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Los cinco males de la Ciénaga Grande de Santa Marta

El complejo está en crisis por interrupción de los flujos de agua dulce y salada para construir.

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Las mortandades de peces tienen en alerta a los pescadores de la Ciénaga. Según Invemar, también murieron unas 1.300 hectáreas de bosque de manglar.

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Archivo / EL TIEMPO

10 de agosto 2016 , 01:41 a.m.

La Ciénaga Grande de Santa Marta se encuentra en estado agónico. En la laguna costera más grande y productiva del país, declarada humedal Ramsar en 1998 y reserva de la biosfera por la Unesco en el 2000, nuevamente se están muriendo los manglares y la semana pasada se registró una mortandad de 10 toneladas de peces en la ciénaga de Pajarales por falta de oxígeno debido a la dilución de la materia orgánica descompuesta por la prolongada sequía.

Este complejo lagunar, que tiene una extensión de 4.900 kilómetros cuadrados y dos áreas protegidas: la Vía Parque Isla de Salamanca y el Santuario de Fauna y Flora Ciénaga Grande de Santa Marta, entró en crisis debido a la interrupción de los flujos de agua dulce y salada como consecuencia de la construcción de las carreteras Ciénaga-Barranquilla y el carreteable Palermo-Sitionuevo-Salamina, marginal al río Magdalena, lo cual podría agravarse si los diseños de la doble calzada y la Vía de la Prosperidad repiten los errores de las vías anteriores.

A esto se suman la construcción de más de 27 kilómetros de diques ilegales y la desecación de humedales para cultivos y ganadería, el desvío de los ríos de la Sierra Nevada que alimentan de agua dulce la ciénaga por palmeros, arroceros y bananeros, la contaminación orgánica por las aguas residuales que vierten los municipios y el deterioro de la calidad del agua, la sobreexplotación pesquera y la ausencia de una gestión integral de esta ecorregión.

En un reciente foro, convocado por la Universidad del Magdalena, Fescol y el Foro Nacional Ambiental y realizado en Santa Marta, nuevamente se habló de los múltiples problemas socioambientales de la Ciénaga Grande y el clamor de los pescadores, que antes fueron desplazados por la violencia y hoy están a punto de serlo por el hambre, de que se realicen acciones inmediatas para recuperar este complejo lagunar.

De no hacerlo lo más pronto posible, la Ciénaga dejará de ofrecer servicios ecosistémicos como la depuración del agua del río Magdalena en su desembocadura, por lo que es considerada el riñón del país, y otros asociados al desarrollo económico de la región como la pesca de la que dependen cerca de 15.000 personas.

1. La interrupción de los flujos de agua

La construcción de la actual carretera Ciénaga-Barranquilla, que comenzó a finales de los años 50 y no tuvo en cuenta la comunicación entre la ciénaga y el mar Caribe, y del carreteable Palermo -Sitionuevo-Salamina, marginal al río Magdalena en los años 60, que interrumpió el flujo hídrico entre este río y el complejo lagunar, ocasionó la mortandad de 25.400 de las 52.000 hectáreas de bosque de manglar entre 1956 y 1999.

Por eso, la construcción de la doble calzada Ciénaga Barranquilla y la Vía de la Prosperidad, en el mismo trazado entre Palermo y Salamina, encendió las alarmas de los ambientalistas ante el riesgo de que se repitan los errores del pasado.

La doctora en Ecología y Medio Ambiente y docente de la Universidad del Magdalena, Sandra Vilardy, dice que si se construye como dique la Vía de la Prosperidad, cuya ejecución ha sido cuestionada en los últimos días por posibles sobrecostos y adiciones al contrato, va a interrumpir los procesos de flujo laminar de inundación del río Magdalena que alimenta este complejo de humedales. Además, asegura que la construcción de box coulvert como solución es insuficiente.

“Hemos solicitado tanto para esta vía como para la doble calzada que el trazado identifique la extensión y el tipo de humedales por los cuales pasa, que reconozcan que se está haciendo una vía sobre un complejo de humedales y sobre eso se diseñen las soluciones hidráulicas”, dice Vilardy.

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cinco males de la cienaga grande de santa marta

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Lo que han recomendado Vilardy y el director del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), Francisco Arias, es que se diseñen y construyan viaductos, puentes u otras obras hidráulicas que garanticen el intercambio hídrico del sistema en puntos críticos de ambas vías.

El desvío del cauce de ríos como Aracataca, Sevilla, Fundación y Río Sevilla para cultivos de palma, banano o arroz y para ganadería y la construcción de diques ilegales como los 27 kilómetros que se levantaron en la hacienda Los Patos en el municipio de Remolino también interrumpen la entrada de agua dulce a la Ciénaga Grande.

Otro factor es el deficiente mantenimiento de los caños Aguas Negras, Clarín y Renegado, que fueron rehabilitados en los años 90 a través del proyecto ProCiénaga y también han contribuido a la falta de conectividad hídrica.

2. Transformación del territorio

La desecación de humedales, la tala y quema de bosques de manglar y los incendios forestales que se han registrado en los últimos años en la Ciénaga Grande están relacionados con el interés de particulares de cambiar el uso del suelo para agricultura, ganadería y puertos como ha ocurrido en los municipios de Sitionuevo, Remolino, Zona Bananera, Aracataca, El Retén, Pueblo Viejo y Pivijay.

