL TIEMPO
Manizales
En Twitter: @felipemotoa

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