Otras Ciudades

Destino turísticos en Colombia: llegó la hora de gestionar

San Agustín pasa ahora a ser un sitio turístico, después de ser inaccesible por el conflicto. 

San Agustín

San Agustín se caracteriza por ser un sitio turístico y acogedor para todo tipo de personas, tanto nacionales y extranjeros, que se deleitan de sus paisajes, de su arqueología y su cultura.

Foto:

EL TIEMPO

13 de abril 2018 , 04:47 p.m.

Merece ser comentada la situación turística de San Agustín: de zona inaccesible hace unos pocos años debido al conflicto, ha pasado a ser un destino emergente en el país. Los actores locales están de acuerdo en que el turismo está “explotando” en la zona (algunos empresarios hablaban de un 20% de crecimiento respecto al año pasado), y la ocupación hotelera fue de lleno total, con visitantes que tuvieron que pernoctar en Pitalito, y otros en casas particulares. Algunos piensan que hay que construir más hoteles para aumentar la capacidad de alojamiento y prestar un mejor servicio a los turistas.

El Parque Arqueológico muestra las piezas en custodia de modo adecuado (se agradecería alguna información suplementaria suministrada vía wifi y códigos QR) y los servicios de guía se contratan fácilmente. En Viernes Santo, día de gran afluencia, no se sentía en el espacio del Parque la cantidad de visitantes. Ello se explica por las dimensiones del lugar, con diferentes puntos de atracción que dispersan a los visitantes, con lo cual la “capacidad de carga” del espacio no llega a su límite.

Por su parte, los campesinos locales ofrecen paseos a caballo hacia los sitios arqueológicos más inaccesibles mientras que es fácil y módico adquirir la excursión diaria en carro para visitar los saltos o los yacimientos más apartados. Los más osados pueden practicar el rafting en aguas del Magdalena o bien lanzarse a la caminata hasta el Páramo de las Papas, donde nace el río más grande del país.

San Agustín se halla, turísticamente hablando, en lo que los académicos llamamos la “fase inicial” de su ciclo turístico. De hecho, los habitantes están descubriendo las bondades del turismo y se están abriendo al mismo como nueva fuente de ingresos, lo cual es normal y debe de ser apoyado. Sin embargo, también se presentan temas que, aun en estado embrionario, pueden cuestionar el futuro de esta actividad allá: el parqueadero del Parque Arqueológico es a todas luces insuficiente y en consecuencia cuando se llena se parquean carros a la vera de la vía principal, lo cual es un peligro.

El turismo debe de ser gestionado para que beneficie a todo su entorno

En zonas como el camino a La Cuchilla, hay ya mucha tierra que ha sido comprada por foráneos, con cambios en el paisaje y diferentes construcciones. Algunas zonas del centro han cambiado sus tiendas para atender a los visitantes y no a los locales (en especial el tramo final de la Calle 5) y, sin poder hablar de trancones, sí se daba una intensidad de tráfico en Semana Santa mucho mayor que la habitual por las calles principales, algo molesta para los residentes.

En los destinos emergentes se dan una serie de impactos sociales, económicos, espaciales y ambientales que han sido claramente tipificados y estudiados por la academia. Y un turismo que crezca de forma “orgánica” o solamente con base a impulsos del mercado se convierte en una actividad depredadora del territorio y las relaciones socioeconómicas.

Esto puede ser difícil de entender en destinos que inician su ciclo turístico y necesitan expandirse. También es de mal entender en estos tiempos de neoliberalismo rampante, en donde se cree que todo debe ser regulado por el mercado. Sin embargo, está demostrado que aquellos destinos que se gestionan eficazmente a través de una buena cooperación público-privada son los que perduran y generan beneficios de diversa índole para toda la comunidad. Dejado a sus propias dinámicas, el turismo es más dañino que beneficioso.

nada mejor que los colombianos viajando por su propio país para que se empoderen del mismo y sientan que esta tierra les pertenece

El caso de Palomino, un corregimiento de Dibulla, Guajira, es paradigmático con un centenar de hoteles (muchos de ellos sin Registro Nacional de Turismo) que sobrecargan los servicios públicos de agua y electricidad, causan subidas de los precios de finca raíz (con lo cual dificultan la compra de vivienda a los residentes), y otros efectos negativos. El caso de expulsión de residentes por precios inmobiliarios altos se ve de modo muy claro en la ciudad amurallada de Cartagena, donde ya no quedan residentes y el espacio se ha convertido en un decorado sin los que deberían ser los actores principales: los cartageneros.

En los casos extremos, donde los residentes se sienten invadidos y casi maltratados, éstos se rebelan contra el turismo, como en los casos recientes de Barcelona, Venecia o Dubrovnik, lo cual se ha venido a designar con el siginificativo nombre de “turismofobia”. Es por esto que, desde la academia, se recuerda a autoridades, empresarios y residentes que el turismo debe de ser gestionado para que beneficie a todo su entorno. Y esta gestión debe darse ya en los inicios de la actividad turística.

Desde muchos lugares del país (Guainía, Santa Marta, Providencia...) me ha llegado eco de lo buena que ha sido esta Semana Santa tanto en lo que se refiere a la derrama económica para el territorio como al número creciente de llegadas de turistas. Este último aspecto me parece una excelente noticia: nada mejor que los colombianos viajando por su propio país para que se empoderen del mismo y sientan que esta tierra les pertenece. No hay palabras para subrayar la importancia de este proceso de empoderamiento del propio territorio a través del turismo, un beneficio especialmente importante para los colombianos a los que, durante muchos años, les fue imposible conocer amplias regiones de su patria. Aquí queda clara la relación directa entre el posconflicto y el despegue del turismo en el país, en especial en las zonas que fueron más castigadas.

Pero sólo alcanzaremos beneficios durables y evitaremos los males de un turismo desbocado si gestionamos todos estos nuevos destinos emergentes desde un enfoque social y sostenible, y si iniciamos su manejo desde el mismo momento en que comienza la actividad turística. Desde la Universidad Externado de Colombia hacemos este llamamiento a una gestión y planeación que propendan a la sostenibilidad y la equidad y nos ponemos a disposición de municipios y departamentos para ayudarles en la iniciación o consolidación de esta fantástica aventura llamada turismo.


NARCÍS BASSOLS
Docente e investigador
Facultad de Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras
Universidad Externado de Colombia, Bogotá

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