“Uno de los históricos es la transformación de muchos pantanos, humedales y playones para los cultivos de banano y de palma en la zona oriental, y recientemente estamos viendo esa transformación para los cultivos de arroz en la zona occidental asociada el río Magdalena”, dice Vilardy.

Igualmente, en la margen derecha del río Magdalena, en el municipio de Sitionuevo, según Vilardy, se están rellenando humedales para la instalación de zonas portuarias y logísticas, lo que hace que se vuelvan más vulnerables a las inundaciones.

3. Contaminación orgánica

La mayoría de los municipios que se encuentran en el área de influencia de la Ciénaga Grande vierten sus aguas residuales sin ningún tratamiento al complejo lagunar, que con el aumento de la población pierde la capacidad de dilución de la contaminación orgánica.

Lo anterior se agrava con la interrupción del ingreso de agua dulce a la ciénaga porque esta empieza a colmarse y a perder oxígeno, que es el principal mecanismo para descomponer la materia orgánica. “Esto se vuelve un problema adicional porque la descomposición empieza a hacerse por una vía sin oxígeno que hace que proliferen bacterias que pueden ser altamente patógenas y contaminantes del sistema”, explica Vilardy.

Actualmente, en algunos sectores de la ciénaga la disminución de los caudales de agua dulce, que se agudizó con el fenómeno del Niño, causó la disminución del oxígeno y el aumento de la salinidad (0,6 mg/l de oxígeno disuelto, cuando se requieren 4 para que haya vida, y una salinidad de 80 unidades, casi tres veces la del mar), lo que ha ocasionado la mortandad de manglar. Entre 2014 y 2016, según datos del Invemar, han muerto cerca de 1.300 hectáreas de bosque de manglar.

La Ciénaga Grande también es receptora de los agroquímicos que utilizan en los cultivos de palma de aceite y los contaminantes industriales y metales pesados como el mercurio que arrastra el río Magdalena.

“En estos momentos el sistema está colapsado porque es como un riñón que no está pudiendo depurar, entonces se está infectando. Tenemos unos procesos de infección ecosistémica muy graves, sobre todo en la zona sur del sistema, y esto afecta no solamente la biodiversidad, sino la salud pública de los habitantes de la ciénaga, sus ingresos económicos y seguridad alimentaria”, dice Vilardy.

4. Sobrepesca

La sobreexplotación pesquera es otro problema histórico que tiene la Ciénaga Grande debido a la ausencia de un ordenamiento de la pesca, que es la principal actividad económica de los habitantes de esta zona del Magdalena.

El deterioro que tuvo la ciénaga entre los años 80 y 90 y la afectación de los flujos de entrada de agua del mar Caribe, según Vilardy, disminuyeron tanto la cantidad como la composición de los peces que llegaban al complejo lagunar.

“La gente se adaptó a esa situación, pero, ¿la adaptación cuál fue? Que pescaran más tiempo, con artes más nocivas, y lo que se hizo fue reducir el recurso pesquero”, explica. Los informes del Invemar muestran que muchas de las especies de peces que eran tradicionales en la Ciénaga han desaparecido y que la sobreexplotación pesquera es grave porque las capturas se hacen por debajo de la talla mínima de madurez sexual, es decir, cuando son juveniles y no se han reproducido, lo cual se agrava en época de sequía.

En 2015 la captura de peces era de 5.148 toneladas al año, mientras que en 1994, antes de la rehabilitación de la Ciénaga Grande, cuando estaba en su peor crisis ambiental, era de 9.269 toneladas al año.

“La rehabilitación hidrológica del sistema pensábamos que iba a tener unas consecuencias importantes para el sistema, pero realmente en la pesca no ha sido así; por el contrario, hoy tenemos menos capturas que antes de la rehabilitación, porque la pesca depende más del intercambio con el mar y del bosque de manglar. Hoy solo está entrando agua de mar por la boca de La Barra, que cada vez está más sedimentada”, dice Vilardy.

5. Ausencia de gestión integral

A pesar de todo el esfuerzo institucional y científico que se hizo en los años 90 para la recuperación de la Ciénaga Grande, hoy la gestión de las entidades que deben velar por la preservación de este complejo lagunar, como la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag) y el Ministerio de Ambiente, se ha quedado corta.
Se evidencia en que ni siquiera hay un plan de manejo ambiental, que es la hoja de ruta para actuar de forma articulada. Vilardy asegura que ha faltado liderazgo para una articulación institucional que permita atender de una manera eficiente la diversidad de problemas que tiene la Ciénaga. Corpamag se ha centrado en el dragado y mantenimiento de los caños, que financia con el 80 por ciento de los recursos que recauda por la sobretasa ambiental que pagan en los peajes de Palermo y Tasajera, pero esa no es su única función, y el Invemar realiza el monitoreo ambiental.

“Tenemos unos recursos que, aunque insuficientes, podrían ser utilizados de una mejor manera. Lamentablemente, al día de hoy no tenemos una evaluación de la gestión de la Ciénaga después de la rehabilitación de los caños; sería muy interesante hacer esa evaluación para poder redirigir y articularnos nuevamente”, dice Vilardy.

PAOLA BENJUMEA BRITO
Corresponsal de EL TIEMPO

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