Medellín

Los abuelos que prestan su voz para leer cuentos

En ell Mes del Adulto Mayor, Medellín ofrece programas para que jóvenes y viejos lean juntos.

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En la Fiesta del Libro y la Cultura se hace cada año el encuentro de Abuelos Cuenta Cuentos.

Foto:

Archivo/EL TIEMPO

21 de agosto 2016 , 03:42 a.m.

- ¡Ay! ¡Ya viene la abuela, ya viene la abuela! Dicen las voces animadas de los niños de la escuela República de Panamá, en la Comuna 13, cuando a lo lejos ven que llega Rosa María Arroyave.

Esta abuela de 65 años es una de las pioneras del programa ‘Abuelos Cuenta Cuentos’, que desde hace 10 años lleva lecturas a hospitales, colegios, gerontológicos o cualquier lugar que reciba con atención lo que sus voces y sus libros llevan.

Rosa quiso hacer parte de los ‘Abuelos Cuenta Cuentos’ desde el primer momento en que su hija le dijo que iban a iniciar las reuniones en la Biblioteca La Floresta.

(Vea el especial: Los colombianos leen poco, prestado y regalado)

“Me gusta leer porque uno se mete en el cuento, uno también es el protagonista”, explica la abuela.

En estos 10 años de prestar su voz para animar relatos ha podido leer a muchos públicos, incluso a indígenas del Cauca que tuvo la oportunidad de conocer en las lecturas que hacía para estudiantes del Sena.

Rosa cuenta que el secreto para atrapar a los oyentes es buscar un texto ameno, acorde con la edad de quien escucha, pues la idea es que se sienta identificado o que encuentre una enseñanza aplicable en su vida cotidiana.

Este programa, que se inició en Alemania y luego en Argentina, llegó a Medellín gracias a que la fundación Mempo Giardinelli hizo una donación para comenzar a expandir el conocimiento por medio de la lectura y la narración oral.

A este esfuerzo se unió la Secretaría de Cultura de Medellín y el Sistema de Bibliotecas Públicas de la ciudad, para promover la lectura de la mano de los abuelos voluntarios que quieran transmitir el gusto por la lectura.

(También: Según la Unesco, Colombia se destaca en lectura y ciencias naturales)

Las mujeres en embarazo o aquellas que acabaron de tener su bebé son a quienes más disfruta leerles Rosa. Cuando va a la clínica les lleva el cuento El ángel de los niños.

“Les digo ‘tú vas a ser un ángel cuando tengas ese niño’. Las maternas son muy sensibles y se ponen a llorar cuando les leo la historia de ese niño que va a nacer pero no quiere salir del cielo”, comenta Rosa.

Ella aprendió a leer a los 5 años, de la mano de su padre que fue seminarista y maestro. Sin embargo, en su niñez no pudo terminar el colegio. Después se dedicó a criar a sus hijos y a las labores del hogar pero cuando vio que ya no era tan indispensable en casa, decidió ocuparse en aprender y enseñar a otros.

“Yo no pude estudiar bachillerato porque en la época mía, cuando uno salía se tenía que poner a trabajar. Lo que se podía estudiar eran oficios como sastrería”, recuerda.

El ímpetu por aprender y enseñar llevó a Rosa a volver a la escuela a los 42 años, para graduarse como bachiller. Su sueño siempre fue ser profesora pero como no pudo hacer estudios de pregrado se fue para la biblioteca.

“Yo no tenía con qué pagarme la universidad, entonces la forma de solucionar esa frustración fue venirme para la biblioteca a estudiar con los libros, porque siempre me llamó la atención la literatura”, cuenta.

El nieto de Rosa, que ya tiene 21 años, fue uno de los primeros espectadores que por medio de la voz entonada de su abuela conoció la lectura y se enamoró de ella.

Él llegaba a la cama de su abuela en busca de un relato para terminar el día contento e irse a dormir. Ella lo recibía con una sonrisa y abría un libro para empezar con “había una vez…”

Los libros también han llevado a Rosa a aventurarse a escribir y ahora disfruta de escribir sus propios relatos, cuando le queda tiempo después de hacer sus visitas de lectura.

(Además: El dulce y amoroso papel de los abuelos)

En su labor la abuela cuenta cuentos ha encontrado personas que se niegan a escuchar sus lecturas.

“¿Sabe cuál es la gente que no le gusta que le lea? -pregunta ella y añade- Los que no saben leer. En la clínica lo he comprobado. Yo les insisto y les digo que les puedo enseñar a leer pero me dicen que no les gusta”.

La Biblioteca La Floresta, donde se inició el programa en Medellín, ahora cuenta con 14 voluntarios.

Sin embargo, desde el 2008 otras bibliotecas públicas de la ciudad como la de Guayabal y la del corregimiento de San Cristóbal se han contagiado de la magia del relato de los viejos y han replicado este programa, que evoca ese encuentro milenario entre generaciones a través de la palabra.

Pero para ser un abuelo cuenta cuentos no solo se necesitan las ganas de leer a otros, sino también la disposición para capacitarse en escritura, lectura, literatura y búsqueda de libros. El Sistema de Bibliotecas también les enseña a entonar, hacer pausas y a proyectar su voz para que los demás se enganchen con una experiencia grata de lectura.

Diana Sofía Villa M.
MEDELLÍN

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