Otras Ciudades

Diana, una madre que se 'llenó' de hijos por amor

Tuvo una cuarta hija para guardar las células madre por si las requiere otra hija, que tuvo cáncer.

Diana Guarnizo y su familia

Alana, sentada en la pierna de padre, y el resto de la numerosa familia.

Foto:

Alexis Múnera

13 de mayo 2018 , 05:00 a.m.

Con una jornada que se inicia a las 4:30 a.m., transcurren los días de Diana Marcela Guarnizo Lemus, una madre pereirana de cinco hijos, cuatro propios y una por adopción; a quien la vida la ha mantenido en una montaña rusa de emociones en su tarea como mamá.

“Para mí es agotador, ellos son maravillosos y yo no me arrepiento de tener todos estos hijos”, asegura Diana que salió del “clóset” de las mamás, pues ahora es reconocida porque entre sus retoños está Alana Toro Guarnizo, quien tuvo una participación destacada dentro del reality La Voz Kids.

Afortunadamente como ella lo dice, cuenta con su partner y coequipero en todo este rol de madre y es su esposo Francisco Javier Toro o Pacho como le dicen, con quien lleva 9 años de relación y 7 de casada.

La familia Toro Guarnizo es toda una fusión de la tuya, la mía y los nuestros, porque antes de encontrase en la vida Diana tenía a su hija María Sofía hoy de 14 años, Pacho a Valeria hoy de 22 y de esta unión están en su orden Alana próxima a cumplir 8, Emiliano de 5 y Santana de 3, quienes cohabitan en la que ellos llaman “Una Casa de SGigantes”, libro que escribieron contando toda esta aventura que es su vida.

El día para Diana comienza cuando aún está oscuro. Se arregla, levanta a Sofía, hace los desayunos; luego llama a Alana, mientras Pacho trata con cualquier método de despertar a Santana y Emiliano; acompaña a la primera a esperar la ruta del colegio y regresa, para con su esposo continuar con la logística para llegar a tiempo con los tres más pequeños a las 7:00 a.m. al colegio, que afortunadamente queda muy cerca a su casa.

Cuando ya la casa está únicamente con la pareja, cuenta esta madre que es el espacio para optimizar el tiempo, haciendo aseo, lavando pilas de ropa, preparando el almuerzo y pagando las cuentas; todo esto antes de las 12 que retornan todos al hogar.

“Tener cinco hijos no es para dejarlos a la deriva o al cuidado de otros, lo que tenemos es que aprovechar el tiempo en que no están, que sea totalmente productivo y cuando llegan de sus colegios es dedicado totalmente a ellos”, recalca.

Esta historia no es la de una madre que decidió dedicar todo su tiempo y espacio para sus hijos; la motivación que tuvo es quizá mucho más impactante que ese agotador día a día.

Cuando Diana une su vida a Pacho con sus dos hijas de relaciones anteriores, quedan embarazados de Alana y pues a pesar del natural susto que conlleva volver a ser padres, también se convirtió en esa esperanza de una familia cohesionada.

En ese momento la pareja tenía un bar en una de las zonas de rumba mejor ubicadas de Pereira y todo parecía ir en control, mucho trabajo pero eran prósperos económicamente y felices con la llegada de la niña.

Sin embargo Pacho quería tener un varón y como pareja decidieron apostar por eso e hicieron cuanta cosa les recomendaron, para que se diera y así fue como llegó Emiliano.

Ya las cosas en ese momento eran de más trabajo para los padres, pero hijos felices y creciendo como se debía, sin embargo empezaron a notar que Alana parecía cansada, dormía más de lo habitual, algo raro en una niña extrovertida y muy activa.

“Ella entró al colegio en enero y empezamos a verla diferente, durmiendo mucho, decaída, empezó con dolores en las piernas, fuimos a todos los médicos, homeópata, fisiatra, hasta el yerbatero porque estaba ojeada, hasta que un día amaneció con petequias (lesiones rojizas) en los ojos y la llevamos a urgencias”, recordó con la expresión de dolor en su rostro.

