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El misterio tras la presunta droga zombi en Risaralda

Autoridades no han recibido muestras que permitan confirmar si existió o no la mencionada sustancia.

Droga zombi en Risaralda

Los jóvenes que fueron atendidos les dijeron a los médicos que creían que habían consumido tres sustancias: LSD, tucibí y ‘popper’.

Foto:

AFP

19 de noviembre 2017 , 01:53 p.m.

Una fiesta privada de música electrónica que se realizó hace quince días en las afueras de Pereira terminó con unas impactantes imágenes que inundaron los medios y las redes sociales: jóvenes que se pegaban contra las paredes, se arrancaban el pelo, caminaban con dificultad o quedaban completamente paralizados.

Varios se apresuraron a asegurar que la causa de la intoxicación de las siete personas fue una llamada ‘droga zombi’, que al parecer ha sido detectada en Europa y Estados Unidos y que, según algunas versiones, hace que quienes la consumen se comporten como ‘muertos vivientes’.

Los jóvenes, entre ellos un menor de 17 años, fueron atendidos en el hospital San Joaquín del corregimiento de Altagracia, a 30 minutos de la capital de Risaralda, el más cercano a la finca donde se celebró la fiesta. Y según el gerente de la ESE Salud Pereira, Cristian Herrera, los afectados llegaron “en estado de inconsciencia y convulsionando”.

La investigación también ha tenido un halo de misterio, ya que a Medicina Legal no han llegado las muestras de laboratorio que permitan confirmar o descartar que hubo consumo de la llamada droga zombi.

“Informes de laboratorio no han llegado a la Fiscalía, de ningún tipo, por lo que no sabemos con precisión, al menos desde el punto de vista forense, cuál fue la sustancia que estas personas consumieron o ingirieron”, reveló a EL TIEMPO Jorge Mario Trejos, director seccional de Fiscalías. Sin embargo, el gerente del hospital San Joaquín aseveró que los médicos sí tomaron muestras y se las entregaron a la policía judicial.

El fiscal explicó que debido a no saberse qué sustancias causaron la intoxicación, la estrategia de la investigación varió y ahora le apuntan a identificar las personas que llevaron esas sustancias a la fiesta.

“Lo único que se sabe es que se trató de la ingesta de una mezcla de sustancias, pero no se sabe cuáles”, precisó Trejos.

Herrera coincidió con la teoría de Trejos de que los jóvenes consumieron una mezcla y recordó que algunos de ellos les contaron a los médicos que los atendieron que consumieron LSD, tucibí y ‘popper’.

“Eso está en la historia clínica de ellos, y uno narró que lo habían repartido en un Gatorade. Eso les dijeron a los médicos y a los acompañantes”, añadió Herrera.

Tras recalcar que el único autorizado para dar declaraciones a los periodistas es el director nacional de la entidad, el director de Medicina Legal en Risaralda, Juan Carlos Medina, solo afirmó que maneja la misma información que el director de Fiscalías, es decir, no han llegado las muestras desde la policía judicial. EL TIEMPO llamó en varias ocasiones al comandante de la Policía Metropolitana de Pereira, coronel Gustavo Moreno, para preguntarle por las muestras entregadas presuntamente a un agente de esta institución, pero no contestó su celular.

Fiestas duras

Mientras se determina qué fue lo que consumieron los jóvenes, las especulaciones del uso de estas mezclas en las fiestas siguen dando vueltas, especialmente desde que se divulgaron en las redes sociales fotografías y videos de los jóvenes afectados.

Para Giovanni Cano, experto en temas de infancia y adolescencia, la supuesta droga zombi no es una sola sino una mezcla de varias. La más conocida de esas sustancias, complementó el experto, es la denomina Flakka, que causa efectos psicóticos en quienes la consumen. Se rasgan la ropa, corren por todas partes y asumen comportamientos violentos. También genera alucinaciones y delirios.

Sin embargo, Cano dice que él no tiene conocimiento de que estas drogas se consuman en el país y asegura que aquí el problema es que los jóvenes tienen acceso fácil a “un mercado de drogas sintéticas y a sustancias que se pueden comprar legalmente como el ‘popper’ ”.

