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Barichara dice no a cultivo de marihuana medicinal

Comunidades afirman que el proyecto pone en riesgo los recursos hídricos y la seguridad de la zona.

Cultivos de cannabis

El cultivo de cannabis abarcaría una longitud inicial de 17, 5 hectáreas.

Foto:

Juan Pablo Rueda / Archivo EL TIEMPO

25 de febrero 2018 , 10:48 p.m.

Sin ‘licencia social’ –así aseguran algunos habitantes de las veredas de Santa Helena, Paramito y Salitre, en zona rural de Barichara– se encuentra el proyecto para el desarrollo de un cultivo de marihuana con fines medicinales y científicos que la empresa colombiana Cannavida S.A.S. –con inversión canadiense– pretende adelantar en esa zona.

El posible otorgamiento de una concesión por parte de la Corporación Autónoma de Santander (CAS) para la explotación de un pozo de aguas subterráneas que serán utilizadas para el riego de la plantación ha sido el punto de mayor objeción de la comunidad campesina, pues temen que con ello se pueda intensificar el desabastecimiento del líquido que históricamente padece ese territorio.

Cannavida, dueña desde el 2016 de 17,5 hectáreas de la vereda Santa Helena, en Barichara, lugar donde crecerán las plantaciones, fue una de las empresas pioneras en el país en recibir el permiso del Ministerio de Salud para el cultivo de la marihuana con fines medicinales y en obtener del Ministerio de Justicia la licencia de sembrado de estas plantas.

Mauricio Chinchilla, presidente de la asociación de usuarios del acueducto rural Aguas Cristalinas, de la vereda Santa Helena Bajo, indicó que las alarmas en la comunidad se encendieron el año pasado cuando se conoció que, gracias a una licencia de la CAS, se dio inicio a la perforación del suelo para determinar la existencia de aguas bajo tierra, esto en contraste con las negativas que por años le ha dado la entidad a ese tipo de concesiones solicitadas por los lugareños.

“Nosotros estuvimos en un proceso de siete años ante la CAS para que nos pudieran dar un permiso de captación de agua para consumo humano. Nos sentimos maltratados ante la presencia de una empresa que en un año y medio ya tenía permiso de exploración de un pozo profundo”, expresó Chinchilla. El líder señala que, además de temer por el riesgo al que se expone el recurso hídrico de la zona por la captación subterránea, la presencia del cultivo también tendría efectos negativos en el paisaje, el aire y la seguridad, pues aducen que este puede fomentar el turismo cannábico.

Para Hernán Villa-Roel, veedor ciudadano en esa población, el proyecto falló por no haber considerado las opiniones de la comunidad.

“Lo que está pasando es en repuesta a que el proyecto no tuvo en cuenta el impacto en todos los niveles, entre ellos el social”, dijo Villa-Roel.

Sigue la polémica

De acuerdo con Cannavida, el conflicto se mueve en medio de una campaña de desprestigio y de criminalización del proyecto, el cual se planeó en Barichara debido a las condiciones de altitud y de luminosidad solar de la zona, ideales para la siembra de cannabis a campo abierto. Yaron Marzel, fundador y director de la empresa, indicó que desde la llegada al municipio se ha hecho la respectiva socialización de la iniciativa, a pesar de que en los acercamientos con la comunidad “no ha sido posible establecer una discusión razonable”.

Marzel añade que el propósito del proyecto, en el que se invertirán alrededor de 12 millones de dólares en los primeros dos años, es el de producir cannabis medicinal de alta calidad al costo más bajo posible, tan económico como el acetaminofén o el ibuprofeno, pero mucho más seguro.

Frente a la preocupación de las comunidades, el directivo indicó que un estudio geofísico e hidrogeológico aplicado en las áreas directas e indirectas, que fue contratado con la firma santandereana Ingeo Exploraciones S.A.S., concluyó que “la explotación de aguas subterráneas no afectará el recurso hídrico superficial que es usado por la comunidad”. La semana pasada, Cannavida informó que en un mes se iniciará la construcción de un invernadero de 800 metros cuadrados en el que se sembrarán 3.000 plantas de marihuana. El cultivo se desarrollará para efectos de registro de las semillas ante el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). La empresa estima que a mediados del 2019 se empiece la comercialización de los productos derivados de la transformación de la marihuana.

CAROLINA RINCÓN RAMIREZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Bucaramanga
En Twitter: @CarolinaRinconn

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