Medellín

Premiaron los mejores cuentos escritos por habitantes de calle

En el concurso participaron 50 personas en proceso de reintegración a la sociedad.

Premio cuento

La experiencia permitió el intercambio de historias de vida y la creación de vínculos entre los participantes.

Foto:

Jaiver Nieto / EL TIEMPO

23 de abril 2018 , 04:45 p.m.

Mientras Sandra Milena Correa integraba las filas de las autodefensas, en su equipaje de 40 libras cargaba siempre un cuaderno y un lápiz. "Cuando nos tocaba quedarnos de guardia en el monte, yo me quedaba a escribir", dijo. Lo mismo hacía desde los 13 años, recorriendo las calles de Medellín sumida en el consumo de drogas.

Estuvo en la calle, en Bolívar participó en la guerra engañada por una falsa promesa de trabajo, fue reclusa de la cárcel El buen pastor, volvió a la calle y ahora intenta superar su pasado. Con cientos de historias sobre el cuerpo, la prosa de esta cartagenera recibió un premio.

La alcaldía de Medellín, a través de la secretaría de Inclusión Social y Familia, quiso premiar en 'Cuál es tu cuento' a personas que habitaron la calle y que hoy participan en programas de reintegración para recuperar las vidas que malgastaron por sus adicciones.En total, fueron 50 los cuentos recibidos, 15 en la categoría femenina y 35 en la masculina.

Cuando nos tocaba quedarnos de guardia en el monte yo me quedaba a escribir

Sandra Milena ganó el premio mayor; un libro y una muda de ropa, además del reconocimiento de sus pares. Y cuando la premiaron, luego de leer su escrito y el de sus compañeros, todos aplaudieron con una emoción que no cabía en el auditorio del Parque Biblioteca La Ladera, en el barrio Boston.

Su cuento ‘Las alas de una condenada’ es un recorrido por su historia, marcada, sobre todo, por los hijos que tuvo y dejó de ver hace más de 15 años. “Todo lo perdí por la calle, por las drogas y a ellos es que les vuelvo a escribir”, dijo con los ojos húmedos bajo una sombra morada y brillante.

Arrugando la hoja de papel entre las manos, Sandra Milena sostuvo durante toda la premiación su cuento, como quien se aferra a algún orgullo. 

"Llegó a la cárcel siendo niña y en la guerra de todo aprendió. Aprendió lo que es la vida y a ganarse el pan con sangre y sudor. Creía ella que enloquecería, no sabiendo que aún faltaba lo peor", dice su relato.

El mismo amor por su hija de tres años motivó a Laura Jimena Páez a no volver a la calle. Tiene apenas 22 años y 10 los pasó entre la casa de su mamá y la sombra de los puentes. Allí conoció a su esposo.

“Esta última vez que estuve en la calle me di cuenta que no es lo que quiero. Mi esposo también está haciendo el proceso. La idea es luchar, ya me cansé”, explicó detrás de una sonrisa luminosa.

Jesús Antonio Zea

Después de pasar la mayor parte de su vida en la calle, Jesús Antonio decidió escribir un cuento y ganó en la categoría masculina por su estructura y originalidad.

Para Laura el problema no es el consumo de drogas, el problema son las emociones que lo provocan. Por eso, escribir ha sido un escape, algo que le ha permitido explicarse muchas cosas. 

En su cuento, 'Prisionera del amor', la joven habla de la calle como 'La bruja malvada', pues es una fuerza que la llama y a la que es muy difícil decirle que no. "Hay que quitarle el poder a la bruja y darle el poder al amor y a los sueños", indicó.

Esta es la segunda versión del premio, que en 2016 resaltó los escritos de otros habitantes de calle en el Parque Biblioteca de Belén.

Según John Edison Montoya, profesional del área de deportes, recreación y cultura del sistema de atención al habitante de calle de la secretaría de Inclusión Social, la coherencia, originalidad y la capacidad de poner en palabras la transformación de sus historias, fueron los criterios tomados en cuenta para seleccionar los mejores cuentos.

"Esta población recibe cualquier propuesta con mucho ánimo, con expectativa y dispuestos a participar. Son seres que necesitan oportunidades y motivación para hacer las cosas", agregó Montoya, al que todos le dicen 'profe'.

En los programas con los que se busca rescatar a las personas de las calles y tratar sus adicciones, la lectura es esencial, pues es vista, según Montoya, como una herramienta terapéutica, capaz de canalizar emociones, ayudar a vivir duelos y entretener a quienes viven inmersos en la ansiedad propia de estos procesos. 


Valentina Vogt
Para EL TIEMPO
valalb@eltiempo.com
@ValentinaVogt

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