Aparte de la angustia, cuenta Diana, que le tocó lidiar con la indolencia de algunos de los del servicio médico. Sin embargo hubo alguien de esos ángeles que a veces aparecen en la vida que le ayudó para hacer más oportuna la atención y al revisar la jefe de pediatría los exámenes les dijo que estaban tan mal que aunque no podría asegurar inmediatamente, casi que estaba segura que la niña tenía leucemia.

“Yo me quedé con la niña, ella se durmió y yo me puse a llorar desconsolada, como nunca me he sentido y ese fue el día que todo cambió”, rememoró.

Alana fue remitida a una unidad oncológica de Manizales, pues Diana lo único que le pedía era “no me la dejen morir”.

Los tratamientos otra espada en corazón de Diana y su esposo, porque no fue fácil ver a su bebé de tres años pasar por tanto e incluso estar al borde de la muerte en varias crisis y hasta darle la fortaleza para irse si era lo que quería, pero ella no deseaba irse, siempre se lo manifestó.

“Las ‘quimio’ son horribles, el primer aspirado de médula ósea es una canallada, le tienen que romper el hueso para sacar el líquido, mi hija de 3 años lloraba y gritaba y durante todo el proceso le hicieron alrededor de 100 aspirados de médula”.

Fue esto lo que llevó a Diana a determinar también cambiar su estilo de vida, dejar su ateísmo aferrándose a Dios, cerrar su exitoso bar y buscar alternativas como la grabación de un CD porque Pacho es músico y escribir toda esta historia, para estar al lado de la familia y hacerle frente a lo que el tratamiento exigía.

“Teníamos tanta carga emocional, tanta ocupación que pensé que me iba a volver loca, además lo que más llevó a cambiar era que Alana tenía ‘quimio’ el 22 y yo la llevaba el 23 y me decían por qué no vino ayer y yo respondía que por el trabajo, entonces la enfermera me dijo, jamás me diga que usted trabaja, jamás me diga que usted tiene más hijos, y más obligaciones, si usted quiere que ella esté viva, jamás me dé una excusa. Y entonces me propuse a sacar a Alana, si me pedían una inyección de un millón y medio, y la EPS se demoraba, hacíamos lo que fuera, y contamos con milagros y angelitos, que también nos demostraron que Dios existe”.

Un nuevo embarazo fue otra determinación, pues con su esposo definieron hacer todo lo necesario para que su hija saliera adelante y si ello incluía recolección de células madre, por lo que llegó Santana a la familia y de quien hoy reposan sus células en caso de requerirse.

“Yo no quería que Alana fuera a morir sin que hubiéramos hecho todo lo que se podía hacer por ella, por eso decidimos tener otro hijo para hacer recolección de células madre y aunque todo el mundo decía cómo se les ocurre, eso costaba un dinero, empezamos a buscar, y se nos facilitó todo, trabajamos durísimo para poder pagar 18 años que es el tiempo de custodia”.

Y fue esta perseverancia, el apoyo total de Pacho, la familia y mucha gente que con la compra del CD y el libro, llevaron a que Alana le ganara la batalla al cáncer luego de tres años de lucha y el 27 de diciembre de 2016 contra todo pronóstico, la pequeña salió de un grupo de 75 niños que iniciaron esta lucha contra la enfermedad de los cuales 50 ya no están aquí y 25 siguen en el proceso.

Hoy la vida le sonríe a Alana, sana como lo ratifica su último control y con el éxito por su participación en La Voz Kids, pero a Diana esta madre luchadora y ejemplar, esa misma vida le está retribuyendo todo el trabajo y sacrificio hecho por sus hijos, manteniendo una familia unida y demostrando que con decisión y amor todo se puede alcanzar, hasta la sanación.

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