Medellín

Matar a Jesús de Laura Mora: redención o condena

La película suma una docena de reconocimientos.

Matar a Jesús

El reparto de actores está compuesto por actores naturales, todos ellos paisas.

Foto:

Cortesía producción

08 de marzo 2018 , 12:28 p.m.

“Después de que mataron a mi papá yo no había podido escribir nada. Tuve un sueño en el que estaba en un mirador con un 'man'. Le pregunté cuántos años tenía y me dijo: 23. En ese momento yo tenía la misma edad. Y yo le decía cómo se llama usted y él me decía me llamo Jesús y yo maté a su papá”. Así cuenta Laura Mora el punto cero de la historia que llevó a la pantalla y que le tomó más de cinco años.

Matar a Jesús acaba de ganar en el Festival de Cine de Cartagena, Ficci, el premio del público. Suma ya una docena de reconocimientos obtenidos en festivales como La Habana, Huelva y San Sebastián.

La película es la historia de Paula (Natasha Jaramillo), una joven universitaria que presencia el asesinato de su padre a manos de un joven sicario (Giovanny Rodríguez). A partir de entonces su único objetivo será encontrar respuestas y acercarse al asesino.

La cinta está narrada en tiempo cronológico y con actores naturales. Todos paisas. Excelentes los jóvenes protagonistas al encarnar dos mundos opuestos que por primera vez se encuentran.

Matar a Jesús

Las calles de Medellín se convierten casi en otro personaje de la cinta.

Foto:

Cortesía producción

Matar a Jesús es una película intensa, impactante, conmovedora y muy bien narrada que se sitúa en las calles de Medellín, en barrios como Villatina, La Sierra y en La Universidad de Antioquia.

Es una cinta que involucra al espectador y que no lo suelta hasta el final. Describe con gran precisión la cotidianidad de los barrios marginales, la dinámica de los jóvenes y las familias.

Para Laura Mora, la ciudad de Medellín, es la tercera protagonista de la historia. Y es que cada espacio está vivo y respira autenticidad. La película es maravillosa al transmitir la sensación de cercanía y, a la vez, de extrañamiento. Pues a partir de la muerte del padre, la protagonista entra en una especie de trance, de realidad paralela. Para la muestra, el viaje en moto en cámara lenta.

La cinta es, al mismo tiempo, contemplativa, sin que se afecte el ritmo y el interés en la trama. Describe con acierto un estado de conmoción interior, un duelo tan profundo y solitario que solo el cine permite expresar. Inolvidables las hermosas imágenes de la inmersión en los charcos y la sensación de bajar al abismo, a cada paso.

Matar a Jesús es una obra hecha desde la entraña, con amor y dolor, a partes iguales y, sobre todo, con libertad absoluta. La misma que tiene la cámara y que envuelve y sigue a los personajes.

Pero, sin duda, lo más poderoso de la película es su postura ética, pues la protagonista deberá decidir si la venganza es la respuesta a su dolor y si permite que la violencia y el odio consuman su vida.

Matar a Jesús es una obra valiente y sincera que hace preguntas importantes sobre la naturaleza de la violencia, sobre la historia de nuestra ciudad y del país y que mira desde adentro la marginalidad.

MARTHA LIGIA PARRA
CRÍTICA Y COLUMNISTA DE CINE​

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