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‘La paz en Colombia no tiene marcha atrás’: José Mujica

El expresidente de Uruguay estuvo en Colombia y habló sobre la implementación de los acuerdos.

José Mujica, expresidente de Uruguay

José Mujica, expresidente de Uruguay, resaltó el papel de los campesinos en la lucha antidrogas.

Foto:

John Montaño / EL TIEMPO

07 de enero 2018 , 02:44 a.m.

“¿Que a qué me dedico ahora? –responde con sarcasmo, antes de ingerir un sorbo más de mate–; soy congresista. ¡Cuando no tengo nada que hacer, me voy para el Senado, pero cuando tengo que trabajar de verdad, voy a labrar la tierra!”.

José ‘Pepe’ Mujica, expresidente de Uruguay, estuvo esta semana en el país como uno de los representantes de la comunidad internacional acompañantes del proceso de implementación de los acuerdos de paz firmados entre el Gobierno y la antigua guerrilla de las Farc.

Para Mujica, la nueva revolución es la lucha social más allá de las armas y desde la opinión pública, pues considera que un acto revolucionario en la actualidad depende de evitar a toda costa una guerra.

El político, quien legalizó la marihuana en su país, es un progresista que manifiesta no temerles a los cambios. Asegura que su frase favorita para cualquier situación que se le presente es: “Esto es para adelante, nunca para atrás”.

Cree que ahora es el turno de Colombia para no dejar morir el acuerdo y hasta habló del expresidente Álvaro Uribe.

Mujica también expresó sus preocupaciones por el estado actual en el que se encuentra Venezuela, y sobre lo que Colombia debe hacer como país vecino frente a esta situación que cada vez se pone más en boca de la comunidad internacional.

¿Cómo ve el estado actual del proceso de paz en Colombia?

Esto no se puede volver atrás, hay que luchar por mejorarlo, por encauzarlo, y puede tener todos los defectos que se quiera, pero hay que trabajar en él. Una cosa son las medidas y otra, la cultura del pueblo colombiano. Este es un país donde, por ejemplo, los conflictos sindicales los han silenciado a tiros. Se requiere un cambio cultural. Finalizar los conflictos pacíficamente termina siendo un negocio fenomenal, pese a las dificultades.

¿Cuáles son los costos de la guerra?


El hombre es un animal de costumbres y la guerra intermitente se da en las montañas, en el campo, en un país de grandes dimensiones, y donde a un 60 por ciento del territorio el Estado llega muy mal o nunca llega. Mientras tanto, el grueso de la población que vive en las ciudades pierde la perspectiva del verdadero drama que se hace cotidiano y por ello nunca se mide el costo fenomenal que tiene el que miles y miles de hombres se muevan de un lado a otro, y que no son solventados por el presupuesto del Estado, sino con el esfuerzo del pueblo que paga impuestos. Todo ese gigantesco capital de tantos años se destruye y es algo inútil. La plata para la guerra sale del trabajo de la gente, pero no hay conciencia de lo que está pasando. Es como si la guerra fuera de otros. Pero la guerra es de toda la sociedad que está involucrada, y el costo recae sobre toda la gente.

Estoy hablando del deber que tiene una sociedad de quitarse de encima el fantasma de la guerra. ¿Para qué? Para que esos recursos queden para las necesidades reales

¿A quién perjudica más el conflicto?

Esa mecánica de adaptarse durante tanto tiempo a una guerra es una montaña de valor que se despilfarra y que no existe para invertir en tantas necesidades vitales que tiene la gente. Esto determina un Estado impotente para atender los problemas de equidad social, salud, todo lo básico. En esta distribución, los más perjudicados son los más débiles. Pero también están perjudicados los sectores más acomodados, aunque no lo parezca, porque ellos viven en una relativa inseguridad y ponen parte del esfuerzo que se está gastando. La guerra siempre es económicamente despilfarradora. Hay que gastar muchos medios, mucha energía, es inflacionaria. Estoy hablando del deber que tiene una sociedad de quitarse de encima el fantasma de la guerra. ¿Para qué? Para que esos recursos queden para las necesidades reales.