El director seccional de Fiscalías también aseguró que no existen pruebas de la llegada de esa droga a esta zona del país, y pidió “no satanizar a Pereira con una droga zombi que ni siquiera está probado que exista”.

Precisamente, Luz Adriana Ángel, secretaria de Salud de Pereira, afirmó que las características del caso apuntan a que no hubo consumo de la tal droga, “que es algo totalmente distinto”.

Después de conocerse el incidente, el coronel Moreno, quien también se suscribe a la teoría de que fue un mix de sustancias, agregó en su momento que incluso existe la versión de que en algunas fiestas se mezclan drogas sintéticas con medicina veterinaria, pero no se tienen pruebas de eso.

Para Cano, “el problema real en la ciudad es que los jóvenes se están iniciando en el consumo de alcohol y de otras sustancias cada vez a edades más tempranas”, por lo que sugiere que los padres deberían estar más pendientes de ellos.

“¿Qué está ocurriendo? (Los jóvenes) van a esas fiestas, consumen indiscriminadamente, no tienen conocimiento sobre los efectos de combinar una droga con otra, o de combinar una droga con alcohol, y terminan sucediendo este tipo de cosas”, subraya.

Y si a lo anterior se suma que los jóvenes están consumiendo sustancias adulteradas, se llega al peor de los escenarios. Cano recordó una estadística que produce escalofrío: aproximadamente el 20 por ciento de las drogas que están circulando en el departamento no corresponden a lo que la gente compra.

“Se están consumiendo drogas adulteradas o falseadas. Eso puede tener las mismas implicaciones que cuando se compra licor adulterado”, dijo.

Se están consumiendo drogas adulteradas o falseadas. Eso puede tener las mismas implicaciones que cuando se compra licor adulterado

‘No hay evidencia que demuestre que exista una droga así’

Aunque se han desatado todo tipo de especulaciones sobre los hechos de esta fiesta privada en Pereira, varios expertos han aclarado que no existe ninguna sustancia psicoactiva cuyo uso o abuso esté relacionado con un comportamiento zombi.

“La gente tiende a asociar los efectos del abuso de ciertas sustancias con el comportamiento de esos personajes ficticios que ven en las películas o en televisión. Es una cuestión de cultura popular. No hay evidencia científica que demuestre que una droga como esas existe. Las afirmaciones que han circulado en medios y en redes solo ponen de manifiesto el desconocimiento que existe alrededor del consumo de los psicoactivos”, asegura Julián Quintero, director ejecutivo de Acción Técnica Social (ATS), corporación que trabaja en el diseño de políticas públicas sobre el consumo de drogas.

Según Quintero, la comentada situación de los jóvenes en Pereira pudo ser resultado de la sobredosificación de sustancias de tipo anfetamínico (catinonas, metilonas, butilonas).

“El consumo excesivo de estas sustancias produce cuadros paranoides, convulsiones, aumento de la temperatura corporal, vómitos, salivación, agitación, hiperreflexia, contracciones musculares, arritmias cardiacas, midriasis, etc. El cuerpo queda sumamente desgastado”, argumenta el director ejecutivo de ATS.

Otra causa de la intoxicación de los jóvenes pudo ser la mezcla de sustancias de tipo anfetamínico con ketamina, una droga disociativa que se usa como anestésico y suele emplearse para adulterar sustancias psicoactivas como el 2C-B (tucibí).

“Las sustancias anfetamínicas son estimulantes, mientras que la ketamina es depresora: son incompatibles, y su mezcla puede ser terrible, más aún si se le suma el alcohol”, asegura Quintero.

Lo más seguro es que hubo un policonsumo. Además, las sustancias que los jóvenes dijeron haber consumido (2C-B y LSD) son algunas de las más adulteradas en el país

“Lo más seguro es que hubo un policonsumo. Además, las sustancias que los jóvenes dijeron haber consumido (2C-B y LSD) son algunas de las más adulteradas en el país”, añade el funcionario.

“El asunto es más complejo de lo que muchos piensan. Si asociamos el abuso de las sustancias psicoactivas con los comportamientos zombis, estaríamos instalando un tema delicado en el mundo de la ficción”, concluye Quintero.

FERNANDO UMAÑA MEJÍA
Corresponsal EL TIEMPO
Pereira
feruma@eltiempo.com

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