Otras Ciudades

María Dilia, la mujer que busca a sus tres hijas en medio del barro

Esta mujer vivía en el barrio San Miguel, el más afectado tras la avalancha en Mocoa.

Tragedia en Mocoa

María Dilia carga las fotos de sus tres hijas. Una de ellas esperaba un bebé.

Foto:

Santiago Saldarriaga / EL TIEMPO

02 de abril 2017 , 11:28 p.m.

Cuando María Dilia Tisoy salió de su casa el pasado viernes, jamás pensó que sería la última vez que vería a sus tres hijas -una de ellas en embarazo-. En la madrugada de este domingo, entre los organismos de socorro y los damnificados que caminaban entre las rocas y el lodo por la avalancha ocurrida en Mocoa, se escuchaban los lamentos de María Dilia, que llamaba a sus hijas.

En medio de su desesperado llanto y el barro que mancha su ropa, esta mujer camina de un lado para otro con las fotos de sus hijas -una de 4, una de 13 y otra de 22 años-.

María Dilia, desplazada de su natal Caicedo (Antioquia), víctima del conflicto armado, ha dedicado los últimos 23 años de los 37 que tiene de vida a trabajar por el bienestar sus hijas que aún estaban en el colegio.

Fue por eso que compraron una casa en zona de alto riesgo cerca a la vereda Santiago, en Mocoa, donde las crecientes del río asustaban con llevarse lo único que tenía.

Producto de las ganancias que le dejaba el cuidado de algunas fincas del sector, logró comprar una casa, que aún estaba pagando, en el barrio San Miguel con el fin de alejarse de las aguas que tanto la asustaban.

Esa noche del viernes 31 de marzo, Maria Dilia salió a cuidar una finca en la vereda Puerto Caicedo. Pero la avalancha producida por el desbordamiento de los tres ríos que atraviesan el municipio –el Mocoa, el Mulato y el Sangoyaco– y varias quebradas, como la Taruca, que golpeó a la capital del Putumayo borró del mapa al barrio San Miguel. 

“Estaba desesperada, el celular de mi hija mayor timbraba y tenía la esperanza que hubieran alcanzado a escapar. Poco a poco fui perdiendo todo, su celular se apagó y comenzó mi tortura”, cuenta Maria Dilia.

No voy a descansar hasta encontrar a mis hijitas, pues tenían grandes sueños

Parada sobre una montaña de lodo y rocas, María Dilia asegura que dos metros bajo la tierra que pisa se encuentra su vivienda. 

“No sé qué hacer, ya las he buscado río abajo pero nadie me da razón, no voy a descansar hasta encontrar a mis hijitas, pues tenían grandes sueños y eran lo único que me quedaba”, dice entre lágrimas.

Allí, encima de las rocas, aún permanecen algunos perros que buscan a su familia, alimentándose de las bolsas de carne que encontraron en las neveras que bajaron con la creciente.

María Dilia madrugó al cementerio para hacer la fila de más de tres cuadras y su llanto se confunde entre los cientos de personas que buscan a sus seres queridos empacados en una bolsa blanca.

Allí, de a cinco en cinco, las autoridades dejan entrar a las personas para que reconozcan los cuerpos, algunos desfigurados por el golpe de las rocas.

“Espero solo un milagro o encontrar las a ellas lo más pronto”, culmina.

MARIO BAOS
Enviado especial de EL TIEMPO
MOCOA

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