¿El silencio de los fusiles va a dejar al descubierto pequeños conflictos en las regiones?

Naturalmente, si tienen un problema, por ejemplo, con el agua, hay que administrarla con obras de infraestructura, porque hay que guardarla para épocas de sequía. Colombia tiene que invertir en el territorio.

Es increíble que Colombia no tenga un catastro de la propiedad rural. Mientras un país está en guerra nadie se ocupa de esas cosas. La guerra tiene prioridades y se lleva los recursos.

El país se ha polarizado por esta situación...

Las heridas de la guerra dejan una resaca que obnubila la inteligencia. Esta gente que se fue a la guerrilla lo hizo, en el acierto o en el error, con un sueño de carácter político, y la idea de cambiar la sociedad donde vive y mejorar: idealistas.

Los podrán criticar, que se equivocaron en el camino que escogieron, pero tengan en cuenta que tuvo que haber sido una pasión muy fuerte para poner de por medio lo más valioso que tiene una persona, que es su propia vida.

¿Cuál es el tratamiento que la justicia especial para la paz (JEP) debe darles a los guerrilleros?

Hay situaciones que no puedes cambiar con un decreto. Debes garantizarle a ese exguerrillero que tenga su esperanza, que realice su sueño. Déjelo luchar por lo que él piensa y que no ponga en peligro su seguridad ni la de los demás.

Sacar a un hombre armado de la selva para que haga lucha política es un negocio formidable. Tranquilizante para la sociedad, y en lugar de asustarse, lo deben aplaudir porque se está encausando algo que socialmente existe y le están dando ejemplo a las nuevas generaciones.

¿Cree usted que todas estas trabas en la implementación de los acuerdos van a terminar generando un caos mayor?

El rencor y las heridas de la guerra están influyendo en todo este proceso. Es como aquel que dice: ‘hicieron tales delitos, tienen que pagar’. No están mirando para adelante, están mirando para atrás.

Si se le dice al guerrillero que salga del monte y deje las armas, ¿qué esperan? ¿Que él mismo se meta a la cárcel y se pase el cerrojo? Así no son los hombres. Si le ofreces la cárcel, nunca lo vas a sacar del monte, y entonces lo vas a tener que ir a buscar y así van a pasar otros 50 años persiguiendo gente, y eso no es algo que Colombia necesite ahora.

Sin embargo, hay sectores que exigen duras penas de cárcel para los guerrilleros...


Es inteligente dar una salida. Napoleón Bonaparte en sus memorias enseña: “Cuando tengo una fortaleza sitiada, lo más frecuente es que les dejo una ruta de escape”. Acá es igual, hay que dejar una ruta de escape a la gente que sueña y que piensa, hay que buscar que esa ruta de escape no sea venenosa para la sociedad. Estos procesos no se arreglan con decretos, es con paciencia e inteligencia.

Tenemos mucha desigualdad social, pero eso no lo arreglamos con la guerra, lo empeoramos con la guerra

¿Cómo canalizar bien las energías tensas de la polarización que vive el país en torno a este tema?

Siempre que podamos debemos transformar un fenómeno social y encauzarlo: tú no puedes montar al viento y manejarlo, pero sí puedes encauzar esa energía para que mueva velas, mueva un molino y genere energía. Hay que encauzar esa energía que tienen los hombres para que ayuden a crecer la sociedad y no la destruyan. Pero tienes que abrir camino con la verdad.

¿Cuáles son las revoluciones de nuestro tiempo?

Son las organizaciones sociales, la lucha colectiva, la opinión pública en las ciudades, el trabajo desde abajo y evitar la guerra en todo lo posible. La guerra no es la vía. Churchill decía: “La democracia representativa es la mejor porquería que hemos inventado por ahora, no es que sea perfecta, está lejos de serlo, pero tenemos que mejorarla”.

