Otras Ciudades

‘Somos gente, no animales'

En 2014, EL TIEMPO denunció el robo de comida escolar en El Carmen de Bolívar. Hoy, todo es igual.

Denuncia Salud Hernández-Mora

A la izquierda, los almuerzos que les daban a los niños hace tres años en Hobo. A la derecha: las onces que reciben hoy.

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Salud Hernández-Mora

30 de agosto 2017 , 08:12 a.m.

Carmen de Bolívar. Han pasado tres años, y el cambio que observo en las instalaciones, ya de por sí deplorables, es desalentador. Los dos baños que nunca pudieron usar, puesto que en su día no hicieron los pozos sépticos ni las cañerías, pese a que costaron cien millones, los transformaron en dos estrechos y calurosos salones. Necesitaban paliar la falta de espacio de un colegio raquítico para 645 estudiantes.

También pintaron unas paredes para maquillar grietas y desperfectos con plata que recogieron los estudiantes y aportes del rector.

“Somos gente, no animales, solo quiero estudiar en un colegio agradable”, exige con ira Natalia, de 16 años. Le fastidia mi presencia y la equipara a la de tantos políticos y funcionarios que ha visto pasar por el Instituto Educativo El Hobo, municipio del Carmen de Bolívar, en plenos Montes de María, con la supuesta intención de transformar el centro académico. “Vienen siempre a echarle un chorro de embustes a la gente”, anota una mujer.

Otra señora agrega que llegaron al descaro de reunir en el 2015 a alumnos y padres de familia para presentar la maqueta del colegio de los sueños. Algunos creyeron en el milagro; los más fueron escépticos y acertaron. “Todo lo que llega a este pueblo se lo roban. Y nunca pasa nada. No sé para qué viene usted ni nadie”, agrega la muchacha, y asiente un grupito de compañeras y mamás de alumnas igual de indignadas.

Yo misma estuve en el colegio en junio del 2014 y en EL TIEMPO publiqué una crónica denunciando el robo de la comida escolar y el lamentable estado del instituto, con grietas en las paredes que se han agrandado. No sirvió de nada.

La alimentación, incluso, ha empeorado. En aquel entonces servían un desayuno escuálido y de almuerzo, una cucharada de carne, un pucho de arroz y tres o cuatro patacones que los niños devoraban. Hoy en día, los trocaron ambos por una sola merienda: bolsita de leche endulzada, un desabrido pan y, a veces, una fruta. En El Hobo, al menos, la leche la toman fría desde hace un mes, cuando consiguieron una nevera. En otros centros educativos que recorrí, también abandonados, la sirven al clima.

“De vez en cuando mandan fruta, pero llega dañada. Si son bananos, hay que partir algunos para que alcance. Y todos los operadores son idénticos. En solo un año tres fundaciones se han sucedido unas a otras en la prestación de este servicio. Y aunque dicen que es alimentación balanceada, todos los días mandan lo mismo. Lo único que les importa es que uno tenga al día toda la papelería”, indica una conocedora del sistema.

Todo lo que llega a este pueblo se lo roban. Y nunca pasa nada. No sé para qué viene usted ni nadie

Cada semana deben firmar la recepción de las raciones y cuando es la fecha señalada, también les pasan los certificados, tanto de fumigación de plagas en cocina y comedor como de capacitación de las señoras que manipulan los alimentos para que estampen su rúbrica. Lo de menos es que los hagan o que no exista un comedor.

Denuncia Salud Hernández-Mora

Blanca Sabagh (der.) presentó la denuncia gracias a la cual la Fiscalía ordenó una redada contra nueve presuntos corruptos.

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Salud Hernández-Mora

Con requisitos ‘en orden’

Este año, en teoría, fumigaron en siete localidades y, en realidad no lo hicieron en ninguna. Pero la fundación de turno puede presentar los certificados que acreditan que cumplieron. Cuentan con la complicidad de la pobreza de una región sin apenas fuentes de trabajo. Aunque los jornales son bajos, las manipuladoras los necesitan a toda costa. Por eso cierran la boca.

“Por papeles nunca los van a fregar”, señala una persona que trata con las sucesivas fundaciones. “Ellos mismos dicen que lo importante es tener al día todos los papeles porque así no te joden las ‘ías’ ”.

Y no es cierto que las ‘ías’ locales se interpongan en su camino, llevan años acumulando denuncias y siguen funcionando. Lo atestigua Blanca Sabagh, con dos décadas a sus espaldas intentando cazar corruptos en El Carmen de Bolívar. Y lo corroboran otros veedores de los Montes de María entrevistados.

“Aquí, los fiscales y los procuradores son los abogados de los bandidos”, afirma uno de ellos. “Les dicen: ‘arregle con el tipo que puso la denuncia para que no apele’ y eso muere aquí. Se volvieron extorsionistas y siempre tienen dueño político”.

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El rector y los alumnos dieron plata para pintar la puerta y maquillar los daños que se veían en el 2014.

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Salud Hernández-Mora

Y si alguien decide elevar su voz, se vuelve un paria. “Para quien denuncia y se mete con la alcaldía, no hay inversión”, afirma el rector de El Hobo, Osman Hernández.

Por eso resulta casi imposible que prosperen las investigaciones, y de ahí el ‘terremoto’ que sacudió El Carmen la semana pasada. Por primera vez en la historia de lo que fue una próspera población, la Fiscalía ordenó una redada contra nueve presuntos corruptos, incluido el alcalde anterior, Francisco Vega, y el director de Sayco y subcontratista, Poldino Posterano.

