Otras Ciudades

Tochecito: el bosque con más palmas de cera del mundo está en Tolima

La paz con las Farc le permitió a la ciencia entrar a esta zona; famosa, pero poco protegida.

Palma de cera

La palma de cera fue declarada como árbol nacional tras la ley 61 aprobada por el Congreso y sancionada en septiembre de 1985.

Foto:

Jhon Jairo Bonilla / EL TIEMPO

19 de julio 2017 , 01:15 a.m.

Maravillado, el barón Alexander von Humboldt vio la elevación al cielo de los millares de altísimos tallos coronados casi en las nubes por rebeldes y frondosos penachos. “Un bosque por encima del bosque”, dijo.

De ese momento, 1801, a hoy, el paisaje ha variado por la deforestación, pero todavía sobreviven muchos de los densos palmares que admiraron al alemán, a la ruta libertadora comandada por Simón Bolívar y a miles de viajeros que tomaban el Camino del Quindío, que comunicaba Ibagué con Cartago, en la ruta de Santafé de Bogotá a Quito. Un paisaje similar al que se mantuvo erguido e invisible durante los últimos 50 años de la historia del país.

Hasta la salida de las Farc de la zona, muy pocos conocían la existencia de este ejército centenario de 600.000 palmas de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense) ubicado en el Tolima, en la cuenca del río Tochecito, vertiente oriental de la cordillera Central de Colombia.

En unas 4.500 hectáreas de bosque altoandino, en jurisdicción de los municipios de Ibagué y Cajamarca, entre 2.000 y 3.100 metros sobre el nivel del mar, la guerra mantuvo oculto este bosque de gigantes.

“Tochecito concentra 90 por ciento de las palmas de cera del Quindío que existen en Colombia, es decir, casi todas”, dice Hernando García, subdirector de Investigaciones del Instituto Alexander von Humboldt.

La entidad y Rodrigo Bernal, botánico especialista en palmas afiliado al Jardín Botánico del Quindío, presentaron una propuesta para que se inicie, lo más pronto posible, el proceso de declaratoria de un Santuario de Flora Nacional para la Palma de Cera, en la cuenca del Tochecito en el Tolima.

Un primer documento que soporta la propuesta de declaratoria ya está en manos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y de la Unidad de Parques Nacionales Naturales.

Hierve la biodiversidad

Bernal, coautor del Plan de Conservación, Manejo y Uso Sostenible de la palma de cera del Quindío, y García sostienen que es muy poco lo que se ha estudiado de Tochecito, dado su aislamiento obligado por la presencia guerrillera. Aunque no dudan en estimar en centenares las especies de plantas y animales asociados a este bosque.

Estas palmas son lo que los científicos llaman una “especie sombrilla”, es decir, especies cuya presencia permite que existan muchas otras. “Una sola palma, en su época de fructificación, produce entre siete y ocho racimos que contienen entre mil y dos mil frutos con pulpa comestible”, dice Bernal. Tucanes, loros, entre los que se encuentra el emblemático orejiamarillo, y mirlas, entre otras muchas, se benefician de las palmas.

Las aves son tal vez las únicas estudiadas de esta área donde se cuenta con un registro de 249 especies, nueve de ellas amenazadas. “La supervivencia del loro orejiamarillo está estrechamente ligada al mantenimiento de las palmas de cera”, dice el documento soporte de la propuesta de declaratoria del santuario.

Bernal explica que a las flores de las palmas las polinizan pequeños escarabajos exclusivos de ellas. “Hay decenas de insectos solo asociados a estas flores”, detalla.

Las palmas son hervideros de biodiversidad: líquenes y hongos se reproducen en ellas, las salamandras viven en sus hojas, numerosas plantas dependen de ellas para subsistir, mamíferos y diferentes roedores se alimentan de sus frutos caídos… Y los felinos, cabeza de cadena alimenticia en esa zona, subsisten gracias a dichas especies.

Hotspots se les denomina a los lugares donde abunda la biodiversidad, que congregan o protegen especies con alto valor genético o que albergan especies endémicas o de distribución reducida, amenazada o en riesgo. Y ya Tochecito se considera en esta categoría, de acuerdo con los expertos.

Supervivencia

No todas las palmas están juntas en esta área del Tolima. La mayor cantidad se ubica en unas 4.500 hectáreas divididas en fragmentos de bosque de hasta 80 hectáreas que corresponden a fincas de la zona. Allí se encuentran un poco más de 500.000.
Pero, efectivamente, supera con creces al reconocido valle del Cocora, en Salento, Quindío, que alberga unas 2.000 palmas de cera del Quindío, entre las que se encuentran las más altas del planeta (más de 50 metros).

La propuesta de declaratoria de santuario en Tochecito incluye un centro de investigación de la palma de cera donde la ciencia pueda estudiar cada detalle del árbol emblema del país.