¿Cuáles son las nuevas formas en que se manifestará la democracia?

El hombre hoy tiene más herramientas de participación que técnicamente lo superan. Gracias a la tecnología hoy es posible hacer una consulta a una sociedad en cuestión de horas, eso no existía. Hoy, un muchacho nada por la calle con una universidad en el celular. Hay que pensar que estos recursos están cambiando las sociedades. ¿Que vamos a sufrir cataclismos? Sí, nada es perfecto, y todos los procesos son así, medio traumáticos. Seguramente en 100 años la gente se reirá de nuestras democracias.

Si no es con decretos, ¿cómo se reafirma la paz?

Con educación, combatir la ignorancia, distribuir mejor la riqueza. Estamos en el continente más rico en recursos naturales, pero a la vez el más injusto. Hay 32 latinoamericanos que tienen lo mismo que 300 millones de latinoamericanos. Lo peor es que el patrimonio de ellos crece al 21 por ciento anual. Tenemos mucha desigualdad social, pero eso no lo arreglamos con la guerra, lo empeoramos con la guerra.

¿Qué solución ve a la crisis de la frontera entre Colombia y Venezuela?

Primero hay que recordar que en Venezuela vivieron millones de colombianos; ahora Venezuela tiene esta coyuntura negativa y ambas naciones deben negociar. Venezuela cayó en una desgracia como consecuencia de la caída del precio del petróleo. Siempre tuvo una dependencia del petróleo. Si mañana cambiara de gobierno, la crisis no se arreglaría matemáticamente, eso va a tomar su tiempo. No es sencillo.

¿En dónde radica el problema de Venezuela?

Durante décadas, los llanos estuvieron repletos de ganado, pero todos se fueron a vivir a costa de los recursos del petróleo y olvidaron alimentar otros sectores. Los venezolanos tienen un ron magnífico, pero fueron los más notables compradores de whisky de América Latina.

¿Ha sido injusta la comunidad internacional con Venezuela?

La comunidad internacional se preocupa demasiado por Venezuela y ponen un énfasis desmedido. Mientras hay lugares en la tierra, que Dios me libre, y ni se abre la boca. No estoy de acuerdo con las sanciones económicas a ningún país. No quiero decir con esto que en Venezuela las cosas estén bien, y ojalá los venezolanos logren hallar un consenso porque están muy polarizados.

¿Qué opina del expresidente Álvaro Uribe?

Es un hombre muy inteligente y está haciendo un perfil político que le está dando resultado.

Sobre la lucha contra las drogas

El exmandatario señaló que una de las razones por las que fracasó la lucha contra las drogas en el mundo es por causa de la vía represiva.

“No dio resultado porque se generó un monopolio a favor de los carteles, y todo monopolio genera una tasa de ganancia enorme”
, señaló.

A su vez, aseveró que se debe tratar como un problema médico, pues “hay que sacar al consumidor de la clandestinidad, atenderlo y eliminar el narcotráfico, y para ello hay que hacer legal las drogas. Pero hay que tener coraje para ello, porque mucha gente vive del aparato represivo. Uno no sabe qué es peor: si la droga o el tráfico de droga”.

Al final, dejó claro que a los campesinos que dependen de este cultivo ilícito se les debe acompañar y brindar mejores oportunidades.

“El que cultiva ilícito es porque con eso puede vivir. Entonces, hay que darle un camino para que pueda vivir dignamente.
Si no arreglamos eso, van a seguir los cultivos ilícitos. No hago defensa de las drogas, todas las drogas son unas plagas, y tan dañinas como el tabaco, pero en todo el mundo lo fumamos legal”.

JOHN MONTAÑO
Corresponsal de EL TIEMPO
Cartagena
En Twitter: @PilotodeCometas

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