“Pretendían robarse la plata de tres acueductos, que tenían un presupuesto de más de 4.000 millones”, indica Sabagh, quien hizo toda la investigación y presentó la denuncia. “Los empezaron a hacer en terrenos privados y sin licencia ambiental. Y ya les giraron el 80 por ciento del presupuesto”.

Si esta vez consiguió su propósito, solo fue por el aluvión de llamadas que hizo a la Fiscalía General de la Nación, cuando se hizo con un número del fiscal general, Néstor Humberto Martínez.

Vienen unos y otros, prometen, y todo sigue igual

Insistió hasta que le prestaron atención. Estudiaron el caso y presionaron resultados.
“Hay que recuperar la credibilidad de unas instituciones en las que nadie cree en el pueblo”, comenta Blanca Sabagh. Aunque libraron las órdenes de captura, hay fundadas sospechas de que avisaron a los peces gordos que tuvieron tiempo de fugarse.

Denuncia Salud Hernández-Mora

Antiguo baño de la institución educativa El Hobo. Abajo, como fueron convertidos en aulas.

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Salud Hernández-Mora

Plata por traslados

Francisco Vega, el principal acusado, también tiene una denuncia de Blanca desde el 2014 por irregularidades en el contrato de alimentación de los niños. Pero el caso no avanza.

“Donde usted mire hay corrupción”, señala Blanca. “Y encuentra denuncias y nula actuación de las ‘ías’ locales. Si en Bogotá no actúan, en la región entierran los procesos”. Uno de los obstáculos para destapar robos al erario es que los corruptos compran a los denunciantes y los que no se venden, como Sabagh, sufren amenazas y atentados. El 13 de mayo del 2016, el parrillero de una moto la empujó con fuerza cuando caminaba cerca de su casa. La caída le rompió el tímpano, y debió permanecer diez días hospitalizada.

Para ella, sin embargo, pesa más la frustración por la falta de resultados que los riesgos que corre. Sobrevivió a los años duros de la violencia en los Montes de María, pese a ser objetivo militar de las Farc, como para dejarse amedrentar por corruptos. Dada su experiencia, la buscan veedores de San Juan Nepomuceno (que investiga un faltante de 143 millones en la comida escolar), de Guamo y de otros municipios de la zona para que los oriente.

Y es que cazar corruptos resulta una tarea inabordable. En el campo de la educación –secretaría que las sucesivas gobernaciones de Bolívar suelen entregar a aliados políticos para que la usen como fortín burocrático y fuente de ingresos–, los robos son infinitos y de distinto pelambre.

“Los mandos medios de la Secretaría tienen mucho poder. Cuando aparecen en la web 100 plazas para traslados de docentes, en realidad están vendiendo muchas más bajo cuerda. Si eres profesor, te piden cuatro millones para dejarte en un sitio que te convenga, y si es rector pueden pedir hasta 15 millones. Esto no lo acaba nadie”, alega una docente. “En el gobierno anterior, la educación se la entregaron a la 'Gata’ y en este, a William Montes. Pero, en nuestro sector, si te vuelves denunciante, te conviertes en paria. Es mejor callarse”.

Empujada por un profesor entusiasta, que aún cree en que un día alguien poderoso se acordará de la existencia de su Institución Educativa, me acerco a Arroyo Arena, un diminuto caserío de El Carmen que sufrió de lleno la violencia. Idéntico panorama: un par de salones viejos, un espacio bajo un árbol, al aire libre, para dar clases porque se quemaron el año pasado dos aulas, un solo sanitario que vive atascado e idénticas onces para una población infantil demasiado hambrienta y pobre. También me increpan. “¿A qué viene? ¿A hacer política?”, inquiere una profesora enfadada.

La solución de sus carencias se avizora aún más lejana. El responsable de turno tiene la excusa perfecta para no mover un dedo. La escuela se construyó hace cuarenta años en un predio privado que la alcaldía nunca compró y ahora la consideraron zona de alto riesgo por una quebrada que queda a cincuenta metros. Imposible meterle un peso, así sea para robarlo. Solo quedó de botín la alimentación.

“Vienen unos y otros, prometen, y todo sigue igual”, aduce una docente. “Hace tres años vino Colombia Responde, hicieron los estudios, y todo sigue igual”.

En otra escuela, esta vez en el casco urbano, la situación es calcada. “Les quitan el almuerzo y nos mandan unos libros incomprensibles para estos niños de hogares muy pobres. En Bogotá no entienden que un niño con hambre no estudia”.

Muchas de las quejas llegan a oídos de Blanca Sabagh, pero no le alcanza el tiempo. De ahí que le parezca absurdo que Juan Manuel Santos proponga ofrecer recompensas para combatir la corrupción. Lo que hay son denuncias que los entes de control engavetan.

Ella ya tiene planeado, para cuando avance el proceso de los acueductos y desempolven el de la alimentación, seguir con una nueva “epidemia”: “La de las asociaciones que les dan contratos a dedo en los Montes de María, para robarse fondos”, aduce. “Algo tendrá que cambiar un día, estoy convencida, no tiro la toalla”.

SALUD HERNÁNDEZ-MORA
Especial para EL TIEMPO

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