Actualmente se adelanta un proceso de concertación y socialización con los propietarios de las fincas que formarán parte del área protegida.

A la ciencia le preocupa la supervivencia de esta especie, que se encuentra catalogada como vulnerable en la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN).

Entonces, urge la creación del santuario porque su permanencia a largo plazo no está asegurada. Estudios de Bernal y su colega María José Sanín, que hicieron un seguimiento de las palmas del valle del Cocora durante 25 años, combinado con el conocimiento de su dinámica poblacional, encontraron que la mayor parte de las palmas más viejas de Cocora habrá muerto para mediados del presente siglo sin dejar descendencia.

Una palma cuenta con tallo a partir de los 57 años. Antes es una roseta o un manojo de hojas largas. A partir de esa edad, se estira un metro por año. Cuando ya tiene 10 metros, es decir, a los 67 años, empieza a reproducirse. Claro que se puede reproducir hasta los 200 años. Pero requiere de unas condiciones especiales para hacerlo.
Luz, no radiación

Un brote germinado de palma no puede recibir la exposición plena al sol. Lo mata. Y si no es el sol, son las vacas, que se los comen. “Proteger una zona de palmas implica permitir que se regenere el bosque. Así, las pequeñas plántulas de palma reciben las condiciones ideales para crecimiento que les provee un bosque en desarrollo que permite el ingreso de mucha luz, pero no de radiación solar directa”, explica Bernal.
Para comenzar, se trata de dejar quieto el bosque. ¿Qué pasó en Tochecito? Que el bosque no se intervino en la proporción y frecuencia con las que se intervienen en Colombia. Por muchas décadas no hubo cambios drásticos en el uso de la tierra.

“El conflicto no se puede ver en términos de positivo o negativo. Pasando la página, la guerra nos dejó retos de gestión frente a la conservación de la biodiversidad que debemos enfrentar al igual que los pasivos que son muy grandes”, dice García.
El reto de Tochecito es asegurar la supervivencia de la especie que, de hecho, está ordenada por ley desde 1985, cuando se facultó al Gobierno Nacional para adquirir terrenos en la cordillera Central a fin de constituir uno o varios parques nacionales o santuarios donde se proteja este símbolo patrio y se mantenga su hábitat natural.

En Cocora muchas de las palmas son mayores. Y no se han logrado reproducir efectivamente porque, si bien forman frutos y las semillas germinan, las plántulas no se desarrollan, por lo cual los palmares no se regeneran.


En Tochecito hay de diferentes tamaños y edades y las condiciones son propicias para su reproducción. García y Bernal calculan que 20 años después de creado el santuario, es de esperar que toda la cuenca del río esté cubierta por bosque. Así, para mediados de siglo, ya podría haber tres millones de palmas en la cuenca, entre juveniles y adultas. Un sueño digno de Von Humboldt.

El Camino del Quindío

Por el centro de la zona donde se encuentra este bosque de palmas de cera pasa el Camino Nacional, antes llamado Camino del Quindío, una trocha usada por más de 300 años para comunicar el Nuevo Reino de Granada con el Virreinato del Perú.

El documento de propuesta del santuario presentado al Ministerio de Ambiente documenta el estado del camino, que según Rodrigo Bernal, botánico especialista en palmas afiliado al Jardín Botánico del Quindío, se reconoce en varias partes y podría ser la base para el desarrollo de un sendero de peregrinación como el de Santiago de Compostela, en España, y a través de cuyo recorrido se pueda recordar y valorar no solo momentos definitivos de la historia, como el paso de la ruta libertadora comandada por Simón Bolívar, sino la riqueza de biodiversidad y majestuosidad de los centenarios palmares. Ya el Icanh conoce la propuesta.

7 especies colombianas

La distribución de la palma de cera del Quindío –de acuerdo con el botánico y especialista en palmas Rodrigo Bernal– va desde el occidente de Venezuela hasta el sur de Colombia.

En Ecuador es reemplazada por una especie emparentada, y en el norte del Perú vuelve a aparecer la nuestra.

Existen 12 especies de palma de cera que se distribuyen a lo largo de la cordillera de los Andes hasta Bolivia. En Colombia hay siete especies de palma de cera, más que en cualquier otro país.

Se llama de cera porque produce una cera que le da un aspecto blanquecino al tallo.
En la Colonia se usaba para hacer velas, pero mezclada con sebo, porque sola se consume muy rápidamente.

Esto contribuyó a la tala de la especie al igual que la costumbre, ya erradicada, de usarla en la celebración religiosa del Domingo de Ramos para la cual se elaboraban ramos tejidos con las hojas de estas palmas, que se conservaban en las casas con la creencia de que, quemadas, espantan el peligro de las tormentas.

RUBY MARCELA PÉREZ J.
Especial para EL TIEMPO
* Periodista especializada en el medioambiente.

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA