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Alfaix, el jugoso negocio de naranjas en Santa Marta

La perseverancia de un productor y comercializador de esta fruta hizo exitoso este modelo de negocio

Alfaix, su media naranja

El local, ubicado en la calle 9 con carrera 10 de Santa Marta, es frecuentado por samarios y turistas que se deleitan con desayunos típicos de la gastronomía costeña

Foto:

Paola Benjumea/ EL TIEMPO

27 de junio 2017 , 06:32 p.m.

Pasadas las 5 de la tarde, José Manuel Galera Díaz supervisa las naranjas que están metidas en canastas en el centro de acopio, responde llamadas en su teléfono celular, les da instrucciones a los trabajadores que recibirán el camión con carga que está por llegar y a los que entrarán al turno de la noche para clasificar las frutas por tamaños.

Galera, descendiente de padre español y madre cataquera, desde hace de 36 años trabaja como productor y comercializador de naranjas y hace dos creó ‘Alfaix, su media naranja’, un negocio donde no solo vende la fruta y jugos, sino también desayunos típicos de la gastronomía costeña, situado en la calle 9 con carrera 10 de Santa Marta.

La historia sobre cómo empezó en este negocio la cuenta sin afán. A los 23 años, después de sembrar café en el corregimiento de Minca, en la Sierra Nevada de Santa Marta, a donde llegó a los 16 recién casado con una nortesantandereana, decidió abandonar ese cultivo y dedicarse a uno que fuera permanente y en el que no viviera endeudado todo el tiempo.

Tras hacer un estudio con la Federación de Cafeteros, sembró 12.000 árboles de naranjas en 40 hectáreas de su finca. Trajo de California (Estados Unidos) mandarina Cleopatra como patrón porque era una variedad resistente a la enfermedad Tristeza, que afecta a los cítricos, pero el crecimiento era más lento de lo esperado.

A los cinco años todavía no había producción y las deudas con los bancos eran insostenibles. Sin embargo, no tiró la toalla. Mientras el cultivo crecía, traía naranjas del Eje Cafetero y las vendía en una colmena que compró en el mercado público de Santa Marta.

En esa época, a comienzos de los años 90, se mudó con su esposa y sus cinco hijos a Bogotá debido a la presión de los grupos armados ilegales en la Sierra Nevada y venía una vez al mes a la capital del Magdalena. “Me di cuenta que el negocio era tener frecuencia, sostenerle al consumidor el producto todos los días. Empecé a traer y me voy apoderando poco a poco del mercado. Yo siempre tenía naranjas”, cuenta.

Cuando el naranjal empezó a producir, fue pagando sus deudas y tecnificó el cultivo de las variedades sweet, valencia y tangelo. Pasó de la colmena a un local que arrendó en la calle 12 con carrera 8 en el mismo sector. Allí les vendía naranjas a pequeños comerciantes y hoteleros e incursionó en las ventas a domicilio.

En el local también vendía jugos y fritos. Primero en vaso y luego se le ocurrió envasarlos para darle identidad. Ya había bautizado su empresa Comercializadora Alfaix Ltda., en homenaje al cortijo en la provincia de Almería (España), donde nació su padre José Galera Simón, quien llegó a Santa Marta en 1925.

Alfaix, su media naranja

El centro de acopio funciona desde hace dos años en el barrio Pescaíto.

Foto:

Paola Benjumea/ EL TIEMPO

Hace dos años compró dos casas en el barrio Pescaíto para construir un centro de acopio debido a los problemas que tenía para descargar la mercancía por los trancones y la invasión del espacio público en el mercado. Vendía dos o tres camiones a la semana.

José Gabriel, el mayor de sus cinco hijos, es arquitecto y le pidió que le construyera una sala de ventas y una habitación para quedarse. Desde que abrió al público se llenó de clientes porque está en una zona estratégica donde hay colegios y ferreterías.

A los cuatro meses, los vecinos que llegaban temprano a comprar jugos, lo encontraban desayunando huevos con cayeye (guineo verde con queso) o yuca, que él mismo se preparaba, y le decían que los invitara. Así nació 'Alfaix Gourmet', el complemento de los jugos con desayunos típicos.

Como el local le quedó pequeño, compró las otras dos casas del lado para ampliarlo. El cayeye es el plato principal del menú, que acompañan con huevos al gusto, trozos de cerdo, carne goulash, chorizo y pollo apanado. También venden omelette, bollos de mazorca y limpio, arepas. Y, por supuesto, jugos de naranja en vaso o en botella.

“Nos ha ido muy bien, yo quedo sorprendido como aquí se entrelazan el estrato seis con el uno. Yo le aposté a la familia, con el tiempo vamos a tener una canastica para que la gente guarde los celulares y pueda hablar y por fin se vean la cara”, dice Galera.

Los viernes, sábados, domingos y festivos los comensales disfrutan de conciertos en vivo de música instrumental y todo tipo de géneros. Venden cerca de 800 platos y 2.000 litros de jugos. “Esto parece un corral sacando leche. Es impresionante”, dice Galera.

En Alfaix, las naranjas llegan desde la finca hasta la mesa de los clientes. En la entrada del centro de acopio están las canastas con las naranjas que están a la venta y despachan pedidos a Palomino (La Guajira), el Parque Tayrona y Ciénaga. También venden los jugos envasados --en año y medio ha traído 400 mil envases-- y tienen cinco motocicletas que hacen domicilios en las mañanas –-abren todos los días de 6:30 a 12:00 del mediodía-- que entregan en la ‘cajita sabrosa’.

Alfaix, su media naranja

El producto estrella del negocio es la naranja, que llega directo de la finca al local para el consumo general.

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Paola Benjumea/ EL TIEMPO

En estos meses, la finca de Minca está en baja producción porque la cosecha empieza en agosto y están comprando naranjas en el Quindío y el norte de Valle del Cauca, que son climas muy parecidos al de la Sierra Nevada.

Después todas las dificultades que ha atravesado, Galera considera que el éxito de su negocio se resume en constancia y disciplina. Aunque sigue viviendo en Bogotá, viaja todas las semanas a Santa Marta. “Este avión no lo puedo dejar en piloto automático mucho tiempo porque es muy dinámico”, asegura.

Ahora sus proyecciones son abrir la oficina de desarrollo de marca y comunicaciones, para lo cual se traerá a Daniel, su hijo menor, que es publicista y diseñador gráfico, y crear nuevos espacios en el centro de acopio. Está construyendo un mezanine para meter las canastillas y los envases y va a abrir una sala VIP para eventos, cumpleaños y reuniones institucionales.

Sin embargo, su mayor meta es registrar las marcas ‘Alfaix, su media naranja’ y ‘Alfaix Gourmet’, posicionarlas a nivel regional y vender la franquicia en otras ciudades de la costa Caribe.

“Estoy casi seguro que en menos de dos años, por ser conservador, verás esta marca en los centros comerciales. Alfaix va a ser una empresa samaria grande con el tiempo, está toda la plataforma montada”, dice.

PAOLA BENJUMEA BRITO
Redactora de EL TIEMPO
SANTA MARTA 

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