Otras Ciudades

Así es una noche en los albergues temporales

Todos comparten la misma tragedia que los llevó a convivir en este espacio, que es su nuevo hogar.

Así es una noche en los albergues temporales

El ITP cuenta con 89 carpas para damnificados.

Foto:

Santiago Saldarriaga / EL TIEMPO

04 de abril 2017 , 11:07 p.m.

En los últimos tres días, Ruth Osorio se ha despertado a las 3 de la mañana. Siente olor a tierra. Vuelven a su mente los recuerdos de la avalancha, teme por su vida y la de su hija, quien viene en camino.

Ruth hace parte de las 559 personas que se encuentran instaladas en el coliseo del Instituto Tecnológico del Putumayo (ITP). Allí han dormido los damnificados de la tragedia de Mocoa.

Hay 89 carpas en las que duermen hasta cinco personas. Han sido acomodados en diferentes salones y, ya sin espacio, otros han llegado a instalar cambuches con bolsas.


Junto con Misael Yela, su esposo, Ruth asegura que no han podido dormir bien debido a la cantidad de personas con quienes habitan el albergue. “Uno no se siente cómodo teniendo que dormir con otras personas, pero por ahora toca así. Siempre tengo miedo, nos dicen que puede haber otra avalancha”, cuenta.

Toca su vientre y piensa en Sara Jimena, la bebé que, le dijeron, llegará a finales de abril.

“Uno no tiene opción. Hay ocho baños y debemos compartirlos con los demás. No es lo mejor, pero así debe ser”, habla Misael, de 27 años y quien espera una pronta reubicación, pues no quiere que su pequeña nazca entre los damnificados.

La pareja convive con otras personas del barrio San Miguel, uno de los más afectados por la avalancha.

En las tardes se turnan para hacer el almuerzo. Muchos tienen ollas y cocinan una sopa que alcance para todos. No se sabe hasta cuándo estarán allí, por lo tanto, son solidarios entre quienes habitan el lugar.

El Ejército dispuso de más de 50 hombres y 10 médicos para velar por la seguridad de estas personas. Y hay dos tanques de 1.000 litros que cada día abastecen los bomberos de Popayán. A las 10 p. m. se apagan las luces. Todos tratan de dormir, pero el miedo vuelve a invadirlos.

Autoridades sostienen que ha habido algunas asperezas entre los habitantes del refugio a la hora de repartir los alimentos, pero por ahora la convivencia es algo que las personas tienen que aprender, ya que todos comparten el mismo miedo y la misma tragedia que los llevó a convivir en este espacio, que es su nuevo hogar, por ahora.
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